El grupo de expertos de la ONU prevé
que la temperatura suba entre 1,8 y 4 grados, y vaticina olas de calor,
deshielo y lluvias torrenciales El informe publicado en París dibuja
un planeta en peligro
Fernando Iturribarria / París -
IDEAL
2 de febrero 2007
Alerta verde. El cambio climático es inequívoco
e irreversible. Sus efectos van a perdurar, al menos, un milenio. Y la
culpa, casi con toda probabilidad, es del hombre. La temperatura de la
Tierra subirá este siglo entre 1,8 y 4 grados centígrados,
aunque puede llegar a 6,4 en la hipótesis más pesimista.
El nivel de los océanos podría elevarse de 0,18 a 0,59 metros.
Las olas de calor y las lluvias torrenciales serán más frecuentes.
Habrá menos nevadas y disminuirá el volumen de los casquetes
polares.
Son las alarmistas conclusiones del Grupo Intergubernamental
del Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés). El
cuarto informe, publicado en París, de este panel científico
auspiciado por las Naciones Unidas pretende ser un aldabonazo a la (mala)
conciencia de la humanidad. El mensaje intrínseco del documento
viene a ser que el planeta está en peligro y su suerte se nos escapa
de las manos. Pues aseveran que la responsabilidad es humana. Al 90%.
«El debate sobre el vínculo entre
las acciones humanas y el cambio climático está completamente
superado. El debate en adelante no debe tratar más que de las medidas
que hay que tomar», declaró Rajendra Pachauri, presidente
del IPCC, en la presentación del informe en la sede de la Unesco.
El texto, consensuado por medio millar de especialistas de 113 países,
considera «muy probable» que el aumento de la temperatura media
observado desde mediados del siglo XX se deba al incremento de concentraciones
de gases con efecto invernadero por el uso de combustibles fósiles
por parte del hombre.
'Muy probable' ('very likely') significa en la
jerga de los climatólogos que su certeza en la responsabilidad humana
supera el 90%. No llega a 'virtually certain', que pondría el grado
de convencimiento en el 99%. Pero supera el 'probable' (66% de posibilidades)
empleado en su anterior informe, publicado en 2001. Y además añade
el concepto 'anthropogenic', tan combatido por la Administración
Bush, para admitir que las denostadas emisiones han sido engendradas por
el ser humano.
«El calentamiento extendido que se observa
en la atmósfera y los océanos, aliado al deshielo de los
glaciares, apoya la conclusión de que es extremadamente poco probable
que el cambio climático mundial de los 50 últimos años
pueda ser explicado sin una intervención exterior, y muy probable
que no sea debido a las solas causas naturales conocidas», plantea
el IPCC en un resumen de 20 páginas dirigidos a los responsables
políticos.
Además, los autores estiman que el calentamiento
climático causado por la actividad humana y la subida del nivel
de los mares «van a continuar durante siglos», pues el proceso
ya esta desencadenado, «incluso si las concentraciones de gas con
efecto invernadero llegaran a ser estabilizadas». A su juicio, las
emisiones «pasadas y futuras de dióxido de carbono (CO2) seguirán
contribuyendo al calentamiento y a la elevación del nivel del mar
durante más de un milenio».
«Incluso si detuviéramos todas nuestras
emisiones hemos emprendido un recalentamiento de cerca de un grado de manera
inevitable», advierte el climatólogo francés Jean Clouzel,
partidario de alcanzar el objetivo fijado por la Unión Europea de
limitar el calentamiento a dos grados, aunque lo juzga «muy ambicioso».
«Es imperioso controlar el efecto invernadero y eso nos conduce a
la necesidad de dividir nuestras emisiones de gas carbónico por
dos de aquí a la segunda mitad del siglo XXI, o por cuatro, como
preconiza Francia», comenta este co autor del estudio.
Tifones y huracanes
El calentamiento tiende a reducir la capacidad
de absorción del dióxido de carbono por las tierras y los
mares, con lo que se incrementa la parte de las emisiones humanas que permanecen
estacionadas en la atmósfera. Una subida media de 1,9 a 4,6 grados
en la temperatura oceánica respecto a los valores de la era pre-industrial
conllevaría la desaparición completa del hielo en Groenlandia,
con una consiguiente elevación del nivel del mar de unos siete metros,
advierte el IPCC.
