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Conferencia de Naciones Unidas para la lucha contra la desertización
Diciembre 2000
Agricultura y desertización, los problemas
Por Cristian Frers

Uno de los problemas ambientales más extendidos relacionados con los seres humanos es la degradación ecológica de la superficie continental de la tierra a través de un proceso denominado desertización.  Esta es causada por el aniquilamiento de la vegetación, por la tala y quema de árboles, el pastoreo excesivo, la erosión a causa del agua y del viento resultado de una mala política agraria, la salinización y encharcamiento de los campos de regadío y la compactación del suelo debido al ganado, a los tractores, a la desecación y al impacto de las gotas de lluvia sobre la superficies desnudas de la tierra. Su estadio terminal se reconoce fácilmente: Se trata de un ecosistema funcional que ha sido degradado hasta el punto que apenas puede proporcionar servicio alguno al hombre.

Claro que entre un ecosistema saludable y su estado final de degradación existe todo un proceso paulatino de deterioro que es más fácil de remediar en sus inicios que cuando alcanza un grado extremo. El problema es que en sus primeras etapas, la desertización puede pasar inadvertida para la inmensa mayoría de las personas El cultivo y el pastoreo excesivo, el corte excesivo de leña, el desmonte y el mal uso de la tierra nos da la idea que estamos perdiendo la batalla contra este flagelo.

Para alimentar a una población cada vez más numerosa, ha sido necesario extender constantemente las zonas de cultivo y ganadería. A lo largo de los siglos, a medida que las sociedades agrícolas iban creciendo, la destrucción del ambiente empezó a generalizarse y el excesivo pastoreo provoco daños en los suelos. El abuso en los cultivos y la erosión de la tierra condujo a la destrucción de tierras fértiles.
La actividad agrícola es, básicamente, el reemplazo de un ecosistema natural por otro manejado por el hombre, conocido vulgarmente como agrosistema, y dirigido a obtener una producción específica. Para lograr eso, el hombre debe forzar los elementos naturales para evitar lo que no necesita y potenciar los que sí necesita. En este proceso va generando una serie de efectos sobre el ambiente, algunos cíclicos, de corto plazo y repetidos como la remosión de suelos relacionada con el cultivo de especies anuales, otro de mediano plazo y acumulativos como el uso repetido de agroquímicos y finalmente otros de largo plazo y gran escala como las quemas relacionadas a la deforestación.
Al modificar los ecosistemas para nuestro uso, lo simplificamos. Por ejemplo, las praderas se aran y los bosques se talan. Luego se reemplazan las miles de especies de animales y plantas interrelacionadas de esos ecosistemas, con ecosistemas de un solo cultivo o monocultivo, o bien con estructuras como edificios, carreteras y estacionamiento. Un monocultivo de plantas es un sistema inestable y vulnerable que carece de la moderación y balances de un ecosistema natural. Por definición, un monocultivo es: Cultivo intensivo de una sola especie (de plantas o animales) en un territorio. Los monocultivos se han extendido en virtud de sus rendimientos económicos y de la facilidad para ejecutar las cosechas agrícolas o forestales.

La agricultura moderna se basa en la práctica de mantener deliberadamente los ecosistemas en las primeras etapas de la sucesión en la que es alta la productividad biomásica de una o algunas especies vegetales como el maíz o el trigo. Dichos ecosistemas simplificados son altamente vulnerables.
Un problema grave es la invasión continua de los campos de cultivo por especies pioneras no deseadas, es decir el enmalezamiento. En una pradera, los pastos compiten eficazmente con las malezas, crecen con rapidez, aprovechan bien la luz solar y los nutrientes del suelo, pero el sobrepastoreo provoca un desequilibrio en relación con el ambiente. Los animales seleccionan las plantas que comen, el ganado siempre las mismas, la de las pradera implantadas. Así al comerse los animales todo el pasto que asoma apenas unos centímetros del suelo, queda mucho sol libre para el que lo quiera aprovechar. Las malezas hacen precisamente eso, ahora que el pasto no les da sombra. Como para el ganadero, maleza es precisamente aquella planta que el ganado no come, está claro que esto lleva a que los campos queden más y más cubiertos por plantas inútiles y a menudo difíciles de erradicar.
Cuando esto ocurre, es fácil ponerse nervioso y contaminar suelos y aguas con herbicidas, en vez de preguntarse sobre las causas del enmalezamiento.

