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VÍDEOS DOCUMENTALES- Así es el alcornocal de Lújar un año después del incendio... y así era el alcornocal de Lújar  días antes del incendio. Las últimas imágenes del alcornocal de Lújar.

TEMAS * ALCORNOCAL DE LÚJAR --------© Textos-fotos-videos: Merche S. Calle / Juan Enrique Gómez / Waste-----
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2016- Un año del gran incendio - 8 de julio 2015 / 8 de julio 2016
La vida vuelve a Lújar
Las plantas vuelven a florecer en las laderas calcinadas, donde la naturaleza afianza su poder de  recuperación

Francisco Valle Catedrático de Botánica - UGR
«La sierra recuperará su imagen en solo cinco años» 



2015- El bosque perdido
El último recorrido por un paraje desaparecido para siempre, las imágenes y sensaciones que no volverán a ser captadas
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle

Días antes del incendio de Lújar, recorrimos el alcornocal para elaborar un reportaje que mostrase el alto valor de un bosque singular, un trabajo periodístico y de divulgación científica que publicamos ahora como documento para la historia 

2015- Lújar, el día de antes... y después del fuego
Un entorno natural privilegiado con campos de almendros,  cultivos de primor y cortijos. Fotogalería comparativa

2015- Rebrotarán en unos meses
Expertos afirman que casi todos los alcornoques se recuperarán con un otoñó lluvioso
«Si llueve veremos verdear las laderas de Lújar en muy poco tiempo», afirma el catedrático de Botánica Francisco Valle, que confía en la posibilidad de regeneración de las especies mediterráneas 


2016- Un año del gran incendio - 8 de julio 2015 / 8 de julio 2016
La vida vuelve a Lújar
Las plantas vuelven a florecer en las laderas calcinadas, donde la naturaleza afianza su poder de  recuperación
La sierra de Lújar recupera el verde. Los alcornoques rebrotan entre corchos calcinados, mientras la vegetación mediterránea abre la senda de la esperanza
Fotos y textos, por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle / Waste Magazine
El canto de los herrerillos, pinzones y carboneros vuelve a estar presente en las laderas de la llamada sierra de la jara, al oeste de la localidad de Lújar, el lugar donde hace un año, el 8 de julio de 2015, un incendio convirtió en cenizas uno de los parajes naturales mejor conservados de la provincia de Granada, donde crecía uno de los alcornocales más orientales de la península Ibérica. Entre las tierras quemadas, donde los árboles aún se alzan al cielo con sus brazos carbonizados, el color ha cambiado, el negro deja paso al verde, amarillo y rosado de los nuevos brotes de plantas que desafían los efectos del fuego y lograron mantener a salvo sus semillas, donde los alcornoques, bajo la capa de corcho quemada, seguían recibiendo la savia que, tras las lluvias del invierno y la primavera, ha logrado dar vida a nuevas ramas que rodean los troncos quemados y se muestran como penachos verdes que intentan aprovechar la humedad de las brumas que desde el Mediterráneo, a solo cuatro kilómetros en línea recta, se concentran en las vaguadas y barrancos.
Un año después, pasear por los senderos que se adentraban en un bosque mixto de alta calidad ecológica, transmite una sensación de tristeza y dolor, centenares de árboles muestran los efectos del fuego, pero entre ellos, sobre las rocas calcáreas, en  los bordes de los caminos, en las umbrías, las flores moradas y blancas de las madreselvas, Lonicera implexa, a la que llaman liana trepadora,  se enredan a centenares entre los troncos. Sorprende la profusión de pequeñas flores compuestas, amarillas y blancas  que salpican la tierra, con centenares de tallos y flores de Árnica (Pulicaria odora) que se ha convertido en el más claro exponente de la recuperación del suelo y la viabilidad de las laderas, sobre las que se extiende una capa de verde formada por numerosas especies de plantas tapizantes, entre las que la vegetación mediterránea logra recuperar el terreno que perdió tras el incendio, y en el sotobosque, numerosas plantas de brezo blanco, Erica arbórea, comienzan a aparecer entre las cenizas.

