-
-
-
-
-
-
- |
. |
|
| Vulcanismo |
Cristian Frers.
Tte. Gral. Juan D. Peron 2049 7mo. "55".
(1040) Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
República Argentina.
|
Definición
Fenómeno por el cual un magma originado
en el interior de la litosfera se pone en comunicación con la superficie
de la Tierra a través de una zona de fractura de esta.
Introducción
La palabra volcán proviene del latín
Vulcanus, el dios del fuego para los antiguosromanos.
Un volcán es una abertura en la superficie
de la Tierra por la que la roca incandescente (más conocida como
lava) y otros materiales que se encontraban en las capas más internas
de la corteza terrestre alcanzan la superficie. Cuando esos materiales
expulsados se enfrían (y se vuelven sólidos) forman una estructura
que por lo general tiene forma de cono (la montaña que rodea a la
abertura).La actividad volcánica ocurre cuando el magma llega a
la superficie de la Tierra a través de una abertura central o una
grieta larga (fisura). Dicha actividad puede liberar materiales eyectales
(desechos que van desde trozos de roca de lave hasta cenizas, que pueden
esta incandescentes), lava líquida y gases (vapor de agua, dióxido
de carbono, dióxido de azufre, nitrógeno y otros) en el ambiente
circundante.
La actividad volcánica está concentrada,
en su mayor parte, en las mismas áreas que la actividad sísmica.
Generalmente se encuentra en los límites de placas divergentes y
convergentes, a veces en lugares intraplacas y tal vez en unas pocas fallas
de transformación.
La erupción del volcán Etna
El monte Etna, el mayor volcán activo
de Europa, despertó el domingo lanzando un río de lava y
causando una serie de pequeños temblores que dañaron edificaciones
en sus laderas, dijeron funcionarios.
La lava destruyó algunas torres de funiculares
para esquiadores en Piano Provenzana, área situada a 2.300 metros
de altitud. No hubo lesionados, ya que el área había sido
desalojada y cerrada por la policía, según dijeron funcionarios
de defensa civil de Catania. La lava se iba reduciendo y no ha alcanzado
asentamientos humanos en las laderas del Etna.
El volcán lanzaba además cenizas
y arena en cantidad tal que podía verse desde poblaciones situadas
a varios kilómetros, informaron los medios italianos. La nube de
ceniza negra dificultaba la circulación en las calles. Luego de
meses, el Etna reanudó su actividad durante la noche; más
de 200 temblores leves se sintieron en el este de Sicilia. El más
fuerte tuvo una magnitud 4,2, según el Instituto Nacional de Geofísica
y Vulcanología .Los terremotos causaron daños menores a dos
hoteles cerca de Piano Provenzana, que fueron desalojados. La actividad
del volcán es intermitente, descansa durante meses. La más
reciente erupción potente fue en 1992. El Etna, que tuvo su mayor
erupción en 1992, comenzó a desbordar lava el domingo después
de registrarse más de 100 pequeños terremotos en el este
de Sicilia y parte de la península de Italia.
El Instituto Nacional de Geofísica y Volcanología
registró más temblores durante la noche del lunes y en la
mañana del martes otro sismo, de 2,9 en la escala de Richter, sacudió
la zona cercana al volcán.
Las cenizas continuaban cayendo sobre Catania,
la segunda ciudad más grande de Sicilia, y los residentes del lugar
llevaban paraguas para protegerse de partículas llameantes.
El aeropuerto más importante de Catania
fue cerrado por tercer día, y el tráfico aéreo fue
desviado a la capital de Sicilia, Palermo.
El Etna está casi siempre retumbando,
pero los expertos dicen que sus fisuras actúan como ventilación,
dejando que salga la presión a intervalos regulares en vez de dejar
que se infle hasta registrar una gran explosión.
Funcionarios de Protección Civil dijeron
el martes que algunas de estas fisuras podrían haberse agrandado
por la noche debido a los temblores.