Las simulaciones producen una disminución
de los hielos marinos tanto en el Ártico como en el Antártico
en todas las hipótesis climáticas. En algunos modelos, el
hielo desaparece casi por completo en el Ártico a finales de verano
en la segunda mitad de siglo. Se considera verosímil que los futuros
ciclones tropicales, así como tifones y huracanes, se vuelvan más
intensos, con vientos máximos y precipitaciones más fuertes.
Además, es muy probable que los períodos caniculares, las
olas de calor y las trombas de aguas sean más frecuentes.
El informe destaca que once de los doce últimos
años han sido los más calurosos desde que existen registros
sistematizados (1850). Es uno de los efectos ya tangibles y observables
del cambio climático.
El cambio climático podría
ser «drástico» y «violento»
El aumento de CO2 amenaza con provocar una situación
similar que se vivió hace más de 200 millones de años
El clima en 2007
Predicción: El servicio meteorológico
británico ha manifestado que este año será el más
caluroso desde 1659 y que batirá los registros obtenidos en 1998.
Se cree que la temperatura de la Tierra superará en 0,54 grados
la media de 14 grados centígrados del período comprendido
entre 1961 y 1990.
Causas: La primera de ellas hace referencia
a las emisiones de gases de efecto invernadero. La segunda tiene que ver
con el fenómeno de 'El Niño', que se caracteriza por la llegada
de aguas muy calientes a las costas del noroeste de Sudamérica.
Consecuencias: Condiciones climáticas
extremas en todo el mundo, con sequías en Indonesia e inundaciones
en California (EE UU).
4 enero 2007/ Ideal
Un estudio publicado en 'Science' determina
que el calentamiento global, provocado por el aumento de las emisiones
de CO2, podría consolidarse con «drásticas» y
«violentas» oscilaciones del clima muy parecidas a las registradas
a finales de la Era Paleozoica, una etapa en la historia de la Tierra que
se inició hace unos 570 millones de años y terminó
hace aproximadamente 225 millones de años. Esto significa que el
cambio climático se produciría de un modo brusco, repentino,
y no paso a paso y de forma progresiva, tal y como se pensaba hasta ahora.
Isabel Montáñez, científica
de la Universidad de California y autora del informe, precisó que
«hay muchos aspectos paralelos» entre la situación actual
y la que se vivió a finales del Paleozoico. Uno de los principales,
según la experta, hace referencia a que el factor dominante del
cambio climático es el nivel de dióxido de carbono en la
atmósfera.
Las conclusiones del estudio fueron obtenidas
a partir de muestras de más de 40 millones de años de composiciones
isotópicas estables de minerales procedentes de viejos terrenos
y de antiguas plantas y crustáceos braquiópodos, es decir,
de los restos de CO2 atmosférico conservado en las rocas, el carbón
y los fósiles de plantas. La investigación capitaneada por
Montáñez se ha centrado en la situación climática,
vegetal y terrestre a finales de la Era Paleozoica y en el último
período en el que los enormes glaciares cubrían la superficie
terrestre. Los análisis efectuados confirman que los llamados gases
de efecto invernadero provocaron un brusco y violento cambio climático
que, estima el estudio, podría repetirse en un futuro con unas características
muy similares.
Alteraciones de CO2
Hace unos 300 millones de años, el hemisferio
sur del planeta estaba totalmente cubierto por el hielo, los océanos
del norte eran una enorme masa gélida y los trópicos estaban
dominados por espesas selvas. 40 millones de años después,
el rostro de la Tierra sufrió un profundo cambio. El hielo se derritió,
la vegetación escaseaba y los vientos soplaban sobre una superficie
árida y ardiente. «Sólo un reptil podía sobrevivir
en esas condiciones», manifestó Isabel Montáñez.
