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Crisis global, calentamiento y cambio climático
Kioto y el efecto humano sobre el planeta - La concentración atmosférica de CO2 ha crecido un 30% en los últimos cien años

El problema del cambio climático según M.Toharia

Los desastres por el calentamiento climático causado por el hombre son irreversibles

El grupo de expertos de la ONU prevé que la temperatura suba entre 1,8 y 4 grados, y vaticina olas de calor, deshielo y lluvias torrenciales El informe publicado en París dibuja un planeta en peligro
Fernando Iturribarria / París - IDEAL

2 de febrero 2007
Alerta verde. El cambio climático es inequívoco e irreversible. Sus efectos van a perdurar, al menos, un milenio. Y la culpa, casi con toda probabilidad, es del hombre. La temperatura de la Tierra subirá este siglo entre 1,8 y 4 grados centígrados, aunque puede llegar a 6,4 en la hipótesis más pesimista. El nivel de los océanos podría elevarse de 0,18 a 0,59 metros. Las olas de calor y las lluvias torrenciales serán más frecuentes. Habrá menos nevadas y disminuirá el volumen de los casquetes polares.
Son las alarmistas conclusiones del Grupo Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés). El cuarto informe, publicado en París, de este panel científico auspiciado por las Naciones Unidas pretende ser un aldabonazo a la (mala) conciencia de la humanidad. El mensaje intrínseco del documento viene a ser que el planeta está en peligro y su suerte se nos escapa de las manos. Pues aseveran que la responsabilidad es humana. Al 90%.

«El debate sobre el vínculo entre las acciones humanas y el cambio climático está completamente superado. El debate en adelante no debe tratar más que de las medidas que hay que tomar», declaró Rajendra Pachauri, presidente del IPCC, en la presentación del informe en la sede de la Unesco. El texto, consensuado por medio millar de especialistas de 113 países, considera «muy probable» que el aumento de la temperatura media observado desde mediados del siglo XX se deba al incremento de concentraciones de gases con efecto invernadero por el uso de combustibles fósiles por parte del hombre.
'Muy probable' ('very likely') significa en la jerga de los climatólogos que su certeza en la responsabilidad humana supera el 90%. No llega a 'virtually certain', que pondría el grado de convencimiento en el 99%. Pero supera el 'probable' (66% de posibilidades) empleado en su anterior informe, publicado en 2001. Y además añade el concepto 'anthropogenic', tan combatido por la Administración Bush, para admitir que las denostadas emisiones han sido engendradas por el ser humano.

«El calentamiento extendido que se observa en la atmósfera y los océanos, aliado al deshielo de los glaciares, apoya la conclusión de que es extremadamente poco probable que el cambio climático mundial de los 50 últimos años pueda ser explicado sin una intervención exterior, y muy probable que no sea debido a las solas causas naturales conocidas», plantea el IPCC en un resumen de 20 páginas dirigidos a los responsables políticos.
Además, los autores estiman que el calentamiento climático causado por la actividad humana y la subida del nivel de los mares «van a continuar durante siglos», pues el proceso ya esta desencadenado, «incluso si las concentraciones de gas con efecto invernadero llegaran a ser estabilizadas». A su juicio, las emisiones «pasadas y futuras de dióxido de carbono (CO2) seguirán contribuyendo al calentamiento y a la elevación del nivel del mar durante más de un milenio».
«Incluso si detuviéramos todas nuestras emisiones hemos emprendido un recalentamiento de cerca de un grado de manera inevitable», advierte el climatólogo francés Jean Clouzel, partidario de alcanzar el objetivo fijado por la Unión Europea de limitar el calentamiento a dos grados, aunque lo juzga «muy ambicioso». «Es imperioso controlar el efecto invernadero y eso nos conduce a la necesidad de dividir nuestras emisiones de gas carbónico por dos de aquí a la segunda mitad del siglo XXI, o por cuatro, como preconiza Francia», comenta este co autor del estudio.