En los bordes del camino vuelven a crecer densos matorrales de zarzaparrilla, entre los que sobresalen altos tallos de Phlomis purpurea, los matagallos, que al igual que la mayoría de las especies que ya han logrado rebotar son bioindicadores de los pisos termo y mesomediterráneo, a los que pertenece esta zona de la sierra de Lújar. Al poco tiempo del incendio aparecieron numerosas matas de torvizco, y en las huellas de las máquinas excavadoras utilizadas para retirar materiales quemados, crecía Scorzonera angustifolia,   conocida como tetas de vaca, junto a grandes umbelíferas de flores amarillas, Thapsia villosa, y Bituminaria bituminosa, la hierba de los granos, entre otras muchas. «Es como era de esperar si se dejaba a la naturaleza actuar», recuerda el catedrático de Botánica de la UGR y especialista en regeneración vegetal, Francisco Valle, que aseguró tras el incendio que en unos meses se notaría la regeneración.

 Hay aladiernos. Los arbustos se adueñan de nuevo del  sotobosque y umbrías. Entre los troncos quemados de los alcornoques aparecen masas vegetales de un verde intenso, son madroños, uno de los árboles más delicados de los espacios boscosos húmedos mediterráneos. Aportan una imagen de frescor y vida entre el negro y gris de las cenizas. En el interior del bosque aparecen sorpresas como largas ramas de hojas palmeadas. Son higueras, una de las especies más apreciadas y conocidas en el sureste ibérico.

Mientras los alcornoques comienzan su recuperación, un año después, los pinos no dan muestras de vida. La mayor parte del pinar, con algunos ejemplares de gran tamaño, no son más que maderas calcinadas. Unos pocos pinos situados junto al antiguo cortijo de la explotación de corcho del alcornocal, aún mantienen un aspecto similar al que tenían antes del incendio. Fueron los únicos que se salvaron del fuero. Y desde allí, desde la ladera, los hoteles rurales recuperan también su actividad, el verde rodea las instalaciones y parece ofrecer un futuro prometedor.
Las tareas de contención de la erosión, diques y muretes en el monte, han logrado contener la deriva de tierras, pero la carretera de acceso entre Motril y Lújar sigue cortada y obliga a los vecinos de esta zona a bajar hasta Castell de Ferro para conectar con Motril, Almería o Granada.

En el interior del viejo alcornocal de Lújar, los insectos polinizan las plantas. Vuelan abejas y otros muchos himenópeteros, que junto a mariposa y coleópteros aprovechan el néctar de las flores. En la sierra del jaral, englobada en la de Lújar han vuelto a crecer pies de jara pringosa, la especie que da nombre un territorio que vuelve a vivir tras haber conocido el fuego del infierno.

Francisco Valle Catedrático de Botánica - UGR
«La sierra recuperará su imagen en solo cinco años» 
La vegetación mediterránea ha cumplido con las expectativas y comenzó a rebrotar a las pocas semanas del incendio. Ahora, un año después, algunas plantas fundamentales para el futuro del bosque han alcanzado ya la mitad de su tamaño adulto, indica el botánico Francisco Valle, que afirma que los alcornoques han rebrotado casi en su totalidad y en un plazo de cinco años aportarán a la sierra una imagen que hará olvidar, en gran parte, el efecto devastador del fuego.
Afirma que mientras entre los alcornoques la masa vegetal se recupera, y los árboles ya lucen sus retoños, en las zonas donde el pinar era más denso,  no ha vuelto a crecer nada por la gran intensidad que alcanzó el fuego. Cree que es el momento de plantearse no volver a plantar pinos en los lugares donde se encontraban y dejar que el matorral comience a tapizar las laderas, en las que desde hace meses, con las lluvias del invierno, comenzaron a crecer masas de palmitos, torvizcos y madreselvas.

El bosque perdido
El último recorrido por un paraje desaparecido para siempre, las imágenes y sensaciones que no volverán a ser captadas
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle

Tenían los troncos desnudos, la corteza vegetal mostraba un color rojizo y delataba que durante años, al menos un lustro, estuvo cubierta de corcho. Eran grandes árboles, algunos de ellos con más de diez metros de altura y espesas copas de hoja caduca, alcornoques (Quercus suber) que cubrían un territorio que desde las cumbres más elevadas de la Sierra de Lújar, caían hacia el mar. Ejemplares de repoblación que ocuparon los espacios conocidos como la sierra del Jaral y el cerro de la Campana Ariza, entre 550 y 950 metros de altitud. Un denso bosque que colonizó ecosistemas hacia oriente, más allá de donde se encuentra su óptimo de crecimiento y supervivencia, un alcornocal que junto con el del Haza del Lino, en la cumbre de la Contraviesa, eran los más meridionales de la península Ibérica y los más altos de Europa.

