
Las focas harpa habitan desde el Ártico
al Atlántico del Norte,
desde Rusia a Canadá.
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El estuario de San Lorenzo en el Atlántico
norte, es uno de los paisajes más hermosos de Canadá.
Junto al ruido de los témpanos que se resquebrajan, aparece la música
de los disparos, la percusión de los garrotazos y el ronco desesperado
bramido de animales aterrorizados que caen uno tras otro, es la cara
oscura que rompe el bucólico encanto del lugar para convertirlo
en un terrible matadero. La política canadiense encontró
en la masacre de los últimos tres años, una forma de disimular
la cesantía de los pescadores por la depredación de que es
objeto el mar.
El ecosistema ártico se caracteriza, al
contrario de los ecosistemas tropicales por su corta cadena trófica
y limitada biodiversidad. Esto lo convierte en sistemas biológicos
especialmente frágiles y dependientes de una gran abundancia de
sus diferentes componentes. La riqueza biológica se distribuye entre
placas de hielo, agua marina, la zona costera, la tundra y algunos boreales
de coníferos, configurando un mosaico de ecosistemas que sirve
de hábitat permanente o de zona de cría y alimentación
a las especies.
Hace 500 años en estas aguas había
cardúmenes de bacalao tan densos que casi no se podía navegar
en una canoa. Las formas antiguas de pescar fueron remplazadas por métodos
modernos. Equipos caros, pesados y poderosos ahora capturan grandes cantidades
de bacalao a la vez. Actualmente por la costa de Newfoundland, casi
no hay bacalao, principios de los 90 se colapsaron las poblaciones
y la industria pesquera y el gobierno canadiense ha puesto su atención
en las focas harpas. En los últimos tres años la cifra de
matanzas permitidas supera el millón de ejemplares por el hecho
de que las focas se reprodujeron fuertemente y amenazan las reservas de
bacalao en el Atlántico.
Animales gregarios, las focas harpa constituyen
grandes manadas para dar a luz, criar y cuando es el tiempo de la muda
de la piel. El cachorro triplica su peso en las primeras dos semanas de
vida. Llegan a su madurez sexual entre los 4 y 6 años.
Los machos llegan a crecer hasta 1,70 metros de longitud y a pesar unos
130 kilogramos. Las hembras paren un solo cachorro al año, de alrededor
10 kilos de peso, entre los meses de febrero y marzo, vuelven a aparearse
después de que los cachorros son destetados. En sólo
12 días el cachorro pesa 30 kilos, gracias a la leche de ka madre
que tiene una enorme proporción de grasa.
Después del apareamiento, los machos adultos
se congregan en la manada junto con las focas inmaduras y las que no están
en crianza.
Su dieta la conforma un amplio rango de especies
de presa -sin que se haya podido probar que entre aquellos figuran el bacalao
- varía de acuerdo a la edad y estación.
Deben su nombre a una mancha oscura en los adultos
en la piel, que recuerda la forma de un arpa. Aunque la foca no es muy
ágil en tierra, gracias a su cuerpo ahusado e hidrodinámico,
este animal es u excelente nadador. Como buceador, la profundidad alcanzada
y el tiempo de inmersión dependen de su capacidad física.
Pueden permanecer hasta 15 minutos bajo el agua y descender hasta los 275
metros de profundidad o más. Como mamífero que respira, debe
afrontar el problema de aumento de presión del agua con la profundidad,
que comprime fuertemente una cavidad llena de aire que son los pulmones.
Para minimizar este peligro, suele expirar el aire antes de la inmersión.
Además comparándolo con mamíferos terrestres, la foca
harpa tiene la capacidad de almacenar más oxígeno y reducir
la frecuencia cardiaca mientras bucea. Mediante grabaciones en video, se
ha podido demostrar que este animal bucea activamente desde el inicio de
la inmersión hasta unos tres minutos después y que, posteriormente,
se hunden inmóviles en las profundidades. Para minimizar el consumo
de energía, utilizan un truco cuando la presión hidrostática
aumenta con la profundidad, los pulmones se contraen y el cuerpo también
se comprime. De este modo, disminuye el volumen del animal manteniendo
el mismo peso. El peso específico del animal aumenta y se hunde
sin esfuerzo en las profundidades.
Restos fósiles indican que pudieron existir
durante el Mioceno, hace aproximadamente 20 millones de años.