Tifones y huracanes
El calentamiento tiende a reducir la capacidad de absorción del dióxido de carbono por las tierras y los mares, con lo que se incrementa la parte de las emisiones humanas que permanecen estacionadas en la atmósfera. Una subida media de 1,9 a 4,6 grados en la temperatura oceánica respecto a los valores de la era pre-industrial conllevaría la desaparición completa del hielo en Groenlandia, con una consiguiente elevación del nivel del mar de unos siete metros, advierte el IPCC.
Las simulaciones producen una disminución de los hielos marinos tanto en el Ártico como en el Antártico en todas las hipótesis climáticas. En algunos modelos, el hielo desaparece casi por completo en el Ártico a finales de verano en la segunda mitad de siglo. Se considera verosímil que los futuros ciclones tropicales, así como tifones y huracanes, se vuelvan más intensos, con vientos máximos y precipitaciones más fuertes. Además, es muy probable que los períodos caniculares, las olas de calor y las trombas de aguas sean más frecuentes.
El informe destaca que once de los doce últimos años han sido los más calurosos desde que existen registros sistematizados (1850). Es uno de los efectos ya tangibles y observables del cambio climático.


El cambio climático podría ser «drástico» y «violento»
El aumento de CO2 amenaza con provocar una situación similar que se vivió hace más de 200 millones de años

El clima en 2007
Predicción: El servicio meteorológico británico ha manifestado que este año será el más caluroso desde 1659 y que batirá los registros obtenidos en 1998. Se cree que la temperatura de la Tierra superará en 0,54 grados la media de 14 grados centígrados del período comprendido entre 1961 y 1990.
Causas: La primera de ellas hace referencia a las emisiones de gases de efecto invernadero. La segunda tiene que ver con el fenómeno de 'El Niño', que se caracteriza por la llegada de aguas muy calientes a las costas del noroeste de Sudamérica.
Consecuencias: Condiciones climáticas extremas en todo el mundo, con sequías en Indonesia e inundaciones en California (EE UU).

4 enero 2007/ Ideal
Un estudio publicado en  'Science' determina que el calentamiento global, provocado por el aumento de las emisiones de CO2, podría consolidarse con «drásticas» y «violentas» oscilaciones del clima muy parecidas a las registradas a finales de la Era Paleozoica, una etapa en la historia de la Tierra que se inició hace unos 570 millones de años y terminó hace aproximadamente 225 millones de años. Esto significa que el cambio climático se produciría de un modo brusco, repentino, y no paso a paso y de forma progresiva, tal y como se pensaba hasta ahora.
Isabel Montáñez, científica de la Universidad de California y autora del informe, precisó que «hay muchos aspectos paralelos» entre la situación actual y la que se vivió a finales del Paleozoico. Uno de los principales, según la experta, hace referencia a que el factor dominante del cambio climático es el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera.
Las conclusiones del estudio fueron obtenidas a partir de muestras de más de 40 millones de años de composiciones isotópicas estables de minerales procedentes de viejos terrenos y de antiguas plantas y crustáceos braquiópodos, es decir, de los restos de CO2 atmosférico conservado en las rocas, el carbón y los fósiles de plantas. La investigación capitaneada por Montáñez se ha centrado en la situación climática, vegetal y terrestre a finales de la Era Paleozoica y en el último período en el que los enormes glaciares cubrían la superficie terrestre. Los análisis efectuados confirman que los llamados gases de efecto invernadero provocaron un brusco y violento cambio climático que, estima el estudio, podría repetirse en un futuro con unas características muy similares.

Alteraciones de CO2
Hace unos 300 millones de años, el hemisferio sur del planeta estaba totalmente cubierto por el hielo, los océanos del norte eran una enorme masa gélida y los trópicos estaban dominados por espesas selvas. 40 millones de años después, el rostro de la Tierra sufrió un profundo cambio. El hielo se derritió, la vegetación escaseaba y los vientos soplaban sobre una superficie árida y ardiente. «Sólo un reptil podía sobrevivir en esas condiciones», manifestó Isabel Montáñez.
Los científicos que participaron en el estudio se sirvieron de modelos estadísticos con sistemas informáticos para trazar paralelismos entre el pasado y el presente. Los resultados obtenidos confirmaron que, a finales del Paleozoico, los niveles de dióxido de carbono atmosférico presentaban unas alteraciones muy pronunciadas; es decir, se comprobó que las placas de hielo retrocedían cuando aumentaba la presencia de CO2 y se expandían cuando se reducían los gases de efecto invernadero.

