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La desertización en el ambiente
Las tres principales causas de la desertificación son el sobrepastoreo, la deforestación y las prácticas de una agricultura no sustentable
Por Cristian Frers

Foto: J. E. Gómez
La Tierra está cubierta por una frágil capa de suelo que se ha formado muy lentamente, pero que puede ser barrida por el viento o arrastrada por el agua en pocos años. Es lo que está ocurriendo en muchas zonas. En ninguna parte es más grave el problema que en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas, que representan más de un tercio de la superficie terrestre. La desertificación es un proceso por el que las tierras afectadas pierden su capacidad productiva. A menudo se vincula la degradación de tierras con la seguridad alimentaria y la pobreza, en una relación de causa y efecto.

No es casualidad que nuestro planeta se llame Tierra. Toda la vida terrestre depende de la frágil y friable corteza de suelo que recubre los continentes. Sin ella, los seres vivos nunca habrían salido de los océanos: no habría plantas, ni cosechas, ni bosques, ni animales... ni hombres.
La desertización es una palabra muy moderna, y en ella se refleja la percepción clara de una realidad que ahí ha estado desde siempre, pero que al no haberla advertido, era para nosotros, los humanos, como si no existiese. Fue precisamente la ciencia que estudia el hábitat, la ecología, la que nos llamó la atención sobre el fenómeno de la progresiva desertización del planeta.

Este problema es un fenómeno global, que afecta a todos los continentes, originando movimientos transfronterizos y transcontinentales, que fuerza a la población originaria de estas regiones, marginada por la pobreza y la degradación del ambiente, a buscar mejores condiciones de  vida en las ciudades, en otras regiones y otros países, donde es muy posible que se produzcan, posteriormente, tensiones sobre los en tornos sociales y naturales.
Las tres principales causas de la desertificación son el sobrepastoreo, la deforestación y las prácticas de una agricultura no sustentable. El sobrepastoreo y la deforestación destruyen el estrato de vegetación protectora que cubre las regiones áridas y semiáridas, haciendo posible que la erosión hídrica y eólica decapiten los fértiles estratos superiores del suelo. Las prácticas agrícolas no sustentables eliminan los nutrientes del suelo, salinizándolo, desecándolo, compactándolo o sellando su superficie y provocando la acumulación de sustancias tóxicas.
La desertificación y la sequía amenazan seriamente los medios de subsistencia de más de 1.200 millones de personas en todo el mundo, que dependen de la tierra para satisfacer la mayoría de sus necesidades. Estos fenómenos menoscaban la productividad de la tierra y la salud y prosperidad de las poblaciones en más de 110 países.
Los principales indicadores socio-económicos para la región de América Latina son:

1) La degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas constituye uno de los mayores problemas ambientales globales de la actualidad.
2) Alrededor de un cuarto de la superficie de América Latina esta constituida por áreas susceptibles de desertificarse.
3) La mayoría de la población que vive en áreas de desertificación son pobres. La pobreza y la presión sobre los recursos naturales causan degradación de las tierras.

La República Argentina ocupa más del 80% de su territorio con actividades agrícolas, ganaderas y forestales, generando un impacto importante en la base de sus recursos naturales, que se expresa en la actualidad con más de 60.000.000 de hectáreas sujetas a procesos erosivos de moderados a graves. Cada año se agregan 650.000 ha, con distintos grados de erosión.
Los pobladores de las zonas áridas enfrentan problemas muy serios de tenencia de la tierra, litigios de títulos, ausentismo, minifundio y latifundio, lo que unido al bajo valor de la producción primaria y a las dificultades de comercialización, generan pobreza y migración. Muchos de los estados provinciales argentinos presentan ingresos per capita promedio inferiores a la media nacional, y los porcentajes de hogares con necesidades básicas insatisfechas duplican la media nacional. Problemas graves como el ausentismo, bajo valor de la producción primaria, dificultades en la comercialización y escasas alternativas productivas, presionan sobre los procesos de desertificación, originando problemas de marginalidad y exclusión en la periferia de las grandes ciudades.
El proceso de deterioro es agravado por políticas macroeconómicas y sectoriales que privilegian la orientación exportadora, favoreciendo la concentración y la explotación de los recursos naturales de una manera no sustentable. A esta situación se suma el hecho que los productores tradicionales y minifundistas carecen de una política de protección o promoción por lo que las condiciones actuales sobreexplotan los recursos como estrategia de supervivencia.

