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| Desforestación. Réquiem
por los árboles |
Desnudar el planeta
de sus bosques y de otros ecosistemas como de su suelo, tiene un efecto
similar al de quemar la piel de un ser humano
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Por Cristian Frers
Noviembre 2009
Una de las mayores amenazas para la vida del
hombre en la Tierra es la deforestación. Desnudar el planeta de
sus bosques y de otros ecosistemas como de su suelo, tiene un efecto similar
al de quemar la piel de un ser humano. Los bosques ayudan a mantener el
equilibrio ecológico y la biodiversidad, limitan la erosión
en las cuencas hidrográficas e influyen en las variaciones del tiempo
y en el clima. Asimismo, abastecen a las comunidades rurales de diversos
productos, como la madera, alimentos, combustible, forrajes, fibras o fertilizantes
orgánicos.
Es muy importante que se entienda que el cuidado
de los bosques y selvas es necesaria a nivel mundial, ya que los árboles
constituyen una reserva natural para los diferentes ecosistemas que los
pueblan y para los millones de personas en el mundo que viven de sus recursos.
Asimismo, evitan que se emitan a la atmósfera cantidades excesivas
de dióxido de carbono. Conociendo que este gas es el principal responsable
del calentamiento global. Sin embargo, lamentablemente, la acción
humana está provocando una destrucción de los bosques y selvas
sin precedentes en la historia humana..
Si bien las cuestiones relacionadas con los bosques
y selvas son complejas, se reducen a un principio económico muy
simple. Hoy en día, vale más para una compañía
maderera o que un agricultor limpie la selva que dejarla tranquila.
No hay actualmente ningún ahorro económico en salvar a los
árboles. Básicamente, el mercado considera que los árboles
valen más muertos que vivos. Sin embargo, cuando se trata de detener
el cambio climático, los bosques y las selvas del planeta son invaluables.
En muchas áreas el proceso de deforestación
va acompañado de una mala gestión de las políticas
territoriales, a menudo debido a la existencia de regímenes que
no prestan demasiada atención al ambiente, pero que en cambio se
muestran preocupados por satisfacer intereses particulares.
La deforestación global se ha acelerado
dramáticamente en décadas recientes. Los bosques y selvas
de América del Sur y del Sudeste de Asia están siendo cortados
y quemados a una tasa alarmante para usos agrícolas, tanto en pequeña
como en gran escala, desde enormes plantaciones de palmera aceitera hasta
la agricultura de subsistencia.
La deforestación continuará en
América Latina, afirmó la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación. En su último
informe sobre la Situación de los Bosques en el Mundo, la FAO indicó
que en Sudamérica el aumento de los precios de los alimentos y los
combustibles hará que se talen más árboles para dedicar
más terreno a los cultivos y la ganadería.
Nunca antes en América Latina y el Caribe
se luchó tanto contra la deforestación como hoy. Pero la
tala en la región aumentó hasta constituirse en la más
alta del mundo.
De cada 100 hectáreas de bosque que se
perdieron en el planeta entre 2000 y 2005, casi 65 correspondieron a esta
área. En ese período, la tala registró un promedio
anual de 4,7 millones de hectáreas, 249 mil hectáreas más
que lo reportado entre 1990 y 2000.
La contención de la deforestación
mundial sólo es posible mediante la creación y aplicación
de leyes y políticas sostenibles que sean respetadas por todos los
países.
En Argentina hemos logrado la aprobación
de la famosa y tan esperada Ley de Bosques, pero necesitamos que su aplicación
sea efectiva y real, es decir que sea respetada.
El problema de la deforestación, no es
nuevo. Desde los albores del siglo XX hasta la actualidad, el país
perdió dos tercios de la superficie de selva y bosques nativos originales,
según la Dirección de Bosques de la Nación. Sólo
en los últimos años, la deforestación superó
las 200 mil hectáreas anuales, siendo la región chaqueña
la de mayor reducción de cobertura forestal, señalan las
estadísticas oficiales.
Un dato ilustra mejor que nada la magnitud del
problema: en los últimos cinco años, la tala arrasó
con 1,3 millón de hectáreas en el país, según
la Unidad de Monitoreo del Sistema de Evaluación Forestal de la
Dirección de Bosques, a partir de la lectura de fotos satelitales
que aporta la Comisión Nacional de Actividades Espaciales.
La cifra indica que la tasa de deforestación
de Argentina –que mide el porcentaje anual respecto de la superficie remanente–
es seis veces más alta que el promedio mundial, elaborado por el
Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma). Este organismo
considera a la deforestación como una de las mayores amenazas para
la vida del hombre en la Tierra.
En nuestros días, existe acuerdo en que,
dado que la deforestación es el resultado de muchas acciones directas
activadas por muchas causas fundamentales, la acción en un único
frente difícilmente podrá resolver el problema. Son necesarios
muchos esfuerzos para implantar una gestión forestal sostenible,
equilibrando objetivos ambientales, sociales y económicos. Ciertos
procedimientos y políticas nacionales son críticos. Dado
que la deforestación puede generar tanto beneficios como costes,
es importante estimar las ganancias y pérdidas en cada caso.
Algunas de las maneras de evitar la deforestación,
sería:
1. Conservando los bosques y utilizándolos
racionalmente, sin destruir las especies más valiosas y dejando
que se regenere con sus propias semillas.
2. Para proveer leña y otros productos
forestales, se debe sembrar árboles de rápido crecimiento,
que se puedan aprovechar en pocos años.
3. Se puede plantar árboles entre los
cultivos (Agrosilvicultura).
4. Utilizando los sistemas agroforestales, que
son aquellos en los que se mantienen ciertas especies de árboles
y se realiza un cultivo o ganadería asociado el campesino obtiene
una renta sin destruir, de dos o más rubros diferentes preservando
el ambiente.
Debemos repensar algunas cuestiones. Y la primera
es la falta de conciencia respecto de la trascendencia económica
y social de un apropiado uso de los recursos naturales, en particular de
nuestros bosques y selvas, además de su valor natural. No es posible
lograr un adecuado equilibrio entre las variables mencionadas, y con ello
una apropiada sustentabilidad del desarrollo, si no se comprende que la
realidad nos está indicando ya hace tiempo que son altamente conflictivas
las decisiones y políticas sesgadas, y con visión a corto
plazo.
No solo es necesario aportar soluciones sino
también tomar conciencia de que la lucha contra la deforestación
puede abrirnos oportunidades.
La esperanza de crear conciencia ecológica
es un árbol que empieza a crecer. Miles de pájaros han perdido
su hogar. Y sus cantos envuelven nostalgias de un tiempo saludable, de
aire puro, de flores aromadas.
El paisaje verde de los países esta cambiando.
Los montes naturales son perseguidos por el fuego y las motosierras. La
deforestación masiva no solo les cortó a los pájaros
la libertad de volar y les privó de vivir en su rama favorita, sino
también esta dejando sin oxígeno al hombre. El panorama es
desolador en algunos lugares, pero siempre las esperanzas renacen, cómo
los arbustos que se niegan a morir, aún escuálidas, sus hojas
a la vera del camino.
Cristian Frers – Técnico Superior en Gestión
Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social
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