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Ruta hacia la Abadía del Sacromonte, las cuestas, sus cruces y el interior de las cuevas de los mártires y los libros plumbeos....

TEMAS * --------© Textos-fotos-videos: Merche S. Calle / Juan Enrique Gómez / Waste---
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LA RUTA DE LOS LIBROS PLÚMBEOS
El Camino de los Peregrinos
Ascender a la Abadía del Sacromonte es rememorar el primer ‘camino’ de peregrinos de la historia del sur de la península Ibérica
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle / IDEAL - Waste Magazine
El graznido de las grajillas llega desde los arcos tras los que se sustentan las grandes campanas que coronan la torre Turpiana, la atalaya inacabada que singulariza la Catedral de Granada, el templo renacentista levantado sobre la milenaria Mezquita Mayor de la capital del reino nazarí. Parecen querer señalar un punto marcado por la historia, el lugar donde se inició la andadura de tradiciones que crearon la idea de la ciudad de las tres culturas, donde creció el anhelo de un inalcanzable respeto interconfesional, y nació una religión sincrética, entre musulmanes y cristianos, que se remontaba al siglo I y ofrecía mártires moriscos y misterios jacobeos en tierras de Ilíberis, sustentada en el más imaginativo, bienintencionado y audaz engaño de los últimos 400 años, y que se mantiene como parte fundamental de la cultura de una ciudad que cada primero de febrero aún camina en romería para honrar a su patrón, San Cecilio, martirizado en los viejos hornos romanos de Valparaíso, que los siglos convirtieron en capillas subterráneas rodeadas de almenas africanas y un gran complejo teológico que fue, durante siglos, el centro desde el que el cristianismo se expandió por tierras de Hispania, y la meta del primer camino de peregrinaje de la historia del sur de la península Ibérica tras la caída de la dinastía nazarí. (...)

(..) La ruta de peregrinaje que podría denominarse de San Cecilio, e incluso de los libros plúmbeos, se inicia en la Catedral y termina en los altos de la Abadía, en el interior de las cuevas donde se encontraron los restos martirizados del que fuese discípulo del apóstol Santiago y obispo de Ilíberis, la primitiva Granada, y unos extraños libros realizados en plomo con escritura labrada a base de buril, en una extraña mezcla de caracteres árabes y salomónicos. Planchas que acompañaban las cenizas y restos de los mártires, y que se convirtieron en la base de una teoría que pretendió confirmar la comunión de criterios entre islán y cristianismo, con el objetivo de dotar a los moriscos de un halo de cristiandad y evitar su persecución. 

Durante siglos fue la ruta de los peregrinos que esperaban conseguir el favor de Dios tras recorrer los primeros lugares en los que se expandió el cristianismo en Hispania, ya que creían las leyendas que señalaban que Santiago viajó al sur de la península por indicación de la Virgen, que le ordenó que iniciase su evangelización en el lugar donde un muerto se levantaría ante él, y eso ocurrió, según los libros de plomo, en el lugar donde se alza la Abadía, donde Santiago pronunció su primera Misa en Iberia junto a Cecilio y su hermano Tesifón, y por lo tanto, la tierra en la que por primera vez se pronunció la Palabra de Dios.
 

 
En la primera etapa de la ruta, en la Torre Turpiana de la Catedral, aunque no existen vestigios físicos ‘in situ’, es posible imaginar las sensaciones de quienes el 18 de marzo de 1588, mientras trabajaban en la demolición del antiguo alminar de la Mezquita Mayor, descubrieron una sencilla caja protegida con betún, que contenía un hueso de un dedo, un trozo de paño, una tabla pintada con la imagen de la Virgen vestida de ‘egipciana’, y un pergamino con un texto en árabe, latín y castellano, que servía de marco a una serie de celdas que a modo de tablero de ajedrez contenían letras rojas y pardas, que si se ordenaban, mostraban una profecía de San Juan. El pergamino decía que el hueso era del primero de los mártires cristianos, San Esteban, y el paño, un trozo del velo de la Virgen María. La inscripción latina decía que la caja fue guardada por Patricio, discípulo de San Cecilio, que firma el pergamino como obispo de Ilíberis. Era la confirmación de la presencia en Granada del que era considerado como el padre del cristianismo en España 