Cerca de una tercera parte de las 37 millones argentinos/as vive en zonas secas y de éstas proviene la mitad de la producción agrícola y ganadera del país. Es de destacar que las zonas secas son las áreas más pobres del territorio. La tala masiva de los bosques naturales, el sobrepastoreo o la quema de la vegetación de las estepas y el empleo de técnicas inadecuadas de labranza y riego han producido una disminución de la cubierta vegetal y de la fertilidad de la tierra y, en última instancia, erosión y salinización.
La lucha contra la desertificación implica a todas las actividades que forman parte de un aprovechamiento integrado de la tierra de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas para el desarrollo sostenible y que tienen por objeto la prevención o la reducción de la degradación de las tierras, la rehabilitación de tierras parcialmente degradadas, y la recuperación de tierras desertizadas.
La desertización representa un obstáculo para el desarrollo sostenible, ya que tiene una estrecha relación con la pobreza, la inseguridad alimentaria y la sobreexplotación del recurso tierra, específicamente en las zonas secas, donde la degradación y el aprovechamiento excesivo de los bosques son algunas de las causas principales de la degradación del suelo.
Los medios de comunicación suelen destacar el gran avance de la desertificación en Argentina o la creciente contaminación de los suelos. A pesar de ello, se trata de problemas mal enfocados y a los que se dedican escasos recursos.

La desertificación es un elemento que influye cada vez más en la degradación ambiental del planeta y desempeña un papel importante en la contaminación del agua, el aire y el suelo, la deforestación, las pérdidas de suelo y el cambio climático. Combatir la desertificación es esencial para asegurar la productividad a largo plazo de las tierras secas deshabitadas. Desafortunadamente, los esfuerzos por combatir este problema cada vez más creciente han fracasado con frecuencia y, como resultado, la degradación de la tierra sigue empeorando. Para dominar la desertificación es indispensable que las sociedades humanas aprendan otra vez lo que aprendieron por primera vez hace miles de años, esto es, que la vida social y cultural sólo es posible en las zonas secas si se es capaz de elaborar una economía que esté en armonía con la naturaleza, adaptada a las condiciones del lugar.

Cristian Frers - Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social-
Desertización
La amenaza del desierto
Texto: José Antonio Sola / Ideal 
(Mayo 2003) El último informe del Programa de Acción Nacional contra la Desertificación, del Ministerio de Medio Ambiente, es dramático. Un 6% del suelo peninsular se ha degradado de forma irreversible, al tiempo que un tercio de la superficie total de España sufre una tasa muy elevada de terreno desértico. Si continúa el actual ritmo de sobreexplotación de los recursos naturales en 34 provincias ­15,9 millones de hectáreas­, no será necesario irse de crucero por África para gozar de la infinita soledad del desierto. 

Desierto de Tabernas - foto: J. E. Gómez / Waste
 
Máxima alerta 
España es el país europeo más afectado por este proceso de erosión y, precisamente, Andalucía es la comunidad que padece un mayor riesgo, seguidas de Murcia y Las Palmas de Gran Canaria. La gravedad de la situación es tal que cuatro provincias andaluzas aparecen enmarcadas en situación de máxima alerta, al estar por encima del 70% de su suelo convertido en un erial baldío. Almería (95,8%) tiene el dudoso honor de encabezar el pelotón del desierto, seguida de Jaén (88,1%), Granada (87,5%) y Málaga (74,8%). 

Pero, ¿qué ha provocado que zonas pobladas de exuberantes bosques hasta épocas relativamente recientes hayan cambiado su faz a tierra, polvo y grietas? La descompensación entre los recursos naturales y su capacidad de regeneración es fruto de las ansias de explotación agrícola de carácter industrial implantadas en las últimas décadas, aderezada con unas gotas de inclemencias meteorológicas, propias del Sur. 
La necesidad de ampliar las zonas de cultivo para obtener más productos y mayores beneficios económicos de forma inmediata ha degenerado en la utilización abusiva de maquinaria pesada, pesticidas e invernaderos. Los efectos son desoladores: falta de agua, pérdida de vegetación y suelo y, en definitiva, ausencia absoluta de biodiversidad en los terrenos afectados. 

