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| Alimentos transgénicos |
El mercado de genes agrícolas
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UN ACUERDO DE LA FAO ABRE EL CAMINO AL INTERCAMBIO DE SEMILLAS Y GENES
DE CULTIVOS
Se liberaliza el acceso a los recursos genéticos
básicos y se crea un sistema para distribuir los beneficios de forma
equitativa.
Las grandes empresas occidentales pagarán a los países
pobres por el acceso a su riqueza genética
El pacto asegura la conservación de las variedades de plantas
alimenticias que desaparecen por falta de investigación
La mitad del planeta se alimenta sólo con cuatro especies,
arroz, maíz, trigo y patata
Roma, (COLPISA - IDEAL, Iñigo Domínguez, corresponsal)
La gran despensa de la naturaleza no es infinita, y además está
mal aprovechada y disminuye año tras año. La mitad de la
población humana se alimenta con sólo cuatro especies -el
arroz. el maíz, el trigo y la patata- y la protección contra
eventuales plagas o cambios climáticos se debilita a medida que
desaparecen las variedades de cultivo.
Paradójicamente, los países más pobres son los
más ricos en genes y no pueden afrontar la investigación
agrícola. Un ambicioso acuerdo internacional (que se toma en noviembre
de 2001 entre 160 países en la FAO) pretende equilibrar estos desajustes
y, además, hacerlo de forma justa. Será el tema más
importante de la conferencia, que se inauguró este viernes.
La trascendencia del llamado Compromiso Internacional sobre Recursos
Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura se calibra
si se piensa que ha llevado siete años de negociaciones entre gobiernos
y empresas. Las grandes compañías agrícolas occidentales
necesitan genes de plantas para crear nuevas semillas y mejorar las cosechas,
y la riqueza natural está sobre todo en los países tropicales
y del sur.
Sin embargo, el afán proteccionista llevó a regir estos
intercambios con acuerdos bilaterales, pero la burocracia bloqueaba y ralentizaba
de forma desesperante el mercado. "Además los propios países
menos desarrollados salían perjudicados: si Burkina Faso necesita
variedades de yuca que sólo están en Ecuador pensar en un
tratado entre estos dos países para el intercambio de recursso genéticos
agrícolas es una locura", explica Josep Garí, un técnico
español de la FAO que ha participado en las negociaciones.
El acuerdo crea un espacio común, facilitando el libre acceso
a un conjunto de cultivos fundamentales y sus variedades, y establece mecanismos
de compensación para que las empresas que obtengan beneficios comerciales
de esta caída de barreras paguen por ello.
El fondo común resultante se destinará de forma prioritaria
a los campesinos tradicionales de países pobres que aún mantienen
una gran diversidad agrícola, transferencia de tecnología
y formación de agricultores. "Cada vez tienen más importancia
las organizaciones de base campesinas -afirma Garí-, y creo que
esta nueva situación las potenciará aún más".
El planteamiento teórico de este nuevo marco puede despertar
el temor de que se trate de una forma más perfeccionada de explotación
de los países pobres. Sin embargo, desde la FAO se insiste en la
validez del sistema. "En realidad, se trata de forzar a un régimen
de intercambio de beneficios -explica con franqueza otro experto de la
entidad-, y acota la capacidad de los países ricos de 'robar' lo
que quieren. Es verdad que hace la vida más fácil a las empresas,
pero también a los campesinos, y las empresas en cualquier caso
siempre saldrían adelante".
El acuerdo, implícitamente y esto es difícil de oír
de forma oficial, supone una fuerte apuesta por la agricultura tradicional,
frente al avance de las semillas transgénicas. "Con biotecnología,
dejando a un lado el debate de su seguridad, no se va a solucionar el problema
del hambre en el mundo, porque los agricultores pobres no se la pueden
permitir", reflexiona este especialista de las Naciones Unidas.
Pérdida de recursos genéticos
Un español ha protagonizado, como secretario de la comisión
negociadora, las largas conversaciones que han hecho posible el acuerdo
sobre recursos genéticos. José Esquinas afirma que este compromiso,
aparte de las implicaciones comerciales, es clave para el futuro de la
agricultura. "Los recursos genéticos tienen una importancia vital
para la supervivencia humana, pero a pesar de ello se están perdiendo
a una velocidad alarmante debido a la falta de incentivos para desarrollarlos
y conservarlos", advierte en declaraciones divulgadas por la FAO.
A la vista de los datos, se puede decir que comemos de forma más
fácil, pero cada vez más pobre. Desde que el hombre busca
alimento en la Tierra ha aprovechado unas 10.000 especies agrícolas.
"Sin embargo hoy -señala Esquinas-, la gran mayoría de la
humanidad se alimenta con 150 especies cultivadas, y de ellas sólo
12 especies de plantas proporcionan más del 70% de la alimentación
humana. Evidentemente, no estamos utilizando los recursos tan bien como
se podrían utilizar".
La diversidad natural, entretanto, se reduce y con esta disminución
de especies se evapora también la gran reserva genética que
permite hacer frente a nuevos cambios ambientales y las necesidades
de las próximas generaciones. Puede parecer un problema superado
en un mundo superdesarrollado, pero la naturaleza da sus sorpresas, y no
hay que olvidar que la mayor parte del planeta aún sigue en condiciones
casi medievales.
Esquinas recuerda lo que ocurrió en Europa a finales de 1830:
"Una enfermedad acabó con las patatas y el hambre asoló el
continente. El único modo de acabar con la enfermedad fue ir a buscar
ejemplares resistentes en América Latina, que es de donde proviene
la patata, pero para que eso fuese posible había sido necesaria
una diversidad creada y conservada a lo largo de muchas generaciones".
El mercado de genes agrícolas
-Hasta los años 80: los recursos genéticos, de plantas
y animales, eran patrimonio de la Humanidad, había un 'vacío
legal' en su uso.
-Convención de biodiversidad de 1992: los avances de la ciencia
llevan a los estados a establecer su soberanía sobre sus recursos
genéticos y el intercambio comienza a regirse por acuerdos bilaterales.
-Acuerdo internacional 2001: se liberaliza el acceso a los recursos
genéticos básicos y se crea un sistema para distribuir los
beneficios de forma equitativa.
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