La caza profesional o comercial de focas harpa
existe desde el siglo XVI. En el año 1899, fueron matadas 33 millones
de focas en Canadá, para obtener carne, pelaje y aceite. El mercado
económico para productos derivados de focas se elimino en 1987,
y el gobierno canadiense finalmente hizo ilegal la caza comercial. A partir
del 2003, la caza de focas canadienses nuevamente se expande. Aunque la
matanza de focas recién nacidas es ilegal, se permite la caza de
las que tienen solo 14 días de vida. El ministerio de Pesca canadiense
en Ohawa autorizo para esta temporada 2005 la matanza de 320 mil focas
harpa, la cuota total (denominada captura total admisible; TAC en sus siglas
inglesas) es de 970.000 focas, dentro de plan de gestión trianual
desarrollado por el Departamento de Pesca y Océanos (DPO).
Los cazadores utilizan porras o picos de hierro
para matar a golpes a las crías de estos animales. "De esto viven
miles de ciudadanos", justifica el Gobierno de Canadá.
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El precio de la piel de foca se multiplico por
diez en los últimos 5 años. Las autoridades canadienses pagan
20 centavos por cada cachorro que se mata. La demanda de las pieles son
muy cotizadas en la industria de la moda en varios países, siendo
sus principales mercados China, Japón, Noruega, Estonia, Grecia,
Hong Kong, Polonia, Dinamarca y Rusia, pues una piel de foca se cotizan
entre los 40 dólares por pieza. Los cálculos hechos por el
Gobierno sobre el crecimiento de la población de focas asumen que
los factores ambientales y biológicos permanecerán sin cambios
tanto a corto como a largo plazo. Una permisa altamente cuestionable a
la luz de los crecientes impactos del cambio climático sobre las
condiciones de los océanos y las zonas heladas. Las cuotas de caza
se basan en censos de focas realizadas a intervalos de cinco años.
Pero debido a que las cacerías se centran en crías que no
alcanzan la edad reproductora hasta los cinco años de edad, los
impactos en la población pueden tardar más de 10 años
en conocerse y son necesarios 15 años para determinar la evolución
de la población. Por tanto, los censos realizados por el Gobierno
canadiense no reflejan la realidad del estado de estas poblaciones.
En este milenio se está produciendo un
cambio a largo plazo en la composición de las capturas pesqueras
tras el agotamiento de las poblaciones más tradicionales como el
bacalao, platija, mero, atún (90 por ciento reducido) y la
dedicación de los esfuerzos a otras menos valiosas (moluscos, crustáceos)
que anteriormente se explotaban poco o nada.
Diversos estudios científicos han demostrado
que las focas solo consumen al día el pescado equivalente a entre
un 1 y un 3 por ciento de su masa corporal, mientras que la creencia
generalizada hasta ahora era que el porcentaje alcanzaba hasta un 27 por
ciento.
La
FAO realiza el seguimiento del estado de explotación de las principales
especies o grupos de recursos pesqueros acerca de los cuales se tiene información
de evaluación. La situación mundial actual se ajusta a la
tendencia general observada en años anteriores. Se calcula que en
2003 alrededor de la cuarta parte de las poblaciones de las que se hizo
un seguimiento se hallan infraexplotadas o moderadamente explotadas
(3 y 21 por ciento respectivamente) y quizás podrían producir
más. Alrededor de la mitad de las poblaciones (52 por ciento) se
hallan plenamente explotadas y, por lo tanto, producen capturas de dimensiones
cercanas a sus límites máximos sostenibles, mientras
que aproximadamente una cuarta parte están
sobreexplotadas, agotadas o recuperándose del agotamiento, por lo
que es necesario reponerlas. De 1974 a 2003 se ha registrado una continua
tendencia al descenso de las proporciones de las poblaciones que ofrecen
potencial de expansión. Al mismo tiempo, tiende a aumentar la proporción
de poblaciones sobreexplotadas y agotadas, la cual pasó de un 10
por ciento aproximadamente a mediados del decenio de 1970 a casi un 25
por ciento a comienzos del 2000.
De las diez especies principales que representan
en total un 30 por ciento, en volumen, de la producción mundial
de la pesca de captura, siete se consideran plenamente explotadas o sobreexplotadas
(anchoveta, jurel chileno, colía de Alaska, anchoa japonesa, bacaladilla,
capelán y arenque del Atlántico), lo que significa que no
cabe esperar de ellos importantes aumentos de producción. Según
los datos estadísticos en todo el Atlántico Norte ha habido
una gestión nefasta de la pesca y ahora se echa la culpa a las focas,
las ballenas, los delfines e incluso, a las aves marinas.