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No es fácil encontrar este tipo de comunidades vegetales en la provincia de Granada. Pero la  climatología de esta zona ha favorecido siempre las necesidades de una especie que está considerada como subatlántica y con mayor presencia en el Mediterráneo occidental. Las máximas extensiones de esta especie se encuentran en el Parque de los Alcornocales de Cádiz, el norte de la provincia de Huelva y en el Algarve portugués. Pero a mediados del siglo XIX, la familia Martín-Moré, decidió incrementar la presencia de alcornoques, Quercus suber y a los autóctonos se sumaron otros de repoblación que completaron espacioes en estas laderas, y especialmente en el Haza del Lino. Los alcornocales, durante décadas fueron una parte importante de la economía de pueblos como Lújar, Gualchos, Polopos y Sorvilán. 

El mantenimiento del alcornocal de la sierra del Jaral, evitó durante mucho tiempo la especulación y sobre todo facilitó la naturalización de un territorio al que se sumaron algunos pinares de repoblación, pero que gracias a la mínima alteración ecológica del suelo y su entorno, permitió el crecimiento de la vegetación típica de una ladera mediterránea, y especies que suelen vivir junto a alcornoques y ecosistemas donde hay un alto grado de humedad. Un alcornocal que logró resistir siglos de evolución y que no pudo sobrevivir al fuego.

Nieblas y brumas
Los botánicos, F. Valle, M.T. Madrona, y C. Salazar, de la Universidad de Granada, afirmaban en un estudio científico sobre este singular alcornocal, que la especie más abundante en el matorral era Cistus ladanifer, llamada vulgarmente jara pringosa, «que coloniza el bosque, clareado con gran eficacia, gracias a su enorme producción de semillas. No faltan los elementos termófilos propios de las formaciones termomediterráneas, los acebuches (Olea europaea var sylvestris), palmitos (Chamaerops humilis), y zarzaparrillas (Smilax aspera)». Todo un elenco de especies poco habituales en un territorio tan meridional como la cara sureste de la sierra de Lújar. Un bosque que se mantenía gracias a la presencia continuada de nieblas y brumas que ascienden desde el mar y que al no poder superar la altitud de la sierra de Lújar permanecen para alimentan flora y fauna. Era fácil oír el canto de una gran diversidad de aves forestales: herrerillos, carboneros, pinzones y las omnipresentes tarabillas, que compartían ecosistema con aves rapaces, como azores y águilas calzadas, y nocturnas como los mochuelos. 

A pesar de ser un espacio de propiedad privada era posible pasear por algunos de sus senderos y conocer la belleza y magnitud de un verdadero islote botánico. La proximidad a la localidad de Lújar favorecía el acceso a caminos que, en la mayor parte de su recorrido, aún tienen el mar como paisaje de fondo. La carretera que desde Carchuna conecta con Lújar, por la sierra del Conjuro, cruza el corazón del territorio que ocupó el bosque, bajo el parque eólico que corona la cresta de las colinas. A unos tres kilómetros antes de llegar al pueblo, el viejo camino de acceso a los antiguos cortijos de esta finca recorría algunos de los mejores parajes para disfrutar del bosque y sus secretos, perdidos para siempre. Desde Lújar, en la zona alta, todavía parte un sendero que entre vaguadas y barrancos ascendía hacia la zona baja del alcornocal. Un camino de gran belleza en el que era posible respirar el aire húmedo del litoral y conocer la esencia del sur de Granada: agrestes laderas de cortados y vaguadas que se hunden en el mar.


La sierra y los acantilados litorales
La declaración como parque natural de la sierra de Lújar, posiblemente no habría evitado un incendio de estas características, pero habrçia contribuido a un mayor control de las infraestructuras que se encontraban en el interior de los bosques y parajes naturales de este entorno. Esta sierra aún posee biodiversidad y valores ecológicos más que suficientes para obtener la declaración de parque natural, un territorio que debe intregrar la ladera norte hacia Órgiva, el alcornocal del  Haza del Lino y los tajos, acantilados y calas desde Calhonda a Castell.

