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Imágenes en movimiento: Un alcatraz remonta el vuelo tras emerger de un intento de pesca
GUÍA DE AVES-----------
© Textos-fotos-videos: Merche S. Calle / Juan Enrique Gómez / Waste 
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Kingdom Animalia / Phylum Chordata
Clase Aves / Orden Suliformes
Familia Sulidae
Morus bassanus / Sula bassana
Alcatraz atlántico, Alcatraz común, Pájaro Bobo del Norte / Northern Gannet

Tamaño máximo 90 cm
Habitat
Zonas costeras
Distribución Atlántico norte
En España no nidifica. Se encuentra de paso en las costas de la península Ibérica, especialmente en la cantábrica y atlántica. Anida en acantilados costeros.
Su alimentación es a base de peces y calamares
Son más frecuentes en invierno.
Especie incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Categoría de amenaza: 'De Interés Especial'

Puede observarse pescando junto a las costas pero no demasiado cerca de la playa, en solitario o en parejas, con vuelos muy rápidos a base de aleteos seguidos de pequeños planeos, lo que les diferencia de las gaviotas. La forma de pescar es mediante inmersiones en picado en las que alcanza velocidades de hasta 100 kilómetros por hora y, en su última fase, al entrar en el agua, toma forma de cohete. Al emerger se mantiene posada sobre el agua para después reiniciar el vuelo.
Los ejemplares jóvenes son oscuros, mientras que los adultos se vuelven blancos con tonalidades amarillentas en la cabeza.

El ave que llegó de Escocia
Es habitual en el paisaje marino invernal de la costa del mar de Alborán
donde pesca y espera su vuelta al norte en primavera
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle
Es una punta de arpón que penetra en la superficie del mar a 120 kilómetros por hora para atrapar peces con los que alimentarse. Es la mayor de las aves marinas que se pueden observar en las costas de la península Ibérica y que desde hace algún tiempo ha ampliado sus territorios y ha dejado el Cantábrico y el Atlántico para convertir las áreas litorales de Alborán, Granada y Almería, en uno de sus destinos de invernada. El Alcatraz atlántico, Morus bassanus, se ha convertido en un visitante habitual que incrementa su presencia en invierno y que ha tomado el pulso a estas costas a las que cada año vuelve a pesar de que tiene que realizar un viaje de más de 3.000 kilómetros. Son aves llegadas de las islas situadas entre las costas de Noruega y Escocia en las que se reproducen y pasan el verano en grandes colonias de miles de individuos, y desde donde emigran cuando en el otoño empieza el frío gélido del mar del Norte. En el Mediterráneo occidental han encontrado aguas en las que pescar y permanecer a la espera de tiempos más cálidos.

Su imagen es impresionante. Es un ave de casi un metro de longitud y 1,80 de envergadura, que aparece en el horizonte como una silueta que realiza un potente movimiento de alas y se deja planear durante varios segundos para volver a aletear una o dos veces y volver a planear sobre el mar. A lo lejos puede ser confundido con alguna de las grandes gaviotas, patiamarillas o sombrías, pero cuando se acerca a la línea de costa, a los rompientes, el gran pico y su continuo escrutar los movimientos de la superficie le delatan, y de pronto, cuando ha divisado su presa, quiebra el vuelo, gira sobre si mismo y entorna las alas para ejecutar su particular método de pesca: caer como una flecha sobre la superficie del mar.

 En las costas granadinas, los alcatraces se pueden ver el final del otoño, pero es en los meses de diciembre y febrero cuando hay una mayor densidad de población, ya que a los individuos, sobre todo jóvenes, que han llegado a finales de noviembre, se les unen los adultos que tardaron más en salir de las colonias norteñas. En febrero, la cantidad de alcatraces se hace evidente en los días de temporal, es cuando se acercan más a la línea de playa mientras siguen los posibles bancos de peces que se mueven con el flujo de las grandes corrientes. Es fácil verles evolucionar muy cerca de las crestas de las olas de poniente cargadas de espuma mientras el viento sopla a gran velocidad. 

El color naranja de la cabeza de los alcatraces se dibuja sobre un cuerpo blanco en el que las puntas de las alas están pintadas de negro. El pico, gris y ribeteado de negro y naranja les otorga una exótica presencia y marca la diferencia con el resto de las aves marinas que suelen surcar las costas del oriental granadino. Los juveniles son de color marrón jaspeado que, con el tiempo va tornándose blanco. 
Según un estudio realizado por los biólogos Mariano Paracuellos y Diego Jérez, que han comparado datos de comunidades de aves marinas en las dos orillas del Mediterráneo Occidental, en Melilla y la zona limítrofe entre Granada y Almería, en el mes de enero se observaron 39 alcatraces por hora, mientras que en febrero la cifra sube a 42. Una cantidad que se puede considerar muy alta para una especie que teóricamente no tiene en esta zona del continente su hábitat perfecto, pero ha sabido aprovechar las circunstancias del incremento del clima, que le evita tener que desplazarse hacia tierras africanas, y que encuentra ‘caladeros’ donde pescar.

«Son ‘ping’»
En Motril les llaman ‘ping’. Los pescadores y habituales de la playa de Poniente, aseguran que se les ve desde hace muchos años, pero su número ha aumentado considerablemente. Les han bautizado con ese curioso nombre en alusión a la forma de pescar. Afirman que es todo un espectáculo verles caer en picado sobre el agua, una y otra vez, sin descanso, y en ocasiones, si hay varios alcatraces, lo hacen de forma simultánea.
Son acompañantes habituales de barcos de pesca, junto a bandadas de gaviotas, que provocan serios problemas a los pescadores, ya que se sitúan muy cerca de los barcos y llegan a entorpecer las faenas, pero cuando pescan por sí mismos, son una señal inequívoca de la presencia de bancos de peces en los puntos concretos donde reiteradamente se dedican a sus zambullidas.
En el horizonte de Alborán las siluetas de los alcatraces se dirigen, al atardecer, camino de los grandes acantilados de la costa, desde Sacratif hacia el este, los cuarteles de invierno de un ave llegada del norte.



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Un picado para pescar. Recreación gráfica del particular método de pesca de los alcatraces. El ave gira y se sitúa en línea mirando al mar para iniciar un picado que culmina al ceñir las alas al cuerpo para entrar en el agua como si de una aguja se tratase y casi sin levantar espuma, unos instantes después emerge y como un gran cuerpo ingrávido remonta el vuelo sin esfuerzo aparente alguno tras haber dado cuenta de alguna lisa, lubina o calamar de gran tamaño.




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