La utilización de los herbicidas implica por los menos dos problemas ambientales. Por lo general atacan a una amplia cantidad de especies, sean o no los que compiten con el cultivo y además, una vez que han actuado, se mantiene en el ambiente y tardan mucho en desaparecer. Así se integran a las cadenas tróficas y tienen efectos desastrosos en especies muy alejadas del lugar donde se aplicaron o totalmente inofensivas para los cultivos porque se encontraron con que una cosa era lo que sucedía en el laboratorio y otra muy distinta lo que pasaba en el campo. En el laboratorio uno puede medir y pesar todo lo que está ocurriendo y evitar que intervengan elementos distintos de los previstos. En la naturaleza juegan tantos factores que se suelen cruzar unos con otros y al final el resultado puede ser el que no se deseaba.
La degradación de la tierra o terreno es diferente conceptualmente a la degradación del suelo, ya que en la primera no sólo se contempla la degradación del suelo sino que cualquier otro de los elementos biológicos y físicos del terreno, como son la cubierta vegetal, la biota animal, los recursos hídricos y otros. Esta es la base conceptual que determina que el problema de la desertización sea integral y comprenda los diversos componentes físicos, químicos y biológicos, interactuando con las variables sociales y económicas de un área o región específica.

Cristian Frers.
Tte. Gral. Juan D. Peron 2049 7mo. "55".
(1040) Ciudad Autonoma de Buenos Aires.
República Argentina.
E-mail: cristianfrers@hotmail.com


Conferencia de Naciones Unidas para la lucha contra la desertización
Diciembre 2000
ONU-DESERTIZACION FALTA DE RECURSOS IMPIDE AFRONTAR LUCHA CON PERSPECTIVAS DE EXITO Berlín, 20 dic 00(EFE).- Los ministros de Medioambiente reunidos en Bonn con motivo de la IV Conferencia de los Estados parte de la Convención de la ONU contra la Desertización reconocieron hoy que la escasez de recursos impide afrontar la lucha contra la degradación de la tierra con perspectivas de éxito. El mensaje lanzado por los ministros, en su mayoría africanos -Africa es el continente más afectado por la desertización- coincide con la difusión de nuevos informes confirmando que la degradación del suelo, lejos de frenarse, avanza a un ritmo de 20 millones de hectáreas al año. La desertización -fenómeno que nada tiene que ver con el avance de los desiertos, sino con el deterioro de las tierras áridas y semiáridas- afecta ahora al 25 por ciento de la superficie del planeta, habitada por el 15 por ciento de la población mundial. Los expertos sostienen que el 73 por ciento de las zonas áridas de Africa están seriamente dañadas, proporción que en Asia alcanza el 71 por ciento, el 25 por ciento en América Latina y el Caribe y cerca del 65 por ciento en los países mediterráneos. Según cálculos del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA), esa pérdida de tierra cultivable o apta para el pastoreo hace que los países afectados dejen de ingresar unos 42.000 millones de dólares anuales. 

Aunque los países africanos son los que deben hacer frente a las mayores pérdidas, el PNUMA calcula que la desertización priva a China de 6.500 millones de dólares anuales, de unos 800 millones a Brasil y de 350 millones aproximadamente a España. Las mismas fuentes sostienen que para revertir esa tendencia sería necesario "realizar esfuerzos eficaces durante 20 años y contar con un presupuesto anual global de entre 10.000 y 20.000 millones de dólares". 

Los países en desarrollo carecen, sin embargo, de recursos para combatir la desertización, de ahí el pesimismo de los países africanos reunidos en Bonn y el llamamiento lanzado al inaugurar la conferencia por el secretario general de la ONU, Kofi Annan. Annan propuso dotar la Convención contra la Desertización de un mecanismo de financiación que garantice la puesta en marcha de programas donde no llega la cooperación internacional y asegure una lucha contra la degradación del suelo desde todos los frentes. Según explicaron a EFE fuentes de la secretaría, la mayor parte de los fondos que ahora se destinan a combatir la degradación del suelo tienen carácter público o proceden de los préstamos blandos que otorgan para ese fin los organismos financieros internacionales. 