El Etna no ha producido ninguna actividad seria
desde una serie de erupciones en julio y agosto del año pasado,
descritas como una de las más grandes y complejas en 300 años.
Los sicilianos lo llaman el gigante bueno: "vivimos
de la montaña", dicen los habitantes de las faldas y la base del
volcán. El Etna atrae a cientos de miles de turistas y favorece
una agricultura próspera, y en su larga historia produjo muchos
desastres y leyendas. Dicen que hace 600 mil años mostró
señales de actividad. Pero su peor perfomance la cumplió
en 1669, cuando los ríos de lava arrasaron la mayor parte de la
ciudad de Catania.
La última tragedia se registró
en 1979, cuando nueve turistas imprudentes fallecieron con las cabezas
rotas por las piedras que les cayeron encima.
Los antiguos conocían y cantaban a la
naturaleza volcánica del Etna. Los griegos fundaron Katanea en el
729 antes de Cristo y su extraordinaria mitología indicó
que en las entrañas del Etna habitaban Vulcano y los Cíclopes,
y que el gigante Tifón, con sus contorsiones, Terremotaba el suelo.
Píndaro y Esquilo describieron la erupción
del 475 a.C. Homero se fascinó con lo majestuoso del volcán
a cuyos pies estaba Katanea, que los romanos hicieron luego crecer y prosperar
llamándola para siempre Catania. Homero llevó el mito a la
cumbre del arte narrando que en las entrañas del Etna habitaba nada
menos que el gigante Polifemo, con su único ojo, a quien Ulises
dejó ciego en combate.
El vulcanismo y la distribución de
los riesgos de volcanes en la Argentina
Afortunadamente, si se lo compara con otros lugares
del mundo, en la Argentina el volcanismo no alcanza, como fenómeno
peligroso, tan alto grado de impacto sobre las actividades humanas y la
vida de los pobladores. Sin embargo, no debe pensarse que se trata de un
país en el cual el proceso volcánico no sea un factor de
riesgo. Existen numerosas evidencias que indican la extensión y
alcance del volcanismo. En primer lugar, la evidencia geológica
señala claramente la importancia del volcanismo en tiempos geológicamente
recientes. Así, la Cordillera de los Andes, que corresponde tal
como se ha dicho a un arco magmático, presenta numerosos aparatos
volcánicos los que han estado en actividad desde el comienzo del
Mioceno (hace 23 millones de años) hasta el presente.
Particularmente pueden reconocerse grandes estratovolcanes,
calderas andesítico-dacíticos y plateaux basálticos
de edades pliocenas superiores y cuaternarias (con menos de 2 millones
de años), relacionados con el último gran evento tectónico
de ascenso y fallamiento de la Cordillera de los Andes (fase diastrófica
diaguítica de la orogenia andina). Las lavas y los depósitos
de materiales piroclásticos asociados a estos eventos volcánicos,
alcanzan enormes extensiones areales y grandes espesores en todo el sector
occidental de la Argentina. Predominan en el sector noroeste, en la Puna
y desde el sector medio de la provincia de Mendoza hasta el extremo sur
de Santa Cruz, extendiéndose en algunos sectores no solo en la franja
cordillerana sino también en el ambiente extraandino de Mendoza,
Neuquén, La Pampa y Santa Cruz.
Otras evidencias de registros de actividad volcánica
reciente surgen del estudio de los suelos de la mayor parte de nuestro
país, y en particular los de la Región Pampeana. Estos muestran
una preponderante participación de materiales volcánicos.
Estos materiales se depositaron en diferentes momentos del Cuaternario
ya sea como lluvia de cenizas o transportados por el viento desde la zona
cordillerana. Los materiales originarios dominantes de los suelos de la
región son conocidos como loess, semejantes a los existentes en
otros lugares del mundo. Sin embargo, es precisamente el predominio de
materiales volcánicos lo que diferencia al loess pampeano del loess
de otras regiones, como China, Norteamérica y Rusia. Esta particularidad
ya fue señalada por los primeros investigadores que los estudiaron
en el siglo pasado como D´Orbigny, Darwin y Ameghino.
