'Stardust' trae a la Tierra polvo
cósmico después de siete años de navegación
El aparato ha viajado más de 4.600 millones
de kilómetros por el espacio en busca de respuestas sobre el Sistema
Solar
Orlando Lizama / Washington - Ideal
15 enero 2006.- Una cápsula con polvo cósmico
recogido por la sonda 'Stardust' durante un recorrido de siete años
en los confines del Sistema Solar se posó en el desierto de Utah,
al culminar una de las misiones científicas más exitosas
de la NASA. El receptáculo, de unos 46 kilos de peso, descendió
sobre las arenas de un campo de pruebas de la Fuerza Aérea de EE
UU y fue recogido de inmediato por científicos que llegaron hasta
el lugar en helicópteros especialmente habilitados para la operación.
El último capítulo de la misión
'Stardust' (polvo de estrellas) comenzó a las 5.57 horas de ayer,
cuando la sonda se desprendió de la cápsula, que ingresó
en la atmósfera terrestre a más de 46.000 kilómetros
por hora. El paracaídas se abrió y, con el contacto con tierra
de la cápsula segundos después de las 10.10 horas, terminó
una operación tan precisa como la del proyectil 'Deep Impact', que
el año pasado se estrelló contra el núcleo de un cometa.
Mientras la cápsula descendía a
tierra, su nave nodriza, la sonda espacial, realizaba una última
modificación de su trayectoria y enfilaba rumbo al Sol donde permanecerá
para siempre. «Diez años de planificación y siete años
de vuelo tuvieron su culminación cuando recogimos nuestra cápsula»,
señaló Tom Duxbury, director del 'proyecto Stardust' en el
Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en California.
Hace millones de años
Durante su recorrido, la sonda ha girado tres
veces en torno al Sol, pasó más allá de Marte y llegó
hasta la mitad de la distancia que media entre la Tierra y Júpiter.
«Disponemos ahora de un material que no ha sido alterado de ninguna
forma desde que se formara nuestro Sistema Solar', hace 4.500 millones
de años, agregó Duxbury.
El científico indicó que éste
ha sido un final «enormemente feliz». «Nos sentíamos
como los padres que esperan a un hijo que nos abandonó joven e inocente
y que ahora vuelve con las respuestas más profundas sobre nuestro
Sistema Solar», señaló.
Para Peter Tsou, subdirector de Investigaciones,
«éste era el día que esperábamos desde los primeros
años ochenta». En su largo viaje de más de 4.600 millones
de kilómetros a través del Sistema Solar, la sonda utilizó
una extensión similar a una raqueta de tenis para capturar muestras
de polvo interestelar.
Una luz en los orígenes
del Universo
Cataclismo cósmico. La explosión
de una estrella
Por Clara García / Ideal - Waste
Los astrónomos de todo el mundo observaron
a mediados de septiembre de 2005 un nuevo resplandor en el cielo. Esta
luz, un brote de rayos gammas, provenía de la explosión de
una estrella de hace doce mil millones de años. Es el objeto estelar
más cercano al origen del Universo descubierto hasta la fecha, lo
que supone una fuente de información de extremo valor para los científicos.
Javier Gorosabel, del Instituto de Astrofísica
de Andalucía (IAA), situado en Granada- España, valora este
hallazgo con un símil clarificador: «Es como el Atapuerca
de las estrellas. Este cuerpo ha recorrido el Universo durante miles de
millones de años y por eso contiene en su interior una infinidad
de datos». Haciendo una radiografía de esta luz -una espectroscopia-
puede saberse cuáles son los elementos químicos que ha encontrado
en su viaje por el cosmos y qué distancia ha recorrido.
La gran incógnita
Las estrellas en sus orígenes desprenden
rayos ultravioletas y a medida que se van expandiendo por el Universo van
enrojeciendo. Es la teoría de 'El corrimiento al rojo', que permite
saber la edad de una estrella dependiendo de su color. Al igual que el
sonido se vuelve más agudo cuando está más lejos,
la luz se vuelve más roja con el tiempo. El color de la luz nos
da su edad. Así, se sabe que estos rayos gammas provienen de un
cataclismo cósmico de hace unos 12.700 millones de años,
cuando el universo era un 'recién nacido'. A sus 900 millones de
años, tenía menos de un 7% de su edad actual.
Además, la espectroscopia revela los elementos
químicos por los que ha pasado ese haz de luz porque cada componente
del Universo va dejando su huella impresa en esa estrella. Si pasa por
una zona de alta concentración de hidrógeno, ésta
se come toda su intensidad y esto se aprecia con facilidad en las ondulaciones
que dibujan el gráfico del espectro.
Al igual que se estudian los fósiles de
los dinosaurios para avanzar en el estudio del origen de la vida, el análisis
de esta luz tan remota hace avanzar a los investigadores en el origen del
Universo. Hasta ahora se parte de la Teoría del Big Bang, una gran
explosión hace 1.700 millones de años, pero antes de eso
¿qué había?. Esa es la gran incógnita.
Gorosabel explica que si algún día
los telescopios observaran un colapso estelar aún más cercano
al Big Bang -necesitarían una cámara de infrarrojos- se podría
resolver el interrogante sobre qué había antes de ese enorme
¿boom!.
El cielo está perfectamente controlado
por los satélites de la NASA. Cada uno de los cuerpos que conforman
el sistema solar está registrado, por lo que cuando los telescopios
de la Agencia Espacial Americana detectan un objeto extraño en el
firmamento envían inmediatamente una señal a la central estadounidense
y desde ahí se propaga este mensaje a todo el mundo.
Esto ocurrió el pasado 4 de septiembre
cuando el satélite Swift observó estos rayos gammas y avisó
a la NASA. A Javier Gorosabel, como a los otros científicos del
Departamento de Física Estelar del IAA, les llegó un mensaje
al móvil avisándolos del avistamiento para que pudieran 'cazarlo'.
Estos científicos reciben hasta tres mensajes a la semana sobre
nuevos astros, pero como explica Gorosabel no siempre se pueden 'pescar'
todos. El pasado cuatro de septiembre Javier se fue corriendo a la estación
de seguimiento de Almería, Calar Alto, a situar su telescopio para
poder observar esta extraña luz. Asimismo, sus compañeros
hicieron lo propio en la estación Arenosillo, en Huelva, que detectó
rápidamente este resplandor con su telescopio robot, que se orienta
de manera automática al recibir la señal. Este aparato, el
robot Bootes, registró el resplandor por unos minutos, pero toda
la información ha quedado archivada y los científicos andaluces
ya han comenzado a descifrarla.
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