Los resultados del informe, en opinión de Montáñez, «no pueden aplicarse directamente a la situación actual de calentamiento porque el aumento de CO2 en la actualidad se produce a un ritmo mucho mayor que entonces». Los nuevos datos demuestran que durante millones de años los niveles de dióxido de carbono oscilaron entre las 250 partes por millón hasta las actuales 2.000. De esto se deduce que la Tierra podría sufrir un repentino y violento cambio climático. «Hemos observado un modelo de incremento de CO2 y de las temperaturas con una serie de altibajos», subrayó la científica, un fenómeno muy parecido que tuvo lugar hace más de 200 millones de años.

Tesis cambiadas
Hasta ahora, los científicos sostenían la teoría de que el calentamiento global provocaba un deshielo sostenido de forma progresiva y sin alteraciones. Pero los datos recabados en la investigación demuestran que, hace 260 millones de años, el clima presentaba violentas oscilaciones entre ambos extremos de frío y calor, aun cuando -como en estos momentos- la temperatura marcaba una clara tendencia alcista.
Isabel Montáñez asegura que el cambio climático «no será gradual», aunque descarta poner fecha a una posible 'revolución' atmosférica. «Aunque nuestros datos -en referencia al estudio- cubren muchos millones de años, fenómenos similares como los registrados al final de la Era Paleozoica podrían ocurrir durante un lapso de tiempo mucho más corto».


Crisis global, calentamiento y cambio climático
Por L. A. Gámez / Ideal - noviembre 2006
QUÉ pasaría si pidieras en la carnicería un kilo de solomillo y te dieran una pieza con 300 gramos de solomillo y más de 600 de nervios, piel y huesos? Ese timo lo sufrimos cada día en la gasolinera. Y nadie es culpable. No sabemos hacerlo mejor», dice el físico y periodista Manuel Toharia. Sólo un tercio de la gasolina que consume un coche llega hasta las ruedas, lo mueve. El resto se pierde. Además, un automóvil emite a la atmósfera 2,5 kilos de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero, por cada litro de combustible. Los dueños de los 20 millones de turismos que hay en España pueden, por tanto, hacer mucho por el planeta si usan un modelo de bajo consumo -y no un todoterreno- para llevar a los niños al cole o ir de compras. Y los fabricantes de coches y las petroleras también, si investigan para que aumente la eficiencia energética.
La concentración atmosférica de CO2 ha crecido un 30% en los últimos cien años, debido a que los seres humanos hemos quemado masivamente -preferentemente, en los países desarrollados- petróleo, carbón y gas natural para obtener energía con la que iluminar nuestras casas, calentarlas, movernos por el mundo, fabricar bienes de consumo... Los científicos temen que, si no frenamos esas emisiones, el aumento de la concentración de éste y otros gases desemboque en el primer cambio climático provocado por el hombre. La temperatura media global ha subido ya 0,6º C durante el último siglo. Las causas naturales por sí solas no explican ese calentamiento, parte del cual se achaca a que el CO2 y otros gases no dejan escapar el calor de la atmósfera, razón por la que se les llama de efecto invernadero.
«Todos los cambios del clima tienen su origen en alteraciones del balance entre la radiación que la Tierra recibe del Sol y la que devuelve al espacio», explica Luis Balairón, físico del Instituto Nacional de Meteorología (INM). La inyección masiva de CO2 ha roto ese equilibrio. «El ascenso de la temperatura y el aumento del calor en las capas superiores de los océanos están entre los síntomas más claros de ese calentamiento global», apunta J. Sáenz, del Grupo de Variabilidad Climática.