A estas evidencias se suman los datos recogidos
directamente por el hombre, de erupciones históricas acaecidas en
algunos volcanes de la zona fronteriza o sectores aledaños de Chile.
Así, la mayor parte de nosotros recuerda la erupción del
volcán Hudson del año 1991 o nuestros padres y abuelos recuerdan
las cenizas que cayeron sobre Buenos Aires en 1932, durante la erupción
del Quizapu, a la latitud del sur de Mendoza. El arco magmático
cordillerano activo ha migrado en tiempos geológicos recientes,
en la mayoría de los casos, hacia el oeste, aproximándose
más a la zona de subducción, por lo que la mayor parte de
los volcanes activos y durmientes se encuentran localizados en el límite
internacional o pocos kilómetros al oeste, ya en el territorio chileno.
La Cordillera de los Andes, entre las latitudes en las que se encuentra
comprendida la República Argentina, presenta tres segmentos en los
cuales se concentra la actividad volcánica actual, si se exceptúa
el territorio antártico e islas del Atlántico sur. Estos
son un segmento norte entre Catamarca y Jujuy, un segmento centro-sur,
localizado en la cordillera de los Andes comprendida entre el cerro Tupungato,
en Mendoza y el norte de Chubut y un segmento austral, aproximadamente
coincidente con la extensión latitudinal de la provincia de Santa
Cruz. En el sector norte se encuentran los volcanes activos más
grandes del mundo: los cerros Ojos del Salado y Llullaillaco, ambos con
más de 6800 metros, en los límites de Catamarca y Salta con
Chile, respectivamente. El segmento sur presenta la mayor actividad actual.
En el siglo XX algunos volcanes han tenido erupciones
con diferente grado de impacto sobre distintos sectores del territorio
argentino. Debido a las características geológicas de la
Cordillera de los Andes las principales geoformas volcánicas son
los estratovolcanes o volcanes compuestos y las calderas. Ambos se vinculan,
como se vio más arriba, a erupciones de magmas mesosilíceos
a ácidos (andesitas y riolitas), con abundante actividad piroclástica
y comparativamente menor actividad lávica. Estas erupciones son
generalmente explosivas y usualmente corresponden a los tipos plinianos,
peleanos, freatomagmáticos y vulcanianos, todos los cuales se encuentran
precedidos y vinculados a grandes sismos y temblores.
Entre las erupciones volcánicas que impactaron
durante el siglo XX el territorio nacional, se destacan las de los cerros
Descabezado-Quizapu (1932), Tupungatito (1952, 1980 y 1986), Peteroa (1991),
Hudson (1991), Copahue (1992), Lascar (1989-1993) y Llaima (1994). El impacto
de las mismas en la Argentina se produjo principalmente por depositación
de lluvias de cenizas. Al inicio de este artículo se distinguió
entre peligrosidad volcánica y riesgo volcánico, estableciendo
que para la determinación del segundo era necesario contar con la
valoración de la localización de asentamientos humanos y
actividades socioeconómicas que pudieran ser afectados. Por la ubicación
de los centros volcánicos activos en zonas escasamente pobladas
o directamente no pobladas, los impactos directos de los volcanes, ya sean
efectos de las lavas y flujos piroclásticos son comparativamente
poco significativos. Los efectos indirectos, principalmente sobre las actividades
agropecuarias son potencialmente mucho mayores. Estos son generalmente
debidos a la acumulación de cenizas volcánicas las que interfieren
con el ciclo de vida de las plantas a la vez que afectan las propiedades
de los suelos y cuerpos de agua, repercutiendo negativamente en las actividades
socioeconómicas de importantes sectores del país.