Por un lado, en el pasado han convivido en equilibrio
grandes poblaciones de focas y ballenas con enormes poblaciones de bacalao,
y tanto las poblaciones de focas y ballenas como las de bacalao eran mucho
mayores que las actuales. Por otro lado, es erróneo pensar que por
reducir el número de focas va a aumentar necesariamente el stock
de bacalao. Las redes alimentarías marinas son muy complejas; las
focas no sólo se alimentan de bacalao, sino también de otras
especies que son depredadoras del bacalao, lo que implica que la disminución
de focas podría provocar un aumento de especies depredadoras de
bacalao y perjudicara aun más los stocks de bacalao.
Otra justificación de este sacrificio
masivo es porque desde los años 70 la población se ha duplicado
y ha pasado de más de 1,3 millones de ejemplares a 4 - 6 millones
de acuerdo al Departamento de Pesca y Oceanos (DPO). Los científicos
calculan que las poblaciones actuales de focas del Ártico solo suponen
un 10 por ciento de lo que fue la población original. El territorio
de caza se extiende unas 40 millas alrededor de Terranova. Desde el 2003
hasta hoy se han matado 975.000 focas, lo que significa 5.250 animales
diarios.
El Fondo Internacional para la Protección
de Animales (IFAW) afirma que debido al cambio climático, este año
el hielo es más frágil, lo que provocará un aumento
de la mortalidad natural.
Otro argumento esgrimido por el gobierno canadiense
es que esta matanza es una parte vital para la economía local, para
la que el año pasado generó cerca de 17 millones de euros.
Sólo un pequeño porcentaje de carne de foca es procesada
y utilizada. Esta pequeña cantidad es utilizada para hacer comida
para mascotas o para granjas. La carne de foca sólo se utiliza como
comida por los nativos porque su composición es altamente grasosa.
También los genitales de los machos se utilizan en Asía (afrodisíaco).
En el último siglo se ha asistido al agotamiento
de una serie de poblaciones de aves, reptiles y mamíferos marinos
que guardan una interacción directa o indirecta con la recolección
por el hombre de recursos marinos. La pesca o la cacería ha sido
la causa de muchos de esas extinciones. En otros casos como los de la vaca
marina y las tortugas del mar la competencia que hace el hombre para encontrar
un medio adecuado, que muchas veces él mismo degrada, tal vez haya
sido la causa predominante.
En el Atlántico noroeste la producción
pesquera registró su nivel más bajo en 1994, y nuevamente
en 1998, con el agotamiento de las poblaciones de peces de fondo a la altura
del este de Canadá. La falta de bacalao y de salmón se debe
a su mala gestión.
Un modelo simple para ilustrar las relaciones
entre los diversos organismos del mar es la cadena trófica marina.
Como productores primarios, las algas unicelulares utilizan la luz solar
para formar moléculas complejas que les sirven para crecer y multiplicarse.
El siguiente eslabón de la cadena es herbívoro y se alimenta
de los productores primarios, siendo a su vez la presa del siguiente
eslabón carnívoro de la cadena y así sucesivamente.
Sin embargo, en realidad resulta poco frecuente que los complejos ecosistemas
marinos estén compuestos por una sencilla cadena trófica
formada por especies individuales que se alimentan de otras especies que
están por debajo de ellas en la cadena trófica. A menudo,
también cambian los hábitos alimenticios de una especie a
lo largo de su ciclo vital: un arenque joven consume fitoplancton, mientras
que el ejemplar adulto consume un amplio espectro de presas. De ahí
que sea mejor describir las relaciones tróficas de los habitantes
del mar como una red trófica marina, con complejas interconexiones
entre los distintos miembros de la comunidad.
Las focas harpas que son depredadores apicales
han tenido su importancia en el control de las densidades de sus especies
de presa, pero también han figurado entre los primeros cuyo número
ha sufrido reducción por las capturas. Sin embargo, dada la complejidad
de muchas tramas alimentarías marinas, la eliminación comercial
de las principales especies apicales da lugar muchas veces a que otros
organismos asuman la totalidad o parte del papel de depredadores apical
hasta que tal vez llegue el momento en que también ellos son objeto
de pesca excesiva.