«Las talas abusivas de árboles, por intensas que fueran, no implicarían por sí solas la desaparición definitiva del bosque si no estuviera apoyada por otras causas, como el intenso pastoreo o los fuegos repetidos», arguye Juan Ruiz de la Torre, catedrático emérito de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de Madrid y director del mapa forestal más completo de España, una tarea en la que ha invertido diez años de investigación por toda la geografía nacional. 
Los expertos coinciden en que el desequilibrio entre la actividad humana y los recursos naturales no sólo pueden achacarse a consecuencias climáticas: «El problema no es sólo del tiempo, porque el verdadero responsable es la mano del hombre, con talas, incendios, sobrepastoreo y el abandono de las tierras agrarias», explica Ana Belén Robles, bióloga adscrita a la Estación Experimental del Zaidín en Granada (CSIC) y especialista en sistemas silvopastorales. 

Soluciones 
Para controlar el irremisible avance de la erosión, la investigadora sólo ve viable poner freno a la agricultura intensiva, al tiempo que se respete la condición natural del suelo de forma organizada. 
«Aún estamos a tiempo de hacer algo, pero siempre y cuando haya una coordinación real entre gestores, investigadores y agricultores», sugiere Robles, que apunta también la necesidad de «volver al cultivo tradicional y descentralizar la producción agrícola en varias zonas de la península, sin perder de vista que no todo puede ser ecológico». 
Los ecologistas añaden el perjuicio urbanístico sin planificación al camino de la desertificación: «Las grandes infraestructuras, motivadas por beneficios económicos, sin tener en cuenta sus consecuencias son gravísimas», aduce Javier Egea, miembro de Ecologistas en Acción de Granada. «Cada vez que vemos correr agua turbia es suelo que se pierde. Se tiende a construir en sitios llanos porque es más barato, pero se obvia su impacto medioambiental», apostilla.
Mientras prosigue el avance de la erosión, el Plan Andaluz de Control de la Desertificación, dependiente de la Junta de Andalucía, invertirá en los próximos diez años más de 12.500 millones de euros para atajar un fenómeno, que provoca 71,5 millones de euros en pérdidas económicas anuales en toda la comunidad. 
Ya se han plantado árboles en cinco millones de hectáreas ­10% del territorio nacional­, pero el volumen de tierra engullida por la amenaza del desierto crece a una velocidad superior a los planes de reforestación. 

El pastoreo, una solución verde
Las prácticas agrícolas abusivas y los incendios forestales no son las únicas causas de la desertificación. Una actividad tan tradicional como el pastoreo desempeña una importancia vital en el equilibrio del medio ambiente. La Sociedad Española para el Estudio de los Pastos se reunió recientemente en el Parque de las Ciencias. 
La entidad científica defiende que la biodiversidad es mayor en áreas con pastoreo moderado que aquellas otras zonas con pocos animales o con exceso de carga ganadera. El ganado abona la tierra, dispersa semillas y reduce el riesgo de incendios. El gran problema es la práctica desaparición de los pastores tradicionales, especialmente en Sierra Nevada. Su mal uso, en manos de ganaderos inexpertos, pone en peligro el equilibrio medioambiental. 


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Diciembre 2000

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Erosión: La desertificación se define como la descompensación entre los recursos naturales y su capacidad de regeneración. El viento y el agua mueven cada año mil millones de toneladas de suelo en España. 
 - Causas: Las roturaciones, la agricultura intensiva, la urbanización de zonas vírgenes, el mal uso de los recursos acuíferos, las talas, los incendios forestales y el pastoreo abusivo dañan la cubierta vegetal, herramienta de defensa natural contra la erosión. 
-Efectos: Andalucía, la Comunidad Valenciana, Murcia y las Islas Canarias padecen altas tasas de desertificación, que superan el 50% del territorio. Cataluña, Castilla-La Mancha y Madrid se ven afectadas en un tercio de su territorio, mientras que las regiones del norte apenas padecen este problema (15%).


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