Explotaciones de corcho en parajes naturalizados
La plantación de alcornoques que a mediados del siglo XIX realizó Emilio Moré, en las laderas de Lújar y el Haza del Lino, se habían convertido, 150 años después, en parajes privilegiados que se mantuvieron inalterados y naturalizados gracias a su explotación como productores de corcho, que se ‘sacaba’ cada nueve años. Tras el incendio de Lújar, solo queda el alcornocal del Haza del Lino, el bosque de Quercus  suber más alto de Europa.


Lújar, el día de antes... y después del fuego
Un entorno natural privilegiado con campos de almendros,  cultivos de primor y cortijos. 

Fotogalería con imágenes realizadas antes del incendio para la elaboración del reportaje El bosque perdido y tras el incendio hemos buscado los mismos lugares para mostrar el efecto del fuego.
Fotos anteriores al incendio: J. E. Gómez / Waste - IDEAL
Fotos posteriores al incendio: Javier Martín / IDEAL

Las laderas de la sierra del Jaral eran hasta hace sólo unas horas uno de los escasos reductos donde aún se mantenían los usos tradicionales de la tierra, con la sostenibilidad como base de su economía
granada. La tierra ha cambiado su imagen. Desde los altos de Gualchos y las playas del litoral oriental, la sierra de Lújar ya no es la franja de color verde oscuro sobre la que se dibuja una línea de molinillos de viento, con una casi permanente bruma entre sus vaguadas y barrancos que intenta, sin conseguirlo, superar una altitud de casi un millar de metros y aporta un gradiente de humedad que durante milenios ha permitido la pervivencia de ecosistemas mediterráneos húmedos e, incluso, de bosques  propios de territorios atlánticos, alcornocales convertidos en los más meridionales de la Península y los más altos de Europa. El fuego ha destruido las tierras y la forma de vida de un municipio que había convertido sus valores naturales en una de sus principales señas de identidad.

El día 8 de julio marca un antes y un después para la historia de Lújar sus gentes y para aquellos que conocieron sus campos y senderos. Estas imágenes se tomaron horas antes de saltar las llamas. Con el fuego se han ido gran parte de los cortijos que se encontraban en las laderas Noreste de la sierra –llamada del Jaral–, algunos de ellos dedicados a la agricultura tradicional, con plantaciones de almendros, árboles frutales y parcelas aterrazadas de cultivos de primor, los clásicos de la Alpujarra y la Costa. 

Hasta antes de ayer, la naturaleza se adentraba en el pueblo de Lújar. Los senderos de acceso a sus bosques empezaban en la calle principal de un núcleo de población que miraba a sus montes y barrancos, y ascendía, entre matorral mediterráneo, junto a orquídeas en primavera y verano, lentiscos, lavandas y cantuesos, difíciles de encontrar en otros puntos de la Costa, y hasta pinares, que aunque de repoblación, estaban ya naturalizados, entre los que viejos cortijos habían sido convertidos en casas rurales vacacionales en contacto directo con el medio natural. 
El fuego ha truncado el esfuerzo de los vecinos de un municipio que desde hace años apostaba por la comunión con el ecosistema. En el alcornocal y zonas limítrofes, varios complejos rurales se habían convertido en destino de personas amantes del ecoturismo. Un municipio de bellos parajes con montes teñidos de verde.


Rebrotarán en unos meses
Expertos afirman que casi todos los alcornoques se recuperarán con un otoñó lluvioso
«Si llueve veremos verdear las laderas de Lújar en muy poco tiempo», afirma el catedrático de Botánica Francisco Valle, que confía en la posibilidad de regeneración de las especies mediterráneas 
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle
La capacidad de vencer al fuego que posee la flora autóctona que crece en el sur de la provincia de Granada es asombrosa. La vegetación esta preparada para volver a crecer, ya sea renacer en sus pies calcinados o reproducirse a partir de las semillas que han quedado bajo las cenizas. Los expertos ofrecen una visión esperanzadora tras la catástrofe de Lújar:  «Los alcornoques son los árboles que antes rebrotan tras el fuego. La corteza de corcho les protege y logran recuperarse  de forma rápida», afirma el catedrático de Botánica de la UGR y especialista en regeneración vegetal, Francisco Valle, que se basa en la experiencia puesta en práctica en un gran incendio que se produjo en la localidad malagueña de Coín en 2012, «donde solo tres meses después, en los alcornoques aparecieron ramas verdes de más de 20 centímetros que salían de troncos aparentemente calcinados».  Las especies mediterráneas, afirma Valle, están preparadas para volver a colonizar los territorios incendiados, pero es necesario no interponer obstáculos que les impidan crecer de nuevo y recrear el ecosistema perdido.