En casos aislados, la lucha contra la desertización se emprende desde el ámbito de la cooperación bilateral, modalidad que se sigue en estos momentos en Cuba, con fondos de Alemania. Berlín contribuye al Plan de Acción Nacional de Cuba contra la desertización con tres millones de marcos (1,5 millones de dólares), según informó en la IV Conferencia de Bonn la ministra germana de Cooperación Económica y Desarrollo, Heidemarie Wieczorek-Zeul. Se prevé que la declaración que pondrá fin a la conferencia de Bonn incluya el compromiso de la comunidad parlamentaria a promover el acceso de los países en desarrollo a los recursos que les son necesarios para frenar la degradación del suelo. 



AMERICA LATINA, UNA DE LAS ZONAS MAS AFECTADAS POR DESERTIZACION
Por Anxela Iglesias
Bonn,  (EFE).- América Latina es una de las zonas del planeta más afectadas por la degradación de la tierra, un problema que se discute en la cuarta conferencia de las Naciones Unidas sobre la lucha contra la desertización.
A tenor de los datos de la convención de la ONU, una cuarta parte de la superficie del subcontinente americano son tierras secas y desérticas y existe el peligro de que la degradación se extienda.
La zona del Gran Chaco americano -que incluye a Argentina, Paraguay y Bolivia- la región de la Puna -en Bolivia y Perú- toda Centroamérica y diversas islas del Caribe son las regiones más afectadas por ese fenómeno, dijo a EFE el responsable para América Latina y el Caribe de la Secretaría General de la ONU, Oscar Oramas.

Además, en el noreste brasileño existen zonas semiáridas dominadas por la sabana; la mayor parte de México se ve afectada por los riesgos de las tierras secas, y los desiertos de la costa del Pacífico se extienden desde Ecuador hasta Chile.
Oramas sitúa los factores determinantes de este fenómeno en las actividades humanas y las causas naturales.
Entre las primeras destacan el pastoreo intensivo, los cultivos no apropiados, el exceso de explotación agrícola, las prácticas de riego dañinas y el uso indiscriminado de agentes químicos como plaguicidas y fertilizantes.

Además, los cambios climáticos, los desastres naturales, contribuyen a la desertización; es decir, a la degradación del suelo en zonas secas y frágiles.
Por ejemplo, las lluvias torrenciales que afectan a Centroamérica provocan la erosión de la tierra y tienen un efecto desastroso en la vegetación.
Entre los factores desencadenantes también figuran la erosión eólica y la tala indiscriminada de árboles, que desestabilizó, por ejemplo, el suelo de Cuba, uno de los países donde ahora se trabaja más activamente en la reforestación, según Oramas.
Desde que el Convenio para la lucha contra la desertización (UNCCD) entró en vigor en 1996, 33 países de la región lo han ratificado y treinta de ellos presentan sus informes nacionales en la conferencia de Bonn, lo que demuestra, en opinión de Oramas, la toma de conciencia de que se trata de un problema esencial.
Estos informes se centran en la localización de los problemas y la búsqueda de soluciones para combatirlos.

"América Latina pide ahora que la conferencia contribuya a ejecutar programas", señaló Oramas.
El experto citó la necesidad de que los donantes aporten recursos financieros, se establezcan controles con indicadores sobre desertización y se promueva una capacitación de personal en esos países.
La mayoría de los países ya reciben ayuda exterior pero su objetivo en esta reunión es seguir buscando apoyo financiero, como lo afirmó Luis Molinas, responsable de la delegación de Paraguay.
"Aún necesitamos más para poder aplicar nuestros programas y esperamos irnos de Bonn con resultados concretos", dijo.
La reunión ofrece además la oportunidad de realizar acercamientos regionales.
En este sentido, el grupo de países latinoamericanos, conocido como GRULAC, busca la articulación de mecanismos financieros para la región y el fortalecimiento de su posición en la conferencia.
Las características de las zonas desertizadas de América Latina no siempre son iguales, pero en algunos casos sí se puede efectuar un intercambio de experiencias entre países.
Es el caso del Gran Chaco, donde, según explicó Molinas, se fomenta el acercamiento de los tres países que abarca la región.
La salinidad del suelo y los problemas de obtención de agua son comunes a todo el Chaco, por lo que no sólo se deben intercambiar conocimientos técnicos, sino que "también es bueno que la gente se conozca y que haya un afianzamiento con la participación de ONGs y de la sociedad civil".
Un total de 172 países han firmado hasta ahora el convenio de la desertización, de carácter vinculante, uno de los tres "herederos" de la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992, junto a la convención sobre el clima y la de biodiversidad.
La conferencia de Bonn, que comenzó ayer, lunes, y se prolongará hasta el día 22, se considera el comienzo de la fase de aplicación; es decir, el momento en el que los países y organismos donantes deberán comprometerse a financiar programas de lucha contra la desertización en Africa, la más afectada, Asia y América Latina. 



