Esa pequeña manchita negra con una punta blanca, no
es una pelusa movida por el viento, sino un excremento de serpiente. Aquel
resto verde es la prueba de que por allí ha pasado una Polluela
de agua, y aquella marca de uñas y pies almohadillados, no es de
un gato, sino de un zorro que merodeaba en busca de algún ratoncillo
de campo o pájaro que llevarse a la boca. Se ven fácilmente:
huellas triangulares de las patitas de las aves; si tienen forma
de pequeñas manos descubren la presencia de ratas, y si son marcas
como mullidas y las traseras especialmente largas, delatan que por allí
hay conejos. «No los vemos porque en su mayoría tienen costumbres
crepusculares, se mueven al amanecer y atardecer, y muchos de ellos son
únicamente nocturnos, pero no lo dudes, están en todos los
posibles hábitat, y muchos de ellos muy cerca de los pueblos para
aprovechar las actividades agrícolas y lo que el hombre deja a su
paso», dice Alberto Fernández, un biólogo especializado
en rastreo técnico de fauna, que imparte cursos sobre esta disciplina
a grupos de jóvenes y mayores interesados en conocer la biodiversidad
que nos rodea.

Huellas de ardilla



Rata de agua / Nutria



Huellas de zorro (marca las uñas) y de Lince, al ser un felino
no marca las uñas
Curso de rastreo
La idea de un curso de rastreo técnico de fauna surgió
de un grupo de personas, amantes de la naturaleza, que forman la Agrupación
de Voluntariado Ambiental de Santa Fe, que tiene su sede en el Centro de
Estudios Ambientales de esa localidad del área metropolitana granadina.
«Sabíamos que había un gran interés por este
tipo de conocimientos, y de hecho se han apuntado más de treinta
personas y tendremos que hacer más cursos en los próximos
meses», dice Alberto Fernández.
La realidad es que saber seguir las huellas y rastros de los animales
es algo que fascina de forma especial al ser humano. «Es satisfactorio
ver una pequeña marca en la tierra, junto a un charco, y poder saber
que un ejemplar de tejón, o una gineta, han estado por aquí»,
dice uno de los jóvenes rastreadores, que junto a sus compañeros
se muestran sorprendidos de la gran cantidad de huellas que encuentran
en el barro, ya seco que se había acumulado debajo de un puente,
junto al cauce del río Genil, a la salida de la localidad de Láchar.
«Aquí hay de zorro, y éstas podrían ser de mirlos,
ya que son un poco más grandes que las de los paseriformes (pajarillos
pequeños, tipo gorrión)», dicen los alumnos, que muestran
una especial atención al descubrir filas de marcas pequeñas
que «parecen manitas una junto a otra… Son de rata… y preciosas».
Huellas de Garcilla bueyera en el barro
Los días especialmente indicados para intentar dar con huellas
son los siguientes a jornadas de lluvia. Los animales han dejado sus pies
marcados en el barro de los caminos y los campos, y serán fáciles
de ver, aunque se tiene que andar con cuidado para no pisarlas y destruir
los rastros. Todo el mundo ha podido observar decenas de huellas, de un
tamaño medio, que siempre se asimilan a cabras ovejas, perros y
gatos, cuando en realidad, es posible que se trate de cabras monteses (la
típica huella de un ungulado pero con los bordes más finos,
ya que se apoya con suavidad sobre el suelo), y sobre todo de jabalíes,
que puede asimilarse a la de un cerdo, que hunde las pezuñas
en el suelo, pero con dos pequeñas marcas posteriores a cada lado
de ellas. Además, en su caminar, la pata trasera pisa casi siempre
sobre parte de la delantera, por lo que la huella se puede ver como doble.
Son detalles que hay que conocer, como la forma de diferenciar un gato
de un perro o un zorro. El gato muestra más los signos de las almohadillas
de su planta y sus cuatro dedos, pero no hay impresiones de las uñas
porque los felinos las retraen mientras andan, al contrario que los perros
y zorros, en cuyas huellas sí se verán las uñas. También
es normal encontrarse con rastros de ardillas, de las que cada vez hay
más y pueblan los bosques de pinos. Son huellas pequeñas,
almohadilladas que tienen una característica muy peculiar, las cinco
uñas son grandes y muy marcadas. Los conejos también dejan
señales en los bordes de cultivos, e incluso en zonas muy alteradas
por el hombre, con el arrastre de sus patas posteriores y una pequeña
marca de las anteriores.