El coste de Kioto
El consenso científico es total: caminamos hacia una Tierra más caliente como consecuencia de un desarrollo basado en los combustibles fósiles, y está en nuestra mano el que las cosas no vayan demasiado lejos. El planeta no peligra en ningún caso -ha soportado periodos más cálidos y fríos que el actual, impactos de asteroides, épocas de intenso vulcanismo...-, pero sí nosotros, en último término. No porque vaya a ocurrir algo parecido a lo que sucede en la película 'El día de mañana' -donde las latitudes medias del hemisferio Norte se congelan de la noche a la mañana- , sino porque, si no tomamos medidas, en varios siglos podría llegarse a un mundo superpoblado, 'hipercaliente' y con un nivel del mar varios metros más alto, al derretirse los hielos de la Antártida y Groenlandia.
«Lo que está llegando a la sociedad es demasiado catastrofista y se puede crear una reacción contraria de la gente contra algo que le han dicho que va a suceder y no acaba de pasar», advierte Eduardo Angulo, biólogo, para quien las conclusiones alarmistas suelen estar «demasiado alejadas de los datos». Hace un año, algunos presentaron al Katrina, el huracán que anegó Nueva Orleans, como un anticipo de la que se nos viene encima. «Nueva Orleans es una ciudad mal hecha por los franceses, levantada en una zona pantanosa por debajo del nivel del mar», afirma Toharia. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) sostiene, de hecho, que la temporada de huracanes de 2005 en el Caribe no tuvo nada que ver con el calentamiento global. El cambio climático es ahora el comodín al que se culpa de todo: incendios, sequías, inundaciones...
El Protocolo de Kioto, cuya prolongación se negocia estos días en Nairobi, entró en vigor el 16 de febrero de 2005 e intenta frenar la generación de gases de efecto invernadero en los países desarrollados. Así, establece que España podría generar en 2012 un 15% más de esas emisiones que en 1990, el tomado como año de referencia. Nueve años después de firmar el acuerdo, España no ha hecho los deberes y las últimas previsiones de la Comisión Europea apuntan a que las emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país en 2010 sobrepasarán en el 51% las de 1990. La necesaria reconversión de nuestro modelo de desarrollo para cumplir el Protocolo de Kioto está cuantificada.
El ingeniero M. González Ruiz de Egino cifra que cumplir lo pactado en 1997 en la ciudad japonesa supondría a España en 2050, en un escenario de crecimiento de un 2,5%, un descenso del PIB del 1,27%, de la inversión en torno al 2,55% y del consumo sobre el 0,77%. «Desde un punto de vista económico, nos sale mejor reducir las emisiones ahora que no hacerlo», asegura Carmen Gallastegui. Catedrática de Fundamentos de Análisis Económico, Gallastegui recuerda que «nos enfrentamos a un problema global, en el que da igual quién genere las emisiones y es necesario el liderazgo de una institución supranacional».