Los científicos que participaron en el
estudio se sirvieron de modelos estadísticos con sistemas informáticos
para trazar paralelismos entre el pasado y el presente. Los resultados
obtenidos confirmaron que, a finales del Paleozoico, los niveles de dióxido
de carbono atmosférico presentaban unas alteraciones muy pronunciadas;
es decir, se comprobó que las placas de hielo retrocedían
cuando aumentaba la presencia de CO2 y se expandían cuando se reducían
los gases de efecto invernadero.
Los resultados del informe, en opinión
de Montáñez, «no pueden aplicarse directamente a la
situación actual de calentamiento porque el aumento de CO2 en la
actualidad se produce a un ritmo mucho mayor que entonces». Los nuevos
datos demuestran que durante millones de años los niveles de dióxido
de carbono oscilaron entre las 250 partes por millón hasta las actuales
2.000. De esto se deduce que la Tierra podría sufrir un repentino
y violento cambio climático. «Hemos observado un modelo de
incremento de CO2 y de las temperaturas con una serie de altibajos»,
subrayó la científica, un fenómeno muy parecido que
tuvo lugar hace más de 200 millones de años.
Tesis cambiadas
Hasta ahora, los científicos sostenían
la teoría de que el calentamiento global provocaba un deshielo sostenido
de forma progresiva y sin alteraciones. Pero los datos recabados en la
investigación demuestran que, hace 260 millones de años,
el clima presentaba violentas oscilaciones entre ambos extremos de frío
y calor, aun cuando -como en estos momentos- la temperatura marcaba una
clara tendencia alcista.
Isabel Montáñez asegura que el
cambio climático «no será gradual», aunque descarta
poner fecha a una posible 'revolución' atmosférica. «Aunque
nuestros datos -en referencia al estudio- cubren muchos millones de años,
fenómenos similares como los registrados al final de la Era Paleozoica
podrían ocurrir durante un lapso de tiempo mucho más corto».
Crisis global, calentamiento y cambio
climático
Por L. A. Gámez / Ideal - noviembre
2006
QUÉ pasaría si pidieras en la carnicería
un kilo de solomillo y te dieran una pieza con 300 gramos de solomillo
y más de 600 de nervios, piel y huesos? Ese timo lo sufrimos cada
día en la gasolinera. Y nadie es culpable. No sabemos hacerlo mejor»,
dice el físico y periodista Manuel Toharia. Sólo un tercio
de la gasolina que consume un coche llega hasta las ruedas, lo mueve. El
resto se pierde. Además, un automóvil emite a la atmósfera
2,5 kilos de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto
invernadero, por cada litro de combustible. Los dueños de los 20
millones de turismos que hay en España pueden, por tanto, hacer
mucho por el planeta si usan un modelo de bajo consumo -y no un todoterreno-
para llevar a los niños al cole o ir de compras. Y los fabricantes
de coches y las petroleras también, si investigan para que aumente
la eficiencia energética.
La concentración atmosférica de
CO2 ha crecido un 30% en los últimos cien años, debido a
que los seres humanos hemos quemado masivamente -preferentemente, en los
países desarrollados- petróleo, carbón y gas natural
para obtener energía con la que iluminar nuestras casas, calentarlas,
movernos por el mundo, fabricar bienes de consumo... Los científicos
temen que, si no frenamos esas emisiones, el aumento de la concentración
de éste y otros gases desemboque en el primer cambio climático
provocado por el hombre. La temperatura media global ha subido ya 0,6º
C durante el último siglo. Las causas naturales por sí solas
no explican ese calentamiento, parte del cual se achaca a que el CO2 y
otros gases no dejan escapar el calor de la atmósfera, razón
por la que se les llama de efecto invernadero.
«Todos los cambios del clima tienen su
origen en alteraciones del balance entre la radiación que la Tierra
recibe del Sol y la que devuelve al espacio», explica Luis Balairón,
físico del Instituto Nacional de Meteorología (INM). La inyección
masiva de CO2 ha roto ese equilibrio. «El ascenso de la temperatura
y el aumento del calor en las capas superiores de los océanos están
entre los síntomas más claros de ese calentamiento global»,
apunta J. Sáenz, del Grupo de Variabilidad Climática.
