Granada
ocupa el primer puesto en la lista de las ciudades más ruidosas
de España. La realidad del ruido en la ciudad, medido a lo largo
de toda una jornada con la ayuda de instrumentos de medición sonora
de la Asociación Granada contra el Ruido, no deja lugar a la duda.
De forma casi generalizada se superan en 15 decibelios los máximos
permitidos por la ordenanza municipal que regula las emisiones acústicas
en el casco urbano, lo que supone unos niveles que pueden provocar serios
problemas a la salud de los ciudadanos. Motos, autobuses urbanos, martilleos
de obras, gritos y el paso sobre adoquines de los vehículos son
las emisiones que han registrado valores más altos.
Datos extrapolables, por las características
de la ciudad de Granada, a ciudades de denso nucleo central urbano, turismo,
actividad juvenil universitaria y densidad de tráfico alta.
La ciudad está en silencio. El centro de Granada, Puerta Real,
parece tranquilo. Los ciudadanos afirman disfrutar de una mañana
de paz y sosiego. Son las 11 horas del viernes 9 de febrero. El sonómetro,
perfectamente calibrado, marca un nivel de 62 decibelios, sólo 8
menos que el máximo ruido permitido por la ordenanza municipal aprobada
recientemente. «Estamos tan acostumbrados a la contaminación
acústica de la ciudad que 62 decibelios, que está muy por
encima de lo que se consideraría tranquilidad, de 20 a 30,
nos parece una gloria para los sentidos», afirma Francisco Morales,
presidente de la Asociación Granada contra el ruido que, sonómetro
en mano, ha medido las emisiones acústicas de la ciudad.
La aparente tranquilidad dura poco tiempo. Al abrirse el semáforo
de Puerta Real, la pantalla del sonómetro sube a 85 decibelios,
15 más que el máximo permitido. No ha pasado ningún
vehículo preparado para destrozar tímpanos, sólo han
iniciado la marcha, un coche, un autobús y una moto. El paso de
los coches por ese punto, una vez iniciada la marcha, hace bajar las medidas
a 78 decibelios, 8 más de los permitidos. Sólo un autobús
urbano lanza la medida hasta 82 (el límite máximo es 70)
El sonido ambiente del centro de Granada oscila entre 63 y 72, aún
sobrepasa en 2 puntos el nivel máximo.
Muy cerca, en la calle Párraga, albaniles trabajan para adoquinar
la calle, martillean de forma suave. De 55 decibelios (sin martillo) pasa
a 70 (el máximo) en cada golpe. Los percutores para la apertura
de zanjas ubicados en la calle Paz, superaron los 103 decibelios (a 140
el tímpano estalla).
El adoquinado del centro es una de las causas que ha llevado a Granada
al primer puesto de las ciudades ruidosas. El paso de vehículos
en la calle Alhóndiga supera con creces los límites, un camión
de reparto dispara el sonómetro a 84, supera en 14 el máximo
permitido, una furgoneta se sitúa en 81 y una moto no alterada en
75. «Estamos junto a un hotel, el paso intermitente de emisiones
acústicas de este tipo puede romper los nervios a cualquiera»,
afirma Francisco Morales, mientras que pasa una moto de reparto de pizzas
y el equipo de medición se dispara: 92 decibelios a pesar de ser
un vehículo que, teóricamente representa a una empresa y
puede ser perfectamente controlado.
Alhamar y Ronda
La calle Alhamar, a pesar de ser una zona comercial, está muy
habitada. Sus niveles sonoros normales, sin coches, se sitúan entre
62 y 68. Sólo faltan dos puntos para el máximo, pero no hay
que esperar demasiado para que al paso de una moto normal el nivel suba
hasta 76. El paso de coches y gentes mantiene el sonómetro muy cerca
del máximo. Los operarios que trabajan en la instalación
de cables subterráneos no usan hoy sus martillos percutores.
El Camino de Ronda puede considerarse la vía más contaminada
de la ciudad. Además de los humos de los coches, el ruido es impresionante.
«Yo me tengo que poner una radio con música para poder estar
aquí y que tape el sonido de la calle», afirma la vendedora
de un quisoco de la ONCE. El paso de un autobús urbano junto al
cruce de Recogidas marca la segunda medición más alta, 97
decibelios, 27 más de lo permitido. El cláxon de un coche,
es la primera, 99 puntos. La totalidad del Camino de Ronda, en el paso
normal de vehículos supera también en 4 el valor máximo
legal.
24 infracciones
Durante 15 minutos de la tarde del viernes se midió el paso
de 63 motos. De ellas 24 rebasaron con creces el máximo permitido.
La mitad de ellas rlo superaron en más de 10 decibelios.
Policías impasibles
Mientras se realizaban las mediciones, tanto por la mañana como
por la tarde, algunas emisiones presuntamente ilegales se produjeron junto
a agentes de la Policía Local. En ningún momento hubo actuación
alguna por parte de los guardias. Afirmaron que no era esa la misión
que se les tenía encomendada. Tras la puesta en marcha de la ordenanza
sólo se ha realizado un control puntual contra los ruidos.
Niveles de ruidos
El paso de una moto policial por la calle Recogidas, sin activar la
sirena, produce un sonido que sobrepasa en 13 puntos los máximos
de ruido general para la zona que permite la odenanza municipal.
El patio del colegio:
El sonido más alto registrado durante la mañana fue el
provocado por el griterío de los escolares de un colegio público
del centro de la ciudad. Llegó a 109 decibelios, 39 más del
máximo permitido.
El camión del tapicero: A pesar de estar totalmente prohibido,
algunos vendedores ambulantes utilizan altavoces en sus vehículos
como reclamo publicitario. El camión del tapicero, lanza el sonómetro
a 11 puntos más de los autorizados.
Calle peatonal: La calle Mesones podría ser de las más
tranquilas por la inexistencia de coches. Nada más lejos de la realidad.
Su nivel de ruedo oscila entre 62 y 64, le falta muy poco para la ilegalidad.
Teléfono móvil: El timbre de un móvil junto
a nosotros, en una calle de Granada tambi´én podría
considerarse ilegal, ya que supera en 3 el nivel de la ordenanza.
Cafetería: El interior de una cafetería a media
mañana, con una ocupación media de clientes, produce sonidos
que oscilan entre lo legal y lo ilegal (entre 67 y 73) aunque no existe
normativa que regule las emisiones acústicas en el interior de establecimientos.
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