El catedrático de Botánica, Francisco Valle.
«Según los datos que nos aportó el incendio de Coín, una zona similar en cuanto a temperaturas medias y altitud a la de Lújar, sería posible decir que todos los alcornoques se recuperarán. Lo harán más rápido o más lento dependiendo de la pluviosidad que se produzca con la llegada del otoño. En Coín los primeros Quercus suber que verdearon lo hicieron a los tres meses del incendio, y a los cuatro ya se veían algunos de ellos con brotes muy densos», dice Valle, que no puede predecir el tiempo que habrá que esperar para ver ramas verdes en los alcornoques de Lújar, «pero tiene que ser un periodo similar si se producen lluvias. Hay que tener en cuenta que los meses que pasaron tras el incendio de Málaga y la siguiente primavera fueron muy lluviosos, lo que favoreció el crecimiento de las plantas, tanto de los alcornoques como de una gran cantidad de especies de matorral mediterráneo».

Hay que tener en cuenta que en las laderas de Lújar se registran niveles de lluvia mucho más elevados que en la sierra de Coín. En Lújar cae una media anual de entre 600 y 1.000 milímetros (es decir 600 y 1.000 litros por metro cuadrado al año), una cantidad que se considera muy alta en relación con el resto de la provincia de Granada, lo que ha favorecido siempre la permanencia del alcornocal y su vegetación asociada.

Las primeras plantas que aparecerán sobre las cenizas del incendio serán especies representantes del matorral mediterráneo, brezos, torvizcos, laviérnagos y esparragueras, que poseen una enorme capacidad de regeneración. Junto a ellas, al inicio de la primavera, podrían aparecer plantones de una de las especies más habituales hasta ahora en este lugar, la jara pringosa, que junto a otras jarillas, tapizarán de verde, rosa y blanco las laderas, que para la primavera, si ha llovido, ya se podrán ver cubiertas de una capa verde. «Esto hará que el paisaje cambie de forma considerable y el aspecto ya no sea el de un área calcinada. La primavera aporta siempre un valor añadido a un territorio, pero en este caso supondrá un signo de esperanza», afirma el botánico.


Brotres de alcornoque en los troncos quemados del incendio de Coín en 2013.


Brotes en el incendio de Coín

Paciencia
Aunque los resultados de la acción de la naturaleza se verán pronto, es necesario tener paciencia. No hay que correr para recuperar el territorio quemado. «Es muy importante no destrozar los suelos donde están las semillas, ni retirar los pies calcinados, porque en su mayoría podrán rebrotar. Es algo que se verá en poco tiempo», dice Francisco Valle, que entiende que en los pueblos las gentes quieren recuperar lo perdido cuanto antes, y las administraciones se ven presionadas para repoblar, «pero sería un grave error que ya se ha cometido en muchos sitios, entre otros en el reciente incendio de Cenes».

Lo que sí hay que hacer es intervenir en la prevención de la erosión que la ausencia de árboles y matorral puede provocar. Hay que evitar movimientos de tierras en barrancos y espacios de correntía, con las construcción de diques, pero «no hay que arrancar ni replantar ejemplar quemados. La clave está en esperar»

La situación geográfica de este espacio, y en particular del alcornocal, favorecerá su regeneración, ya que las casi constantes brumas que suben desde el mar y la bonanza de las temperaturas serán elementos fundamentales que ayudarán a la recuperación. Hay que esperar. Muy pronto, al paso del verano y el otoño, veremos verdear las laderas de Lújar.


Vegetación / Flora

Agave americana (Pita)
Antirrhinum hispanicum (Rompepiedras)
Anthyllis cytisoides
Arbutus unedo (Madroño)
Aristolochia baetica (Aristoloquia)
Asparagus albus
Asphodelus macrocarpus (Asfodelo)
Bituminaria bituminosa
Capparis spinosa, (Alcaparra)
Castanea sativa (Castaño)
Ceratonia siliqua (Algarrobo)
Cerastium glomeratum

Chamaerops humilis (Palmito)
Cistus albidus (Jara blanca)