El coste de Kioto
El consenso científico es total: caminamos
hacia una Tierra más caliente como consecuencia de un desarrollo
basado en los combustibles fósiles, y está en nuestra mano
el que las cosas no vayan demasiado lejos. El planeta no peligra en ningún
caso -ha soportado periodos más cálidos y fríos que
el actual, impactos de asteroides, épocas de intenso vulcanismo...-,
pero sí nosotros, en último término. No porque vaya
a ocurrir algo parecido a lo que sucede en la película 'El día
de mañana' -donde las latitudes medias del hemisferio Norte se congelan
de la noche a la mañana- , sino porque, si no tomamos medidas, en
varios siglos podría llegarse a un mundo superpoblado, 'hipercaliente'
y con un nivel del mar varios metros más alto, al derretirse los
hielos de la Antártida y Groenlandia.
«Lo que está llegando a la sociedad
es demasiado catastrofista y se puede crear una reacción contraria
de la gente contra algo que le han dicho que va a suceder y no acaba de
pasar», advierte Eduardo Angulo, biólogo, para quien las conclusiones
alarmistas suelen estar «demasiado alejadas de los datos».
Hace un año, algunos presentaron al Katrina, el huracán que
anegó Nueva Orleans, como un anticipo de la que se nos viene encima.
«Nueva Orleans es una ciudad mal hecha por los franceses, levantada
en una zona pantanosa por debajo del nivel del mar», afirma Toharia.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) sostiene, de
hecho, que la temporada de huracanes de 2005 en el Caribe no tuvo nada
que ver con el calentamiento global. El cambio climático es ahora
el comodín al que se culpa de todo: incendios, sequías, inundaciones...
El Protocolo de Kioto, cuya prolongación
se negocia estos días en Nairobi, entró en vigor el 16 de
febrero de 2005 e intenta frenar la generación de gases de efecto
invernadero en los países desarrollados. Así, establece que
España podría generar en 2012 un 15% más de esas emisiones
que en 1990, el tomado como año de referencia. Nueve años
después de firmar el acuerdo, España no ha hecho los deberes
y las últimas previsiones de la Comisión Europea apuntan
a que las emisiones de gases de efecto invernadero en nuestro país
en 2010 sobrepasarán en el 51% las de 1990. La necesaria reconversión
de nuestro modelo de desarrollo para cumplir el Protocolo de Kioto está
cuantificada.
El ingeniero M. González Ruiz de Egino
cifra que cumplir lo pactado en 1997 en la ciudad japonesa supondría
a España en 2050, en un escenario de crecimiento de un 2,5%, un
descenso del PIB del 1,27%, de la inversión en torno al 2,55% y
del consumo sobre el 0,77%. «Desde un punto de vista económico,
nos sale mejor reducir las emisiones ahora que no hacerlo», asegura
Carmen Gallastegui. Catedrática de Fundamentos de Análisis
Económico, Gallastegui recuerda que «nos enfrentamos a un
problema global, en el que da igual quién genere las emisiones y
es necesario el liderazgo de una institución supranacional».
Futuros posibles
Todavía es pronto para saber hacia qué
mundo vamos. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático
(IPCC), un grupo de expertos coordinado por la OMM y el Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente, maneja decenas de escenarios para
2100, desde unos muy optimistas hasta otros muy pesimistas. El mejor tiene
como base una población mundial de 8.000 millones de personas, con
un desarrollo más justo, sin combustibles fósiles y con un
consumo energético más eficiente. Si se cumpliera, la temperatura
media global superaría en unos 2º C la del periodo 1961-1990.
El peor es el de un mundo poblado por 15.000 millones de personas, con
un desarrollo como el actual al que se han incorporado India y China, con
cambios en el poder mundial y en el que se quemará carbón
porque ya no quedará petróleo. El mar acabará subiendo
hasta 3 metros hacia 2200.
Balairón cree que el escenario posible
al que se enfrentará la Humanidad hacia 2100 será uno intermedio,
con entre 8.000 y 10.000 millones de personas, un intento de moderación
en el consumo, un aumento de la eficiencia energética y en el que
sólo el 50% de la energía será de origen fósil
y el resto eólica, solar, nuclear... La temperatura estaría
3,5º C por encima de la media de 1961-1990 y el nivel del mar, medio
metro más alto. A escala planetaria, explica el físico, las
precipitaciones tenderán a aumentar, con la excepción de
la cuenca mediterránea.