Futuros posibles
Todavía es pronto para saber hacia qué mundo vamos. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), un grupo de expertos coordinado por la OMM y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, maneja decenas de escenarios para 2100, desde unos muy optimistas hasta otros muy pesimistas. El mejor tiene como base una población mundial de 8.000 millones de personas, con un desarrollo más justo, sin combustibles fósiles y con un consumo energético más eficiente. Si se cumpliera, la temperatura media global superaría en unos 2º C la del periodo 1961-1990. El peor es el de un mundo poblado por 15.000 millones de personas, con un desarrollo como el actual al que se han incorporado India y China, con cambios en el poder mundial y en el que se quemará carbón porque ya no quedará petróleo. El mar acabará subiendo hasta 3 metros hacia 2200.
Balairón cree que el escenario posible al que se enfrentará la Humanidad hacia 2100 será uno intermedio, con entre 8.000 y 10.000 millones de personas, un intento de moderación en el consumo, un aumento de la eficiencia energética y en el que sólo el 50% de la energía será de origen fósil y el resto eólica, solar, nuclear... La temperatura estaría 3,5º C por encima de la media de 1961-1990 y el nivel del mar, medio metro más alto. A escala planetaria, explica el físico, las precipitaciones tenderán a aumentar, con la excepción de la cuenca mediterránea.
«El mayor riesgo para España, donde la temperatura subiría 4ºC, sería un aumento de la evaporación del agua de los pantanos y de las necesidades de agua de las plantas, además de una menor retención de agua por parte del suelo», afirma Balairón. Toharia piensa que hay mucho cinismo cuando se habla del problema del agua en nuestro país, y no sólo porque todavía las calles de muchos municipios se limpien con agua potable. «En España, donde decimos que nos falta el agua, tiramos el agua potable por el váter. Y lo mismo pasa en el resto del mundo. Con el agua potable de una sola descarga de la cisterna, daría para beber un día entero a una pequeña familia», sentencia.
Los deberes para paliar el cambio climático exigen cambios fundamentales en el sector del transporte, que generaba el 26% del CO2 en la UE en 1995, frente al 19% de diez años antes, y es el sector cuyas emisiones crecen más rápidamente «¿En el transporte, hay que hace algo ya!», dice Gallastegui. Y no sólo en lo que respecta al coche, sino también en lo que atañe a las líneas aéreas de bajo costo. «El precio del avión es ridículo. El billete tiene que cubrir el verdadero coste del viaje, cosa que ahora mismo no pasa porque no están incluidas las emisiones», dice. El avión es el medio de transporte más contaminante y hay quienes, como Toharia, creen que no debería haber vuelos de menos de 500 kilómetros y siempre pagando el coste real, el que también habría que abonar por el transporte de mercancías por carretera.
El objetivo final es estabilizar las concentración de CO2, que ahora rondan las 400 partes por millón (ppm), frente a las 280 de la era preindustrial. «Es mejor parar en las 450 ppm que hacerlo en las 750», dice Sáenz. Aunque haya muchas incertidumbres en torno a los efectos concretos del cambio climático, lo evidente para los expertos es que no van a ser beneficiosos y, por eso, lo mejor es tomar medidas ya.


"El cambio climático es una constante en la historia de la Tierra", pero a ritmo lento», Manuel Toharia
Entrevista
Por L. A. Gámez / Ideal
Manuel Toharia (Madrid, 1944) explora en su último libro -«El clima. El calentamiento global y el futuro del planeta' (Ed. Debate)- la realidad de un problema al que en los telediarios se achacan casi todas las catástrofes ambientales. Físico y periodista científico, es inevitable hablar con él del tiempo y del cambio climático, un fenómeno que preocupa a Toharia, aunque menos que la desigualdad entre ricos y pobres.
-¿Estamos viviendo un cambio climático o no? Hay mucha gente que sostiene que sí porque no es normal que el otoño sea tan caluroso, las tormentas tan fuertes...
-Nuestra memoria no alcanza periodos climatológicos, que son muy largos. ¿Estamos viviendo cambios de tiempo? Sí; pero es que el tiempo siempre ha cambiado. Mi abuela decía que el tiempo estaba loco, en referencia a que nunca es regular. El promedio es que sigue lloviendo más en el norte que en el sur, aunque hoy en el norte haga sol y en Valencia, por ejemplo, llueva a mares. El cambio climático es otra cosa.

-¿Qué es?
-El cambio climático es una constante en la historia del planeta Tierra, pero a ritmo lento. Lo que ahora nos estamos temiendo es que ese ritmo lento se vea modulado por la industria humana y la emisión de gases de efecto invernadero. Pero es un temor a largo plazo. No importa que este otoño sea más seco, más lluvioso, más frío o más cálido; sino que a largo plazo los promedios, que eso es el clima, puedan variar más deprisa de lo que lo han hecho en el pasado.

-Ha dicho: «Nos estamos temiendo». ¿Acaso no hay pruebas?
-De que eso vaya a ocurrir seguro, no. Es una predicción. De que algo está empezando a pasar, sí parece que hay pruebas. Y hay un dato indudable: las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado un 30% en un siglo. Es un crecimiento enorme y lo que hace que los científicos teman que vaya a ocurrir eso. Pero un cambio climático exige periodos de tiempo muy largos que no han pasado. Las temperaturas han subido mucho en veinte años: pero el periodo mínimo en climatología es de treinta. Todavía nos faltan años para saber si ni siquiera este periodo es comparable a otros anteriores.

