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Agujero en la capa de ozono
Ocupa una extensión similar a Europa
La Agencia Espacial Europea apunta que puede alcanzar una superficie de 25 millones de kilómetros cuadrados 
Por Julián Méndez / Ideal-Waste

Septiembre-2005 / El agujero de la capa de ozono, esa especie de manto gaseoso que evita que la Tierra sea achicharrada por las radiaciones ultravioletas, vuelve a dar quebraderos de cabeza. Recientes mediciones de la Agencia Espacial Europea (ESA) han demostrado que ocupa ya una extensión de 10 millones de kilómetros cuadrados (similar a toda Europa). Y sigue creciendo. Pese a que los principales causantes de esta situación, los compuestos clorofluorocarbonados (CFC), fueron prohibidos en 1987, su acumulación en la atmósfera sigue provocando daños.
El Sur de Chile y de Argentina son ya las zonas más afectadas por la desaparición de este paraguas natural, apunta Alberto Redondas, del Instituto Nacional de Meteorología en Canarias. Y los cálculos de la ESA estiman que el agujero alcance este otoño una superficie de 25 millones de kilómetros cuadrados, una extensión como toda América del Norte. Un verdadero peligro para la vida. En invierno, -como cada año- el agujero aparecerá en el Ártico, muy cerca de nuestras latitudes.

Una barrera protectora
«La capa de ozono filtra las radiaciones ultravioletas B, que tienen suficiente energía como para destruir las moléculas de ADN. Los organismos vivos sufrimos esa agresión y, aunque tengamos mecanismos para reparar los daños, las células se gastan y pierden esa capacidad de reponerse. Un consejo: que los niños no se expongan al sol sin protección».
La exposición incontrolada a la radiación luminosa de los años 80 en países desarrollados y tropicales y en lugares como Australia y Nueva Zelanda se está cobrando ya una fuerte factura en cánceres de piel. «Las radiaciones afectan también a la vista», dice Redondas.

«La raíz del problema es la industria química», apunta Raquel Montón, de Greenpeace. Si ahora estamos pagando la emisión incontrolada desde los años 60 de gases CFC (derivados del cloro que atacan a la capa de ozono), en la actualidad, alerta Montón, la actividad industrial está arrojando a la atmósfera otros compuestos (hidrofluorocarbonos) que dañan también nuestra cubierta protectora. «Esas sustancias están, por ejemplo, en los refrigerantes de aire acondicionado que llegan de China, de Estados Unidos y de Oriente sin ningún control», dice. «Cualquier sustancia que arrojemos a la atmósfera va a pasarnos factura durante siglos. Ahora se prohíben las sustancias cuando se demuestra que son dañinas para el hombre o para la Naturaleza. Y debía ser al revés», protesta Raquel Montón. «La industria química debería demostrar que lo que produce es inocuo antes de lanzarlo al aire».

Partida en dos
Lo cierto es que los CFC tienen una vida media de 50 años y, según Redondas, el cese de sus emisiones «se ha notado». El actual incremento del agujero tiene que ver, explica este experto en radiaciones ultravioletas, con la propia «dinámica» del ozono. «Hace dos años el agujero, en vez de ser continuo, se dividió en dos y llegó a Argentina», señala. 150 estaciones de medición repartidas por todo el mundo se encargan de chequear su situación a diario. «Los CFC no huelen ni se transforman. Ascienden y se acumulan en la troposfera. Con el Sol se libera el cloro que destruye el ozono. El primer aviso llegó tarde», recuerda Alberto Redondas. Lo peor, dice, es que la pérdida de ozono se transmite a todo el planeta.

Y con ser preocupantes las noticias sobre las actuales dimensiones del agujero (hoy se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono), Redondas apunta que los científicos han notado leves «recuperaciones» del grosor de la capa en 2001 y 2002. «Pero se ha bajado la guardia, no se dedican fondos para su control y ahora nos encontramos que la capa en la Antártida pasa por sus peores momentos», lamenta el investigador canario.

El control de la emisión de CFC, plasmado en el Protocolo de Montreal, busca recuperar los niveles de ozono en la atmósfera de los años 70. Pero el agujero, precisa, «nos va a acompañar hasta el año 2035». Por lo menos. Y su deterioro está muy relacionado con el cambio climático. El mismo sol que nos calienta puede ser nuestro verdugo.
Aumenta el agujero de la capa de ozono en la Antártida pese a la disminución del uso del CFC 
Se trata del mayor fenómeno detectado de destrucción del filtro que protege a la Tierra 
octubre 2004- efe . washington
Especialistas en meteorología y expertos de la NASA se han visto sorprendidos por la paradoja de que, pese a disminuir el uso de sustancias dañinas CFC, el agujero en la capa de ozono recientemente detectado en la Antártida es el mayor registrado hasta ahora. El ozono -oxígeno transformado en una composición estable de tres moléculas (O3) por un fenómeno conocido como 'alotropía'- se genera en su mayor parte en los trópicos y es el filtro que, desde las capas superiores de la atmósfera, protege la Tierra de las radiaciones solares. Los satélites e instrumentos desplegados por la agencia espacial estadounidense (TOMS) detectaron el pasado 9 de septiembre en la Antártida un agujero en la capa protectora de ozono equivalente a tres veces el territorio de EE UU. Lo cual, en teoría, no parece compatible con la disminución observada en el uso de productos químicos clorofluorocarbonados, también llamados CFC, que se ha conseguido en los últimos años, a través de la política de protección medioambiental y de lucha contra el efecto invernadero.
Richard McPeters, investigador de la NASA en el Centro de Vuelos Espaciales Goddard, asegura que la paradoja se debe al lento proceso que convierte al CFC en destructivo y, por lo tanto, al lento proceso que lo hará desaparecer.
«Los CFC necesitan mucho tiempo para llegar a la atmósfera, en primer lugar, por lo tanto van a necesitar mucho tiempo para ser eliminados», opina McPeters.
Desterrados del mercado
Los CFC son productos químicos utilizados durante casi medio siglo como componentes de aerosoles, refrigerantes y otros líquidos a presión empleados en automóviles y maquinaria de diferente naturaleza. Hoy, prácticamente, han sido desterrados del mercado, pero sus efectos se mantienen. De hecho, el agujero en la capa de ozono, la destrucción del filtro natural que protege a la Tierra de las radiaciones, es el mayor registrado hasta ahora.
Los meteorólogos sostienen además que hay factores climáticos que han agravado este año el problema, como la mayor formación de un tipo de nubes las nubes polares estratosféricas que, con sus cristales de hielo, actúan como un acelerador del proceso destructivo. «Si no existieran esos cristales de hielo, no se produciría el tipo de destrucción del ozono que se comprueba cada año», según Richard McPeters. Mike Newchurch, científico del departamento de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Alabama, ha manifestado, por su parte, que los aumentos en el dióxido de carbono en la atmósfera pueden crear el mismo efecto que las nubes polares. 
Los científicos han comprobado que el dióxido de carbono produce un calentamiento de las capas inferiores de la atmósfera, la troposfera, pero un enfriamiento en las superiores. «Su efecto en el hemisferio sur es el de acentuar la destrucción de la capa de ozono», según el científico, que también apunta al viento como elemento que acentúa los daños en esa capa.

El aire frío sobre la Antártida crea una especie de gigantesco remolino de aire que aisla al continente helado del resto de la atmósfera. El resultado es que ese remolino impide la llegada a la Antártida del aire nuevo que posee un alto contenido en ozono, por lo que las imágenes de satélite muestran un agujero en la capa protectora. 

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