ESPAÑA PRESENTA METAS CONTRA DESERTIZACION EN CONFERENCIA ONU
Bonn, (EFE).- España, el país más árido de Europa, pretende lograr un manejo sostenible de sus recursos en las zonas amenazadas por la desertización, según un informe presentado hoy en la cuarta Conferencia de Naciones Unidas para la lucha contra la desertización, que se celebra en Bonn.
La meta fundamental es lograr el manejo sostenible de los recursos como el suelo y el agua en las zonas más áridas del país, explicó Leopoldo Rojo, representante del Ministerio de Medio Ambiente y miembro de la delegación española.

La zona de aplicación es muy extensa, ya que el 66 por ciento del territorio nacional está potencialmente amenazado por la desertización.
Un seis por ciento del país, fundamentalmente en el sudeste, se considera zona de pérdida irreversible, mientras que alrededor de un 18 por ciento está en una situación muy grave.
El informe nacional da cuenta de los pasos emprendidos para combatir el fenómeno, provocado tanto por la presión histórica en la utilización del suelo como por los cambios climáticos, explicó José Luis Rubio, presidente de la Sociedad Europea para la Conservación del Suelo.
La lucha contra la degradación de las tierras cumple un objetivo más amplio en tanto que el suelo actúa como regulador del dióxido de carbono, uno de los gases que provocan el llamado efecto invernadero.
Al luchar contra la desertización, se mejoran las condiciones generales en zonas como la cuenca del Mediterráneo, una de las áreas de máximo riesgo ante el calentamiento de la Tierra, que conlleva mayor peligro de incendios forestales, de deforestación y de salinización, dijo Rubio.
El estudio presentado ante la conferencia se centra en la determinación de las prioridades, en la coordinación de políticas entre las distintas administraciones y organismos y en las acciones directas.
Los representantes españoles resaltaron el interés por respetar el método de "abajo a arriba", que promulga la convención de la ONU.
Por ello se intenta discutir las medidas con organizaciones no gubernamentales y con representantes de la sociedad civil, como agricultores, ayuntamientos y comunidades.
Una muestra es la celebración de mesas sectoriales de concertación de cara a la elaboración del Plan Nacional para la Lucha contra la Desertización, como explicó Federico Palomera, jefe de la delegación española.

La larga historia de España en la lucha contra la degradación de los suelos puede servir como ejemplo a otros países afectados por el problema, pero en dimensiones más dramáticas.
En este sentido, Rojo se refirió a las tensiones que provoca la falta de agua y la manera de afrontarlas, mientras que Rubio recordó los sistemas tradicionales de aprovechamiento del suelo, como los bancales y aterrazamientos.
La posición de España en la conferencia de la ONU es singular ya que se trata al mismo tiempo de país afectado y donante, en tanto que debe enfrentar la desertización en su propio territorio pero su situación de desarrollo le permite cooperar con otras estados.
España forma parte, junto a Portugal, Italia, Turquía y Grecia, del llamado grupo del Mediterráneo Norte, una de las cuatro zonas determinadas por la convención de la ONU como afectadas por la desertización.
En cuanto a la cooperación a nivel internacional, Palomera se refirió al programa Araucaria de ayuda a países de América Latina, así como a las iniciativas que quieren trasladar los sistemas de gestión a otras zonas de la cuenca mediterránea. 


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