Cistus clusii (Romero macho)
Cistus ladanifer (Jara pringosa)
Cistus monspeliensis (Jaguarzo negro)
Cistus salvifolius (Jara negra)
Clematis flammula (Clematide)
Convolvulus althaeoides
Cynoglossum cheirifolium subsp cheirifolium
Daphne gnidium (Torvisco)
Erica arborea (Brezo blanco)
Ficus carica (Higuera)
Genista umbellata (Bolina)
Hedera helix (Hiedra)
Helichrysum stoechas (Manzanilla mala)
Juniperus oxycedrus (Junípero)
Lathyrus clymenum
Lavandula multifida (Alhucemilla)

Lavandula stoechas (Cantueso)
Lavatera oblongifolia (Malva de la Alpujarra)
Lobularia maritima
Lonicera implexa (Liana trepadora)
Macrochloa tenacissima /Stipa tenacissima (Esparto)
Neotinea maculata
Olea europaea (Olivo)
Ophrys apifera (Orquídea abeja)
Ophrys lutea
Ophrys speculum
Ophrys tenthredinifera
Opuntia- ficus-indica (Chumbera)

Orchis collina
Ophrys fusca (abejera oscura)
Ophrys scolopax
Orchis mascula
Orchis papilionacea
Oxalis pes-caprae (Vinagreta)
Pallenis spinosa
Phagnalon rupestre (Yesquera)
Phillyrea angustifolia (Labiernago)
Phlomis lychnitis (Candilera)

Phlomis purpurea (Matagallo)
Pinus halepensis (Pino carrasco)

Pinus pinaster subsp.acutisquama (Pino maritimo)
Pistacia lentiscus (Lentisco)
Pistacia terebinthus (Cornicabra)
Prunus dulcis (Almendro)
Quercus coccifera (Coscoja)
Quercus suber (Alcornoque)
Ranunculus spicatus sbsp. blepharicarpos
Reichardia tingitana
Rhamnus alaternus (Aladierno)
Rhamnus lycioides subsp lycioides  (Espino negro)

Rhamnus myrtifolia (Carrasquilla)
Rosmarinus officinalis (Romero)
Rubia peregrina (Rubia silvestre)
Rumex induratus
Santolina chamaecyparissus
Scirpoides holoschoenus(Junco churrero)
Sherardia arvensis
Silene gallica
Smilax aspera (Zarzaparrilla)
Spartium junceum (Retama de olor)
Stellaria media (Pamplina)
Tamus communis (Nueza negra)
Teucrium fruticans (Salvia amarga)
Thapsia villosa (Zumillo)
Thymbra capitata (Tomillo aceitunero)
Thymelaea hirsuta (Bolaga)
Ulex parviflorus (Aulaga)
Umbilicus rupestris (Ombligo de venus)
Vitis vinifera (Vid)

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El incendio que asoló el alcornocal de Lújar
El día 8 de julio un incendio se inició en la zona suroeste de las las laderas de la sierra del Jaral, en la Sierra de Lújar, a pocos kilómetros de la localidad, que se extendió hacia el interior del alcornocal. El fuego, que se mantuvo activo durante 44 horas, calcinó más del 80% del territorio de este municipio y la totalidad el alcornocal, un paraje natural de alto valor ecológico que aunque se originó con plantaciones de alcornoques para la extracción de corcho, se había naturalizado y convertido en seña de identidad de esta zona de la provincia de Granada.
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El alcornocal más alto del planeta

Alcornocal del Haza del Lino
El Haza del Lino se encuentra en la provincia de Granada, en la Sierra de la Contraviesa en la Alpujarra baja. La máxima altitud se sitúa en el Puerto del Haza del Lino con 1.280 metros y el Cerro de la Salchicha, con 1.545. El alcornocal autóctono fue incrementado con plantaciones en el siglo XIX junto al cercano de la Sierra de Lujar, ambos de titularidad privada para aprovechamiento del corcho. Es el que se encuentra a mayor altitud de toda la Península Ibérica. Incluido en el sector biogeográfico Gadorense al que pertenecen tambien Sierra Nevada, Sierra de los Filabres, Sierra de Gador, Sierra de Lujar - La Contraviesa.
En la zona podemos encontrar junto a la vegetación autóctona gran número de especies cultivadas para su aprovechamiento, junto al alcornocal podemos localizar viñas, castaños, almendros...




La sierra de Lújar quiere ser parque
Reportaje publicado en IDEAL
Reportaje publicado en IDEAL el 12 de agosto de 2013
Serie: Panorámicas

De los olivos centenarios a las minas de Órgiva
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