Foto: Rafael Ramos Fenoy, Premio Medio Ambiente
de Fotografía
de la Junta de Andalucía 2007 - modalidad
paisaje
Por Cristian Frers
La Tierra está cubierta por una frágil
capa de suelo que se ha formado muy lentamente, pero que puede ser barrida
por el viento o arrastrada por el agua en pocos años. Es lo que
está ocurriendo en muchas zonas. En ninguna parte es más
grave el problema que en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas
secas, que representan más de un tercio de la superficie terrestre.
La desertificación es un proceso por el que las tierras afectadas
pierden su capacidad productiva. A menudo se vincula la degradación
de tierras con la seguridad alimentaria y la pobreza, en una relación
de causa y efecto.
No es casualidad que nuestro planeta se llame
Tierra. Toda la vida terrestre depende de la frágil y friable corteza
de suelo que recubre los continentes. Sin ella, los seres vivos nunca habrían
salido de los océanos: no habría plantas, ni cosechas, ni
bosques, ni animales... ni hombres.
La desertización es una palabra muy moderna,
y en ella se refleja la percepción clara de una realidad que ahí
ha estado desde siempre, pero que al no haberla advertido, era para nosotros,
los humanos, como si no existiese. Fue precisamente la ciencia que estudia
el hábitat, la ecología, la que nos llamó la atención
sobre el fenómeno de la progresiva desertización del planeta.
Este problema es un fenómeno global, que
afecta a todos los continentes, originando movimientos transfronterizos
y transcontinentales, que fuerza a la población originaria de estas
regiones, marginada por la pobreza y la degradación del ambiente,
a buscar mejores condiciones de vida en las ciudades, en otras regiones
y otros países, donde es muy posible que se produzcan, posteriormente,
tensiones sobre los en tornos sociales y naturales.
Las tres principales causas de la desertificación
son el sobrepastoreo, la deforestación y las prácticas de
una agricultura no sustentable. El sobrepastoreo y la deforestación
destruyen el estrato de vegetación protectora que cubre las regiones
áridas y semiáridas, haciendo posible que la erosión
hídrica y eólica decapiten los fértiles estratos superiores
del suelo. Las prácticas agrícolas no sustentables eliminan
los nutrientes del suelo, salinizándolo, desecándolo, compactándolo
o sellando su superficie y provocando la acumulación de sustancias
tóxicas.
La desertificación y la sequía
amenazan seriamente los medios de subsistencia de más de 1.200 millones
de personas en todo el mundo, que dependen de la tierra para satisfacer
la mayoría de sus necesidades. Estos fenómenos menoscaban
la productividad de la tierra y la salud y prosperidad de las poblaciones
en más de 110 países.
Los principales indicadores socio-económicos
para la región de América Latina son:
1) La degradación de las tierras áridas,
semiáridas y subhúmedas secas constituye uno de los mayores
problemas ambientales globales de la actualidad.
2) Alrededor de un cuarto de la superficie de
América Latina esta constituida por áreas susceptibles de
desertificarse.
3) La mayoría de la población que
vive en áreas de desertificación son pobres. La pobreza y
la presión sobre los recursos naturales causan degradación
de las tierras.
La República Argentina ocupa más
del 80% de su territorio con actividades agrícolas, ganaderas y
forestales, generando un impacto importante en la base de sus recursos
naturales, que se expresa en la actualidad con más de 60.000.000
de hectáreas sujetas a procesos erosivos de moderados a graves.
Cada año se agregan 650.000 ha, con distintos grados de erosión.
Los pobladores de las zonas áridas enfrentan
problemas muy serios de tenencia de la tierra, litigios de títulos,
ausentismo, minifundio y latifundio, lo que unido al bajo valor de la producción
primaria y a las dificultades de comercialización, generan pobreza
y migración. Muchos de los estados provinciales argentinos presentan
ingresos per capita promedio inferiores a la media nacional, y los porcentajes
de hogares con necesidades básicas insatisfechas duplican la media
nacional. Problemas graves como el ausentismo, bajo valor de la producción
primaria, dificultades en la comercialización y escasas alternativas
productivas, presionan sobre los procesos de desertificación, originando
problemas de marginalidad y exclusión en la periferia de las grandes
ciudades.
El proceso de deterioro es agravado por políticas
macroeconómicas y sectoriales que privilegian la orientación
exportadora, favoreciendo la concentración y la explotación
de los recursos naturales de una manera no sustentable. A esta situación
se suma el hecho que los productores tradicionales y minifundistas carecen
de una política de protección o promoción por lo que
las condiciones actuales sobreexplotan los recursos como estrategia de
supervivencia.
Cerca de una tercera parte de las 37 millones
argentinos/as vive en zonas secas y de éstas proviene la mitad de
la producción agrícola y ganadera del país. Es de
destacar que las zonas secas son las áreas más pobres del
territorio. La tala masiva de los bosques naturales, el sobrepastoreo o
la quema de la vegetación de las estepas y el empleo de técnicas
inadecuadas de labranza y riego han producido una disminución de
la cubierta vegetal y de la fertilidad de la tierra y, en última
instancia, erosión y salinización.
La lucha contra la desertificación implica
a todas las actividades que forman parte de un aprovechamiento integrado
de la tierra de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas
secas para el desarrollo sostenible y que tienen por objeto la prevención
o la reducción de la degradación de las tierras, la rehabilitación
de tierras parcialmente degradadas, y la recuperación de tierras
desertizadas.
La desertización representa un obstáculo
para el desarrollo sostenible, ya que tiene una estrecha relación
con la pobreza, la inseguridad alimentaria y la sobreexplotación
del recurso tierra, específicamente en las zonas secas, donde la
degradación y el aprovechamiento excesivo de los bosques son algunas
de las causas principales de la degradación del suelo.
Los medios de comunicación suelen destacar
el gran avance de la desertificación en Argentina o la creciente
contaminación de los suelos. A pesar de ello, se trata de problemas
mal enfocados y a los que se dedican escasos recursos.
La desertificación es un elemento que
influye cada vez más en la degradación ambiental del planeta
y desempeña un papel importante en la contaminación del agua,
el aire y el suelo, la deforestación, las pérdidas de suelo
y el cambio climático. Combatir la desertificación es esencial
para asegurar la productividad a largo plazo de las tierras secas deshabitadas.
Desafortunadamente, los esfuerzos por combatir este problema cada vez más
creciente han fracasado con frecuencia y, como resultado, la degradación
de la tierra sigue empeorando. Para dominar la desertificación es
indispensable que las sociedades humanas aprendan otra vez lo que aprendieron
por primera vez hace miles de años, esto es, que la vida social
y cultural sólo es posible en las zonas secas si se es capaz de
elaborar una economía que esté en armonía con la naturaleza,
adaptada a las condiciones del lugar.
Cristian Frers - Técnico Superior
en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación
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