-Se habla de subidas del nivel del mar...
-... dentro de un siglo. La subida será poca, muy poca, ya que será por dilatación. Aunque se fundan el polo Norte y parte de los hielos de la Antártida que sobresalen -en el centro de la Antártida, está aumentando el hielo mucho-, subirá de promedio entre 20 y 50 centímetros. Pero también habrá zonas en las que la tierra subirá por razones tectónicas. En el sur de España, se está elevando un centímetro por año, un metro por siglo.

-¿Ahora no hay nada que temer?
-De verdad, ¿a quién le preocupa lo que pase dentro de un siglo cuando hoy se mueren de hambre y sed mil millones de humanos, cuando hay personas que se montan en un patera y se mueren por el camino sólo por recoger las migajas que nos sobran? Nuestros descendientes sufrirán las consecuencias y serán los que tomen decisiones para ir arreglando un problema que depende de un sencillo enunciado: el modelo energético de los países ricos, y de los pobres que quieren ser ricos, no es viable.

-Quemamos combustibles fósiles.
-Carbón, petróleo, gas natural... Eso no es viable. Ahora bien, ¿tenemos alternativa? Pues, no. Ése es el problema. Y, aunque hubiera alternativa, si fuera más cara, tampoco serviría.

-Al Gore dice que tenemos diez años para tomar una decisión o el mundo se va al garete.
-¿Y, si lo hacemos en once, ya se va el mundo al garete? ¿No me lo creo! Los ricos seguiremos siendo ricos; un poco menos, a lo mejor, pero ricos. Los pobres seguirán siendo pobres, como hoy. Si hablas de pobres, habla de los de hoy. Háblame del mundo actual, que es injusto. A nosotros, los ricos, nos sobran recursos; a los pobres, les falta todo. Ése es el problema que hay que resolver.

-Pero, respecto al clima, más valdría prevenir que curar, ¿no?
-Más vale prevenir que curar cuando estás sano. Pero el mundo de hoy no está sano, está fatal. Arreglemos el mundo de hoy y dejémonos de hablar del futuro. ¿A lo mejor, arreglando el mundo hoy, arreglamos el futuro! Si, en vez de un 20% de la población humana que consume el 80% de los recursos, hubiera un 30%que consumiera el 70% de los recursos, igual el futuro era menos malo. No partimos de un mundo sano que va a enfermar, como parece que se dice por todas partes. No. El mundo de hoy está muy enfermo

-Aunque a nosotros no nos parezca.
-Somos los ricos y somos muy pocos, apenas la quinta parte de la Humanidad.

-¿Qué podemos hacer para que países como China e India se desarrollen, pero no al mismo coste medioambiental que nosotros?
-Lo primero, dar sin cobrar tecnología buena a los países emergentes para que no se desarrollen con tecnología mala, como hemos hecho nosotros. Hemos quemado carbón de cualquier manera y ahora sabemos hacerlo en las mejores condiciones posibles. Demos esa tecnología a China. Hay que ayudar al mundo pobre a que se desarrolle.

-¿Podemos hacer algo cada uno?
-Como particulares, podemos hacer pocas cosas, pero significativas. Hay gestos cotidianos que malgastan recursos cuya corrección, si todos la hiciéramos, reduciría bastante el problema. A escala planetaria, cabe redirigir el exceso de riqueza de los países ricos a los ultrapobres como Bangladesh. ¿Qué importa a la gente de Bangladesh que el país se pueda inundar dentro de cien años si hoy se están muriendo!



Cambio climático, hábitos del día a día

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Protocolo de Kioto y cambio climático, razones y consecuencias / especial Waste / preguntas y datos

Kioto 2, más allá del 2012
IX Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático - Montreal - diciembre 2005
El deshielo de la Antártida se acelera Los glaciares pierden 1,2 metros de grosor al año de media.
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