Gamo / Jineta



Capra pyrenaica (Cabra montés) / Conejo
Los rastros de pequeños mamíferos son un mundo aparte.
Poseen una gran complejidad, y sobre todo son más difíciles
de detectar, entre otras cuestiones porque son minúsculas.
Lo habitual es encontrar huellas de ratones de campo, musarañas,
comadrejas, y también ratas, topillos y erizos, además de
numerosas aves, pequeñas y grandes. Las aves suelen marcar sus tres
dedos hacia adelante, como un triángulo, pero si tienen una línea
que los une entre sí, indica que se trata de aves acuáticas,
como los patos. Algunas aves, como los cernícalos, rapaces de tamaño
medio de los que hay una gran cantidad en la vega granadina, señalan
también un cuarto dedo hacia atrás.
Craneo de zorro
Cacas delatoras
Rastrear, pasar un día en el campo intentado localizar las señales
no solo nos va a mostrar los rastros de las pisadas de la fauna,
sino que hay otras muestras menos agradables pero que nos dicen claramente
a quién pertenecen. Los excrementos de animales son inconfundibles,
desde el grosor en forma de bolas unidas de las cacas de los jabalíes,
a las finísimas tiras de material negro de pocos centímetros
de los excrementos de reptiles, inconfundibles porque tienen una pelotita
blanca en su extremo que está formada por el ácido úrico
que ha expulsado el animal. Hay especies que aunque casi nunca podemos
verlas les gusta decir que han estado allí y que ese es su territorio,
es el caso de los zorros, que hacen sus deposiciones sobre plantas, en
un lugar bien visible, para marcar posiciones. Se diferencian de otros
mamíferos que también utilizan ese método, en que
en las heces se aprecian trozos de huesecillos de los micromamíferos
(ratoncillos y otros roedores pequeños) con los que se han alimentado.
Si se encuentran excrementos de pequeño tamaño, que podrían
ser de reptil o de ave, con restos de semillas, lo normal es que sean de
un pájaro, dice Alberto Fernández, que matiza que basta con
aplicar la lógica, ya que un reptil no come semillas.

Excremento de zorro (con trocitos de huesos) y colocados sobre una
mata para
mostrar su presencia y marcar territorio


Excrementos de Cabra montés, Jabalí y Tejón
Excremento de Chamaeleon
chamaeleon
Comportamiento
Según las explicaciones de Alberto Fernández, se puede
saber qué estaba haciendo el ejemplar concreto que ha dejado el
rastro y cuándo pasó por allí. «Si la huella
está levemente borrada por la lluvia habrá
que preguntarse cuánto tiempo hace
que no llueve; si tiene polvo acumulado tendrás
que recordar cuándo sopló viento y con qué intensidad».
La conducta también es un parámetro que puede conocerse
al observar las marcas que esos animales, que generalmente no vemos, han
dejado en los campos. «Cuando uno de ellos recorre su territorio
en busca de alimento o de pareja, se mueve de distintas maneras:
corre, salta, se para a oler, sube un árbol va trotando, se
asusta y corre de nuevo. Si vemos un patrón de huellas que va y
vienen en varias direcciones, cambia constantemente, va de una zona a otra,
cruza un puente y sube a un árbol, se acerca a la orilla del río
a beber, podemos interpretar que el animal está cazando en
sus correrías nocturnas», dice Alberto Fernández,
que señala que es posible encontrar en la misma zona un patrón
de comportamiento constante con distancias entre las huellas que señalan
que ha ido al trote o al paso o de forma rectilínea. «El
animal delata así su vuelta hacia
su refugio o guarida ya que se ve el camino que ha seguido
y no zigzaguea. Simplemente con analizar la disposición de las huellas
en el terreno y como se interprete el rastro, podemos tener escrito
en el terreno que estaba haciendo el animal y su horario de
vuelta a casa».

Las ardillas reunen las piñas bajo los árboles y después
las comen como muestra la imagen. En el caso de que quede un 'penacho'
en la piña habrá sido comida por ratones de campo
Los rastros que producen una especial fascinación son siempre
los de animales carnívoros. En la península Ibérica
hay algunas especies conocidas por todos, zorros, lobos, gatos monteses,
linces. Según su forma de apoyar las patas en el suelo es fundamental
para que podamos conocerlos. El curso que imnparte Alberto Fernández,
muestra tres clasificaciones básicas para los carnívoros,
los digitígrados, que se apoyan sobre la punta de los dedos y la
superficie de contacto es mímina y la huella pequeña, como
lobos, perros y linces. Los plantígrados, son los que apoyan la
totalidad del pie, como el hombre, y los tejones, por ejemplo. La tercera
clasificación es la de los semidigitígrados, una mezcla entre
unos y otros, el caso de comadrejas y nutrias.
En los lugares cercanos a lagunas, humedales y cultivos se pueden
ver decenas de huellas triangulares que pertenecen a garcillas boeyeras.
Muy mezcladas y próximas a pequeños agujeros en el
barro. Las garcillas han esperado a que se retire el agua del charco, cuando
lombrices, larvas e insectos, salen a respirar por los agujeritos que hacen
en el suelo. Ellas, simplemente, esperan y comen.

Huellas de ave y de felino en arena de dunas
En movimiento
Al paso
Habitual entre los carnívoros en su territorio. La huella de
las patas posteriores casi coincide con las anteriores. En algunos casos
se pueden posicionar casi encima dando como
resultado una huella con muchos dedo.
Al trote
Utilizado por animales que recorren largas distancias y necesitan ahorrar
energía. Levantan a la vez una extremidad de un lado y la posterior
del otro.
Al galope
Es la forma más rápida de desplazamiento pero es usada
pocas veces porque consume mucha energía. Utilizada para perseguir
a una pieza. La huella muestra como apoya la extremidad posterior, luego
la otra, después una anterior, acto seguido la otra y se impulsa
para mantenerse unos instantes en el aire, y volver a
comenzar el ciclo.
Salto
Los carnívoros en general tienen mucha fuerza en los cuartos
traseros y esto da como resultado, si el terreno lo permite, impresiones
potentes correspondientes al salto. El salto puede producirse en parado
o bien en marcha.