Así por ejemplo, la erupción del
Hudson provocó la mortandad de gran parte del ganado ovino existente
en la provincia de Santa Cruz, al disminuir considerablemente la cobertura
vegetal de la ya sobrepastoreada Patagonia extraandina. La erupción
del año 1991 (freatopliniana) afectó más de 300.000km2
alcanzando acumulaciones de más de un metro en los sectores aledaños
al Lago Buenos Aires, como en Los Antiguos y Perito Moreno. Bitschene (1995)
estima que la erupción del Hudson de 1991 implicó, en las
provincias de Chubut y Santa Cruz, pérdidas directas, estimadas
en más de 10 millones de pesos, en animales, lanas, viviendas, limpieza
de sistemas de provisión de agua, limpieza de aeropuertos, equipos
de comunicaciones y eléctricos, limpieza de caminos, etcétera.
En el caso del volcán Lascar, localizado en el norte de Chile, cerca
de la frontera con Salta y Jujuy, la depositación de cenizas relacionada
a las diferentes erupciones (plinianas) de los años 80 y 90 afectó
a buena parte del norte de la Argentina. Asimismo, se señalan reiteradas
erupciones volcánicas ocurridas en tiempos históricos en
el centro-sur de la provincia de Mendoza como una de las principales causas
de la degradación de las tierras de la misma.
Una de las pocas zonas en las cuales las erupciones
pueden tener efectos directos sobre asentamientos humanos, es en algunos
sectores de la Cordillera Neuquina, especialmente en la zona del cerro
Copahue, en las proximidades del cual se localiza la localidad homónima
y Caviahue. Asimismo, la zona del volcán Lanín, en las cercanías
de San Martín de los Andes y Junín de los Andes, debe estudiarse
con mayor detalle a los efectos de establecer el grado de peligrosidad
del mismo, ya que muestra evidencias de actividades holocenas (menos de
10.000 años) y se localiza en estrecha relación tectónica
con volcanes activos de Chile ubicados muy próximos, como por ejemplo
el Villarica y el Quetrupillan. Finalmente, como impactos directos de eventos
volcánicos relativamente alejados del lugar afectado, puede señalarse
la presencia de grandes temblores, como por ejemplo los que tuvieron lugar
en Bariloche en 1961 y el lagomoto del Nahuel Huapí que produjo,
además de daños materiales, pérdida de vidas (erupción
del volcán Osorno).
A modo de conclusión se puede decir que
los principales peligros, desde el punto de vista volcanológico,
se encontrarían relacionados con aquellos sectores en los que predominan
las erupciones de magmas ácidos a mesosilíceos, más
viscosos, con altos contenidos de gases. Este tipo de volcanismo es precisamente
el dominante en la Cordillera de los Andes, a la latitud de nuestro país.
Por otro lado, el riesgo volcánico se ve incrementado por la presencia
de poblaciones localizadas en las zonas aledañas a los volcanes,
por la existencia de un relieve abrupto, con pendientes potencialmente
inestables, proximidad a cuerpos de agua (como lagos, casquetes de hielo
o ríos) así como a condiciones climáticas regionales
húmedas, existencia de vientos dominantes (como en el caso de la
Argentina, en la cual los vientos del Oeste son importantes y por lo tanto
efectivos a la hora de traer los productos de los volcanes de la zona del
límite o de Chile). Finalmente, no se puede dejar de tener en cuenta
que la falta de programas de protección civil, lamentablemente muy
importante en la Argentina, incrementa la potencialidad de riesgos volcánicos.
Como mitigar la erupción de un volcán
La predicción de la actividad volcánica
se está estudiando y ha sido mejorada notablemente durante el siglo
XX. Con los mapas sismográficos, la historia eruptiva de un volcán
o un centro volcánico da alguna indicación de dónde
se hallan los riesgos. Se ha tenido mucha experiencia en el Observatorio
de Volcanes de Hawai, en Kilauea, en la predicción de erupciones
allí y se investiga actualmente en el Monte St. Helens y en otros
lugares como Japón, que tiene el 10% de los volcanes activos del
mundo.