Las tramas alimentarías marinas son complejas
y plantean dificultades a la hora de cuantificar los efectos de la acción
humana. La eliminación de un depredador apical no siempre ha dado
lugar a un notable aumento en el rendimiento de las especies que le sirven
de presa. Además, si se tienen en cuenta los tamaños de las
poblaciones de las especies depredadoras antes de su agotamiento, probablemente
habrá habido un grado de concurrencia entre el hombre y los depredadores
apicales por su presa común, si ésta estuviera todavía
presente en sus cantidades originales. Así pues, hay poblaciones
de mamíferos marinos, aun cunado muchos de ellos han visto ahora
reducido su tamaño en muchas zonas del mundo que pueden todavía
consumir por lo menos un volumen tan grande de algunas especies de presa
como el que captura el hombre. En estos cálculos no se tiene en
cuenta las relaciones ecológicas, la estabilidad del ecosistema
o el reconocimiento cada vez mayor de la importancia ecológica que
tienen los mamíferos marinos y su significado cultural para el hombre,
debido a su inteligencia, medios de comunicación y comportamiento
social.
Cadena
Trófica: en los primeros eslabones de esa cadena los microorganismos
fabrican sus propios alimentos y luego son comidos por otros organismos,
mayores, que a su vez serán comidos por otros.
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Las teorías actuales sobre la importancia
de los depredadores en ecosistemas de ecología terrestre han subrayado
su importancia para la matanza sistemática o entresaca de individuos
enfermos o no idóneos y mantener los tamaños de las poblaciones
de especies de presa en equilibrio con los recursos disponibles, pero no
es fácil allegar pruebas contundentes sobre el grado en que este
argumento vale en la mar, donde es tan alta la presión depredadora
del hombre. No se ha confirmado en el entorno marino si, con la reducción
de las poblaciones de los depredadores principales las poblaciones de peces
objeto de presa son más inestables y / o si se ajustarían
a esos principios pero que darían lugar a diferentes abundancias
relativas de componente del ecosistema. Precisamente la pregunta de qué
nivel de explotación deberían hacerse se ha convertido en
materia de discusión entre los que se interesan por la seguridad
alimentaría y los que se preocupan por que las poblaciones de focas
harpa se mantengan en una situación lo más cercana posible
a su no explotación. El logro de este último objetivo impone
un notable costo en cuanto a sus efectos en la naturaleza y el nivel de
actividades de captura, y en la actualidad este costo tendría que
ser asumido casi exclusivamente por la industria pesquera que sigue desempeñando
el papel principal en lo que se refiere a conseguir un rendimiento de los
recursos marinos vivos.
Es de suponer que la vuelta de muchas poblaciones
de mamíferos marinos al número que existía antes
de que el hombre asumiese el papel predominante de depredador apical en
las cadenas alimentarías marinas, sólo sería posible
por las importantes reducciones de las capturas mundiales de peces, y desde
luego darían lugar a ellas.
Desde luego existen argumentos especiosos en
las discusiones entre conservación y desarrollo, y no siempre se
analizan las pruebas contrastantes de ambas partes. Se ha especulado con
el argumento de que la reducción de la abundancia de los cefalópodos
que se alimentan de juveniles podría aumentar los rendimientos de
las pesquerías de las especies ícticas tradicionales. Argumento
éste que no toma en consideración el crecimiento que se está
dando en las pesquerías de calamares en todo el mundo y que podría
deberse a que los cefalópodo están ocupando parte del nicho
dejado por las especies agotadas de peces de fondo, ni tampoco se tiene
en cuenta el hecho de que el calamar tal vez esté ahora conquistando
unos valores unitarios superiores a los de la mayoría de los pescados.
Es evidente, que la vuelta de los volúmenes
de población de depredador apical a niveles anteriores no aprovechado
sólo es posible con un costo notable para el hombre medido en pérdida
de la proteína animal procedente de los mares, cosa que hay que
tenerlo en cuenta en el ámbito de un Desarrollo Sostenible de los
recursos marinos.
La reducción del bacalao depredador apical,
está dando a un aumento en los rendimientos de especies que ocupa
un lugar inferior en la trama alimentaría, como estos rendimientos
están dominados por pequeños peces forrajeros que tienen
un valor unitario inferior al bacalao, el valor neto de la pesquería
descendió como consecuencia de ello.
Los principios de un desarrollo sostenible exigen
que los recursos marinos se exploten de suerte que se asegure la continuidad
de las poblaciones y de las especies, pero no ayudan a elegir entre diferentes
niveles de explotación directa o indirecta, que por lo demás
se ajustarían a esos principios pero que darían lugar a diferentes
abundancias relativas de componentes del ecosistema.
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