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SI
Por Javier Egea
portavoz de Ecologistas en acción
IDEAL- 13 enero 2002
QUIENES dicen que las radiaciones que emiten las antenas de telefonía
móvil no son perjudiciales para la salud, que se lo cuenten a esos
miles de personas que han visto cambiar sus vidas, por diversas dolencias,
a partir de la instalación de uno de estos aparatos cerca de su
vivienda. Se piden evidencias científicas, y lo único que
escuchamos es la versión que ofrecen las grandes multinacionales
del sector, y se silencian los cientos de estudios que confirman efectos
biológicos importantes en los seres vivos sometidos a radiaciones
electromagnéticas. Una vez más, como no puede ser menos en
una sociedad consumista, se antepone el beneficio económico de los
de siempre, a la salud pública. El hecho de colocar antenas en las
azoteas pagando mucho dinero a los inquilinos del inmueble, el que se firmaran
los contratos deprisa y sin dar mucha información a toda la comunidad
y el que estos contratos sean leoninos en sus condiciones a favor de las
empresas, nos confirma que no deben ser tan buenas como nos las quieren
vender. Recomendamos a todos los vecinos que lean detenidamente el contrato
para ver dónde se han metido y estudien el seguro de responsabilidad
civil de la empresa, si es que lo hay. El que muchos expertos hagan mediciones
y afirmen que están por debajo de lo que marca la ley lo vemos normal,
ya que el problema está en la propia ley, que recoge las necesidades
de las grandes empresas y se olvida de las recomendaciones que expertos
de todo el mundo hicieron en Salzburgo, en junio de 2000, respecto a las
densidades de potencia que podrían considerarse el límite
para la salud humana. Bastante inferior a lo que marca la legislación.Hoy
día hay tecnología como para disminuir la potencia de las
antenas y para colocarlas fuera de poblaciones sin que se vea afectado
gravemente el servicio. Sólo se trata de una cuestión económica.
No podemos asegurar rotundamente que los cánceres que aparecen sean
consecuencia directa de las radiaciones de las antenas, pero nadie puede
negarlo tampoco. Como los efectos de estas radiaciones aparecerán
a medio y largo plazo, no nos parece decente seguir como estamos para,
dentro de quince años, lamentarnos por lo que deberíamos
de haber hecho. Se impone el principio de precaución que exige,
sobre todo en lo que respecta a la salud, que se evite toda situación
que pueda suponer un riesgo, aunque las evidencias científicas no
sean concluyentes.
NO
Por Diego Pablo Ruiz Padillo
Profesor Titular de Física Aplicada de la Universidad de Granada
IDEAL- 13 enero 2002
LAS antenas de telefonía móvil y los propios teléfonos
móviles operan en Europa en frecuencias próximas a los 900
MHz y 1800 MHz, frecuencias incluidas en la banda denominada de radiofrecuencias.
Algunos aparatos de uso corriente también emiten energía
en bandas de frecuencia próximas a las de los móviles, como
el horno microondas, y también las estaciones de TV, radio etc.
En estas bandas de frecuencia la radiación electromagnética
se denomina no ionizante porque no posee la energía suficiente para
extraer electrones de los átomos de la materia. En cambio las radiaciones
ionizantes como los rayos X, si que pueden extraer electrones y pueden
causar importantes daños en los tejidos vivos. A las frecuencias
utilizadas por los teléfonos móviles esta posibilidad es
descartable en absoluto, y el efecto biológico más visible
de la radiación es el calentamiento de los tejidos. Cierto es que
esta radiación puede provocar perturbaciones biológicas a
través de otros mecanismos como ondas sonoras, fuerzas ejercidas
sobre membranas celulares etc, pero sólo se producen de un modo
perceptible a niveles de exposición muy elevados, mucho más
que los establecidos por las normas autorizadas en Europa y España.
Actualmente la única amenaza identificada se reduce a un calentamiento
excesivo de los tejidos, y la posibilidad de encontrar este problema en
el caso del teléfono móvil es casi nula. Desde hace varios
años se llevan a cabo una cantidad fenomenal de investigaciones
sobre la existencia o no de otros efectos biológicos de las radiofrecuencias,
aunque sólo una pequeña parte versa sobre los sistemas de
impulso modulado con el que trabajan los móviles digitales. Los
resultados de los estudios que han superado la necesaria crítica
científica no muestran una evidencia de que exista relación
entre exposición a radiofrecuencias y cáncer, aunque tampoco
pueden descartarlo. Cuando hay una relación fuerte entre un agente
y un efecto es fácil de demostrar, como por ejemplo la relación
entre cáncer y el tabaco o entre radioactividad y cáncer.
Pero es muy difícil demostrar la existencia de alguna relación
débil entre cáncer y exposición a un contaminante
medioambiental, como podría ser el caso que nos ocupa de la exposición
a las radiofrecuencias, entre otras cosas porque la aparición de
una enfermedad no depende de una sola y única causa.
Paginas relacionadas en Internet:
Información técnica, preguntas y respuestas en
http://www.mcw.edu/gcrc/cop/telefonos-moviles-salud/toc.html
Campos electromagneticos y salud humana, del Medical College of Wisconsin
John E. Moulder, Ph.D. Versión española: Traducida al
español por Carlos Llanos (Red Eléctrica
de España).
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