Aunque toma tiempo acumular los datos necesarios
para detectar los patrones de comportamiento y cada volcán tiene
su propia personalidad, ahora los vulcanólogos buscan un fenómeno
precursor como la inclinación o abultamiento del cono, cambios en
las propiedades térmicas del volcán, variaciones en la composición
del gas y actividad sísmica intensificada.
El control de las erupciones volcánicas
parece imposible, pero ha habido algo de éxito en ello. Las técnicas
experimentales incluyen el obstruir los flujos de lava, de lodo y de desechos;
bombear los flujos de lava y dispersarlos con agua, todo lo cual ha ayudado
en algunos casos.
Los objetivos son:
A) Contribuir a la reducción de los desastres
por amenazas naturales.
B) Desarrollar y fortalecer las capacidades para
contribuir a la solución de problemas científicos y técnicos,
relacionados con amenazas naturales y control de evaluación de vulnerabilidad.
C) Contribuir para incrementar a todos los niveles
y sectores de la comunidad, una percepción de las amenazas naturales,
vulnerabilidad y recursos modernos para el control de los efectos adversos.
Medidas que deben adoptarse
-Identificación y análisis del
riesgo y la evaluación de sus consecuencias.
-Zonificación del riesgo.
-Evaluación del suceso en tiempo real
para la aplicación oportuna de las medidas de protección.
-Composición de la estructura operativa
del Plan, considerando la incorporación de organismos especializados
y personal técnico necesario.
-Características de la información
a la población diferenciando la relativa al conocimiento de riesgo
y al conocimiento del Plan.
-Establecimiento de sistemas de alerta, para
que las actuaciones en emergencias sean eminentemente preventivas.
-Planificación de medidas específicas,
tanto de protección, como de carácter asistencial a la población.
Para esto debe implementarse un Plan de Gestión
Ambiental
El éxito en la implementación de
un Plan de Gestión Ambiental depende del compromiso y la implicación
de todo el personal, en todos los niveles y funciones.
Es en los altos niveles donde se ha de definir
la política de Gestión Ambiental a seguir y son estos niveles
los que han de evaluar y revisar el sistema de gestión para asegurar
su adecuación y su eficacia.
Una vez implantado un Plan de Gestión
Ambiental se deberá hacer que se examinen, por parte de un estamento
objetivo, imparcial, capacitado y debidamente acreditado, la política,
el programa, el Plan de Gestión, el procedimiento de evaluación
o de la auditoría y la declaración o declaraciones ambientales
para comprobar que cumplen los requisitos, así como validar las
declaraciones ambientales.
El verificador ambiental deberá ser independiente
del auditor del centro, y para ejercer sus funciones deberá estar
acreditado por un organismo de acreditación que garantice su imparcialidad
e independencia.
El organismo verificador debe tener un registro
de cualificación de su personal con respecto a:
-Metodología de auditoría
ambiental.
-Conocimientos sobre gestión y procesos
de gestión.
-Problemáticas ambientales.
-Legislación y normativa ambiental.
-Conocimiento adecuado de las actividades a verificar.
En cuanto a los órganos competente para
la Planificación hay que destacar los siguientes:
A) El Gobiernos: Le corresponde como órgano
superior de dirección y coordinación en materia de protección
civil, aprobar, a propuesta del Ministro del Interior y previo informe
de la Comisión Nacional de Protección Civil, los Planes Básicos
y los Planes Especiales de ámbito estatal, así como las Directrices
Básicas de los Planes especiales.
B) Las Comunidades Autónomas: Son las
encargadas de elaborar y aprobar sus correspondientes Planes Territoriales,
así como los Planes Especiales cuyo ámbito territorial de
aplicación no exceda del de la propia Comunidad Autónoma.
C) Las entidades locales: elaboraran y aprobarán,
cuando proceda y según el marco de planificación establecido
en cada ámbito territorial, sus correspondientes Planes territoriales
de protección civil.
Temas relacionados
Volcanes, prevenir su erupción
Copyright © Waste magazine
|
|
|
| .. |
|
|
. |
. |
.. |
| . |
|
|
|
. |
. |
|