«El mayor riesgo para España, donde
la temperatura subiría 4ºC, sería un aumento de la evaporación
del agua de los pantanos y de las necesidades de agua de las plantas, además
de una menor retención de agua por parte del suelo», afirma
Balairón. Toharia piensa que hay mucho cinismo cuando se habla del
problema del agua en nuestro país, y no sólo porque todavía
las calles de muchos municipios se limpien con agua potable. «En
España, donde decimos que nos falta el agua, tiramos el agua potable
por el váter. Y lo mismo pasa en el resto del mundo. Con el agua
potable de una sola descarga de la cisterna, daría para beber un
día entero a una pequeña familia», sentencia.
Los deberes para paliar el cambio climático
exigen cambios fundamentales en el sector del transporte, que generaba
el 26% del CO2 en la UE en 1995, frente al 19% de diez años antes,
y es el sector cuyas emisiones crecen más rápidamente «¿En
el transporte, hay que hace algo ya!», dice Gallastegui. Y no sólo
en lo que respecta al coche, sino también en lo que atañe
a las líneas aéreas de bajo costo. «El precio del avión
es ridículo. El billete tiene que cubrir el verdadero coste del
viaje, cosa que ahora mismo no pasa porque no están incluidas las
emisiones», dice. El avión es el medio de transporte más
contaminante y hay quienes, como Toharia, creen que no debería haber
vuelos de menos de 500 kilómetros y siempre pagando el coste real,
el que también habría que abonar por el transporte de mercancías
por carretera.
El objetivo final es estabilizar las concentración
de CO2, que ahora rondan las 400 partes por millón (ppm), frente
a las 280 de la era preindustrial. «Es mejor parar en las 450 ppm
que hacerlo en las 750», dice Sáenz. Aunque haya muchas incertidumbres
en torno a los efectos concretos del cambio climático, lo evidente
para los expertos es que no van a ser beneficiosos y, por eso, lo mejor
es tomar medidas ya.
"El cambio climático
es una constante en la historia de la Tierra", pero a ritmo lento»,
Manuel Toharia
Entrevista
Por L. A. Gámez / Ideal
Manuel Toharia (Madrid, 1944) explora en su último
libro -«El clima. El calentamiento global y el futuro del planeta'
(Ed. Debate)- la realidad de un problema al que en los telediarios se achacan
casi todas las catástrofes ambientales. Físico y periodista
científico, es inevitable hablar con él del tiempo y del
cambio climático, un fenómeno que preocupa a Toharia, aunque
menos que la desigualdad entre ricos y pobres.
-¿Estamos viviendo un cambio climático
o no? Hay mucha gente que sostiene que sí porque no es normal que
el otoño sea tan caluroso, las tormentas tan fuertes...
-Nuestra memoria no alcanza periodos climatológicos,
que son muy largos. ¿Estamos viviendo cambios de tiempo? Sí;
pero es que el tiempo siempre ha cambiado. Mi abuela decía que el
tiempo estaba loco, en referencia a que nunca es regular. El promedio es
que sigue lloviendo más en el norte que en el sur, aunque hoy en
el norte haga sol y en Valencia, por ejemplo, llueva a mares. El cambio
climático es otra cosa.
-¿Qué es?
-El cambio climático es una constante
en la historia del planeta Tierra, pero a ritmo lento. Lo que ahora nos
estamos temiendo es que ese ritmo lento se vea modulado por la industria
humana y la emisión de gases de efecto invernadero. Pero es un temor
a largo plazo. No importa que este otoño sea más seco, más
lluvioso, más frío o más cálido; sino que a
largo plazo los promedios, que eso es el clima, puedan variar más
deprisa de lo que lo han hecho en el pasado.
-Ha dicho: «Nos estamos temiendo».
¿Acaso no hay pruebas?
