Es entristecedor salir al mar y ver lo
sucio que está ..... en los días de calma se observa a la
deriva toda clase de porquería habida y por haber; en un mundo en
que parece sobrarnos todo y donde todos los restos desde las montañas
hasta el llano, van a parar al mar; un mar que no es nuestro, pues no nos
pertenece, y al que tanto debemos, incluida nuestra propia existencia.
En ese mar azul cubierto de plásticos,
trozos de redes a la deriva, anzuelos perdidos y maderos petroleados, no
tan lejos como creemos, viven unos seres maravillosos, cuyo pasado como
especie está muy ligado al nuestro, aunque prefirieron habitar en
el Reino Líquido mientras que nuestros antepasados optaron por adaptarse
a la tierra.

Eran las 16.30 de un frío pero apacible
día de Enero, de esos que llamamos "muy almerienses", uno de esos
días en que la vida cobra en la costa indaliana un especial significado.
Nuestra embarcación "Mare alboranis" proaba mar adentro, y a poco
más de una millas y de no más de diez minutos de abandonar
puerto, nuestro compañero Luis gritaba que "algo" saltaba a babor,
siguiendo la estela de un arrastrero.
No nos hicimos de rogar mucho y en breve y sin
darnos apenas cuenta estábamos rodeados por una bandada de unos
40 delfines; Luis, que es el Responsable Nacional de Fauna Marina de "Ecologistas
en Acción" fue quien nos advirtió didacticamente que suelen
ser avistadas manadas de aproximadamente tres veces más individuos
de los que se puedan ver simultaneamente retozando en superficie (unos
quince en este caso); su experiencia en el mar también nos enseñó
a identificarlos como "delfines mulares _Tursiops truncatus_" y a distinguir
a los grandes machos de alguna cría que también navegaba
en la manada.
Aunque es difícil tomar fotografías
de "algo que no ves", pues cuando aprietas el disparador, el objeto ya
ha desaparecido bajo el agua, y porque todo se mueve sin poder tú
controlarlo absolutamente, comencé a disparar una y otra vez, intuyendo
donde aparecerían nuevamente tras cada inmersión ...... pero
era aún más difícil estar pendiente de la cámara
en vez de mirarles a los ojos cuando pegados a la proa del barco me observaban
fijamente, mirándome a la cara, a la par que navegaban a nuestra
misma velocidad con esa majestuosa musculatura con la que la Naturaleza
les ha dotado, y con esa inteligencia y sentimientos tan sutiles como poseen.
Aparecían y desaparecían, unas veces
curiosos ante nosotros, que silbábamos desde cubierta con la intención
de atraerles, y otras simplemente veíamos los círculos de
burbujas que subían a la superficie como muestra inminente de sus
estrategias de pesca, en que literalmente rodean a los cardúmenes
de peces empujándolos hacia la superficie, donde les atrapan. Desaparecían
y volvíamos a verles en la lejanía, desde donde volvían
a remontar de nuevo en nuestra dirección; finalmente abandonaron
nuestra compañía, pues creyeron más oportuna la de
un arrastrero que venía de la mar con larga "cola de gaviotas" que
auguraban un certero y gran festín.
Para aquellas personas que colaboramos directa
o indirectamente en la conservación de los delfines, y que tantas
horas nos han dedicado sus cuerpos mutilados muertos o heridos arrojados
por el mar a las playas de Almería, es algo sencillamente "glorioso"
el poder haber estado allí, junto a ellos, escucharles y casi tocarles
.... con nuestros amigos, los delfines.
La mayor amenaza a la que los cetáceos
se enfrentan en nuestro mar son tanto la alteración de su hábitat,
debido a la contaminación que arrojamos en forma de residuos y vertidos
tanto desde los barcos como desde la costa, y los accidentes que sufren
cuando caen víctimas de las redes de nuestros pesqueros, donde unas
veces mueren ahogados (no olvidemos que como mamíferos que son,
respiran fuera del agua) y otras como víctimas inocentes de quienes
les ven como competencia, y tras mutilar sus cuerpos los arrojan heridos
de muerte al mar.
No puedo terminar de escribir estas lineas sin
agradecer la paciencia y el ejemplo del patrón del Mare alboranis,
con base en el Puerto Deportivo de Aguadulce, nuestro buen amigo y colaborador
Javier Gallego, quien ultimamente pasa más horas avistando Fauna
Marina que dedicándose a sus tradicionales artes de pesca. GRACIAS,
JAVIER.
EL MAR ES RESPONSABILIDAD
DE TODOS.
DE NOSOTROS DEPENDE .
CUIDÉMOSLO
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