Desde la torre de la Catedral la ruta camina hacia Plaza Nueva para internarse en lo que era el arrabal del Albaicín y junto al río mirar hacia el Sacromonte. Es fácil caminar por la actual Carrera del Darro e imaginar una senda de piedra sobre la que cruzaba el puente del Cadí, hoy destruido, y se alzaban aún los restos de las mezquitas y casas árabes, para ascender hacia las laderas de Valparaíso, donde unos años después, en 1595, posiblemente quienes buscaban los tesoros escondidos por los moros antes de marcharse, encuentran cuatro láminas de plomo con escrituras entre latín y árabe, que en un lenguaje que se denominó, hispano-bético, profetizaban que se encontrarían otros libros de plomos, certificaban las reliquias de la torre Turpiana y dieron lugar a que centenares de personas subieran al monte a buscarlos.
El camino continúa entre las cuevas sacromontanas, por el trazado que tras la confirmación de los hallazgos se convirtió durante más de dos siglos en el mayor Vía Crucis de España, con más de un millar de cruces levantadas por gremios y devotos, desde Plaza Nueva hasta la Abadía, donde aún quedan algunas de las más vistosas. 

Es un recorrido de siete cuestas que enlazan la ciudad con el complejo religioso, con otra etapa fundamental, la ermita del santo Sepulcro, bajo la colina donde se alza la Abadía, el lugar donde terminaban las procesiones de fieles que se habían iniciado en las inmediaciones de la Real Chancillería. Desde ahí, entre pitas, arboledas y chumberas, la ruta asciende hasta las cuevas de los mártires, hasta las explanadas donde cada año, el primer domingo de febrero, los granadinos celebran la romería de su patrón.

Las cuevas de los Santos Mártires, es el final de la ruta de los libros plúmbeos. Es donde se encontraron las segundas láminas de plomo, hasta 223 planchas, que forman 21 extraños volúmenes, junto a cenizas y huesos humanos fraccionados. Eran, según los libros, los restos de San Cecilio y sus compañeros, martirizados el uno de febrero del año 55, en hornos que hoy forman parte de las cuevas sobre las que el arzobispo Pedro de Castro encargo construir la Abadía en la que aún se conservar las reliquias halladas en las cuevas y en la que se conservaron los libros de plomo hasta que se declararon falsos y se llevaron a la biblioteca del Vaticano, desde donde volvieron a la Abadía el 28 de junio de 2000, por deseo del cardenal Ratzinguer, que fue Benedicto XVI, y el que era arzobispo de Granada, Antonio Cañizares.
En el interior de las cuevas, una galería recorre diferentes oquedades en las que se encuentra una representación del horno donde murió San Cecilio, donde se encuentra la cruz que llevaba San Juan de Dios cuando pedía por la ciudad, y en las que se construyeron varias capillas con una clara vocación mariana, y una de ellas en la que se conserva la llamada piedra negra, junto a la que aparecieron los libros de plomo dentro de una caja pétrea, además de la capilla de Santiago, que se alza en el lugar donde se supone que celebró la primera Misa de España.

Es la ruta de los peregrinos que durante más de 400 años han mantenido el espíritu de aquellos que urdieron el plan de los libros plúmbeos, de quienes aprovecharon el hallazgo de las reliquias de la Torre Turpiana para crear una novedosa forma de concebir los dogmas islámicos y cristianos, y esparcieron las láminas de plomo en tierras de Valparaíso. Lograron aunar tradiciones, gremios y dos sectores sociales enfrentados en la Granada del XVII, incluso después de que Inocencio XI, en 1682, declarase la falsedad de los libros y lo hereje de sus contenidos. 

En pleno siglo XXI, la fiesta popular y religiosa convierte las explanadas y el camino de las cruces de la Abadía, en el centro de una creencia que tiene la convivencia y la unidad como base. Ahora, 429 años después, el misterio emana del interior de las cuevas de los mártires y envuelve el camino que las conecta con la Torre Turpiana, el nacimiento de un sueño. 


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Reportaje publicado en IDEAL el 1 de febrero de 2015
Las cruces del ‘Monte Sacro’
Solo quedan seis de las más de 1.200 que se levantaron en la ladera de Valparaíso, la colina convertida en el mayor vía crucis de la cristiandad.
Ascender hacia la Abadía y las cuevas de los libros plúmbeos es rememorar el ancestral sendero hacia el cielo de los gremios de la ciudad y entender el espacio natural del valle del Darro



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