-De que eso vaya a ocurrir seguro, no. Es una
predicción. De que algo está empezando a pasar, sí
parece que hay pruebas. Y hay un dato indudable: las emisiones de gases
de efecto invernadero han aumentado un 30% en un siglo. Es un crecimiento
enorme y lo que hace que los científicos teman que vaya a ocurrir
eso. Pero un cambio climático exige periodos de tiempo muy largos
que no han pasado. Las temperaturas han subido mucho en veinte años:
pero el periodo mínimo en climatología es de treinta. Todavía
nos faltan años para saber si ni siquiera este periodo es comparable
a otros anteriores.
-Se habla de subidas del nivel del mar...
-... dentro de un siglo. La subida será
poca, muy poca, ya que será por dilatación. Aunque se fundan
el polo Norte y parte de los hielos de la Antártida que sobresalen
-en el centro de la Antártida, está aumentando el hielo mucho-,
subirá de promedio entre 20 y 50 centímetros. Pero también
habrá zonas en las que la tierra subirá por razones tectónicas.
En el sur de España, se está elevando un centímetro
por año, un metro por siglo.
-¿Ahora no hay nada que temer?
-De verdad, ¿a quién le preocupa
lo que pase dentro de un siglo cuando hoy se mueren de hambre y sed mil
millones de humanos, cuando hay personas que se montan en un patera y se
mueren por el camino sólo por recoger las migajas que nos sobran?
Nuestros descendientes sufrirán las consecuencias y serán
los que tomen decisiones para ir arreglando un problema que depende de
un sencillo enunciado: el modelo energético de los países
ricos, y de los pobres que quieren ser ricos, no es viable.
-Quemamos combustibles fósiles.
-Carbón, petróleo, gas natural...
Eso no es viable. Ahora bien, ¿tenemos alternativa? Pues, no. Ése
es el problema. Y, aunque hubiera alternativa, si fuera más cara,
tampoco serviría.
-Al Gore dice que tenemos diez años
para tomar una decisión o el mundo se va al garete.
-¿Y, si lo hacemos en once, ya se va el
mundo al garete? ¿No me lo creo! Los ricos seguiremos siendo ricos;
un poco menos, a lo mejor, pero ricos. Los pobres seguirán siendo
pobres, como hoy. Si hablas de pobres, habla de los de hoy. Háblame
del mundo actual, que es injusto. A nosotros, los ricos, nos sobran recursos;
a los pobres, les falta todo. Ése es el problema que hay que resolver.
-Pero, respecto al clima, más valdría
prevenir que curar, ¿no?
-Más vale prevenir que curar cuando estás
sano. Pero el mundo de hoy no está sano, está fatal. Arreglemos
el mundo de hoy y dejémonos de hablar del futuro. ¿A lo mejor,
arreglando el mundo hoy, arreglamos el futuro! Si, en vez de un 20% de
la población humana que consume el 80% de los recursos, hubiera
un 30%que consumiera el 70% de los recursos, igual el futuro era menos
malo. No partimos de un mundo sano que va a enfermar, como parece que se
dice por todas partes. No. El mundo de hoy está muy enfermo
-Aunque a nosotros no nos parezca.
-Somos los ricos y somos muy pocos, apenas la
quinta parte de la Humanidad.
-¿Qué podemos hacer para que
países como China e India se desarrollen, pero no al mismo coste
medioambiental que nosotros?
-Lo primero, dar sin cobrar tecnología
buena a los países emergentes para que no se desarrollen con tecnología
mala, como hemos hecho nosotros. Hemos quemado carbón de cualquier
manera y ahora sabemos hacerlo en las mejores condiciones posibles. Demos
esa tecnología a China. Hay que ayudar al mundo pobre a que se desarrolle.
-¿Podemos hacer algo cada uno?
-Como particulares, podemos hacer pocas cosas,
pero significativas. Hay gestos cotidianos que malgastan recursos cuya
corrección, si todos la hiciéramos, reduciría bastante
el problema. A escala planetaria, cabe redirigir el exceso de riqueza de
los países ricos a los ultrapobres como Bangladesh. ¿Qué
importa a la gente de Bangladesh que el país se pueda inundar dentro
de cien años si hoy se están muriendo!
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