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Placa de energía solar
Existe un consenso creciente que la situación
actual mundial necesita en forma urgente generar nuevas ideas y más
aún, nuevos modos de pensar y de actuar. Es cada vez más
obvio que las visiones parcializadas, disociando al ser humano en comportamientos
estancos no están dando resultados eficaces para resolver los grandes
y complejos problemas que enfrenta hoy la humanidad.
Parece claro que la especie humana está
enfrentando en la actualidad uno de los mayores desafíos de su historia
evolutiva. Es necesario reconocer que ya se cumplieron más de 30
años desde la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente Humano realizada
en Estocolmo en 1972, a pesar de dicha conferencia, la situación
ecológica planetaria no sólo no mejoró sino que empeoró.
La Crisis del Petróleo de 1973 y 1979
provocan que los países -desarrollados y subdesarrollados- entren
en la problemática de la generación de energía y busquen
soluciones a la oleodependencia; así las políticas energéticas
deberían dirigirse hacia fuentes de energía renovable - cosa
que parece que no esta sucediendo-.
Así es como en Argentina, en marzo del
2004, el Gobierno admitió que se esta enfrentando una crisis energética
grave. Los problemas en los servicios de luz y gas llegaron para quedarse
durante varios meses y que si no se adoptan medidas, el próximo
año será peor. Esto no sólo afecta a Argentina, sino
que también a Chile y a Uruguay.
Es notable cómo todavía tanto gobernantes
como quienes toman decisiones no distinguen la diferencia entre acontecimiento
iniciador y desastre. A menudo nos ocupamos de las calamidades cuando estas
acontecen, es decir, cuando se presentan situaciones que requieren de un
desafío que no encuentra posibilidades de ser abarcado por las estructuras
institucionales presentes en la organización, y por ende, se asocian
a una situación de caos que requieren nuevas iniciativas; especialmente,
la reformulación de las ideas y las capacidades de las organizaciones
para hacer diagnósticos y plantear alternativas de trabajo.
En Argentina, el 50 por ciento de la generación
de luz dependen de centrales que se alimentan a gas. El sistema nacional
está funcionando sin reservas técnicas y al límite
de su capacidad operativa.
El correcto manejo de desastres es un proceso
complejo que se inicia mucho antes del momento de crisis y en el cual se
pueden distinguir tres instancias:
1) La etapa predesastre que involucra:
-La evaluación de riesgos.
-La planificación de usos del territorio
incorporado a la dimensión geológico-ambiental.
-El desarrollo de sistemas de prevención-mitigación-alerta.
-La concientización y educación
del ciudadano.
2) La etapa durante el acontecimiento, donde
esencialmente juega la eficaz organización.
3) La etapa posdesastre, centrada en la recuperación
y la reconstrucción.
Es evidente que a la hora de buscar explicaciones
en la crisis energética argentina de por qué no hay suficiente
energía para cubrir el consumo interno saltan sobre el tapete dos
tipos de causa.
Las estructurales, que arrastran la producción
gasífera por la caída de las inversiones en los últimos
años. Y las conyunturales, que responden a los movimientos empresario
y a las presiones tarifarias que afloraron luego que el Gobierno anunciara
una serie de cambios regulatorios y el descongelamiento del precio del
gas.
No es posible llegar a un buen manejo de desastres
sin contemplar la evaluación de riesgos. Es por esto, que ahora
el gobierno nacional se encuentra ante el dilema de decidir a quién
deja sin gas para no afectar a los clientes residenciales: O le corta a
las industrias -lo que frena la actividad productiva- o apunta a las estaciones
de GNC, que tienen como clientes a 1,3 millón de automovilistas.
Es sabido que los fenómenos potencialmente
peligrosos varían tanto en frecuencia como en magnitud, y si bien
técnicamente es posible reducir ambos factores, el logro de una
sociedad libre de riesgos es una utopía.
Lo aconsejable es reducir el riesgo hasta un
nivel aceptable aprendiendo de las experiencias de otros países
e instituciones como una forma de anticipar posibles problemas y prevenirse
frente a posibles situaciones similares, tanto por medio de la acción
preventiva específica como a través de la toma de conciencia
de las dificultades de todo manejo de crisis, especialmente en cuanto a
las restricciones habituales en los planos comunicativos y de coordinación.
Estados Unidos de Norteamérica, sufrio
una crisis energética, en mayo del 2001, que afecto especialmente
al estado de California con frecuentes apagones. El gobierno basó
su iniciativa en tres aspectos cruciales de la ecuación energética:
demanda, oferta y los medios para suplirlas, en donde se aseguraba que
el plan alentaría una exploración nueva y ecológicamente
indemne de nuevas fuentes de gas natural y petróleo, y al mismo
tiempo alentaría los intentos de conservación y de desarrollo
de fuentes alternativas de energía. El proyecto reduce en casi un
tercio los programas sobre uso eficiente de la energía y fuentes
de energía renovable.
Es tiempo de utilizar energías alternativas,
que son aquellas que se producen a partir de fuentes naturales y que se
regeneran por sí solas; los ejemplos más claros son la eólica,
biomasa, hidráulica o la energía solar, pero hay otras fuentes
que son menos conocidas y que su potencial es inmenso; este es el
caso de las Energías del Mar, que junto a la geotérmica son
las más desconocidas y las que tienen un gran potencial, como usar
la energía de las olas, sistema que se basa en la conversión
de la energía mecánica del mar en corriente eléctrica
que puede desarrollarse a través de la empresa estadounidense Ocean
Power Technologies (OPT).
La potencialidad de la energía del mar
está en su abundancia, tres cuartas partes de la superficie de la
tierra están cubiertas por el mar, por lo que es una fuente con
muchísimos recursos; incluso algunos estudios afirman que en el
mar se encuentran los sustitutos de las energías fósiles.
Aprovechar la energía del mar es una vieja
idea y hay numerosos métodos. El sistema de la empresa OPT, consta
de una red de boyas, que no poseen ningún tipo de impacto visual.
Para la conversión de la corriente mecánica en corriente
eléctrica se utilizan las "PowerBuoy" que se anclan en el
fondo marino. La oscilación de las olas, permite que las boyas se
eleven y desciendan sobre una estructura parecido a un pistón. El
agua entra y sales de la bomba con el movimiento, e impulsa un generador
que produce electricidad. La corriente se transmite a tierra por medio
de un cable submarino.
Los primeros proyectos pilotos, que utilizarán
este sistema, se implementarán en Santoña (España)
y en una base marina estadounidense en la isla de Oahu, en Hawai, a partir
del 2005. Sería interesante implementar estos sistemas en pequeñas
localidades del amplio litoral marino con que cuenta Argentina, para disminuir
las crisis de los viejos sistemas energéticos.
La aproximación al ideal puede y debe
seguir dos caminos: por un lado, el técnico o tecnológico
tendiente a alertar y reducir la magnitud del daño; y por el otro,
el socioeducacional.
La disposición de la población
para sacrificar beneficios en un determinado sector a fin de reducir de
algún tipo de peligro, depende en gran parte de la actitud que esa
sociedad tome.
Cristian Frers.
Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación
Social.
Tte. Gral. Juan D. Perón 2049 7mo. "55".
(C1040AAE) Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
República Argentina.
E-mail: cristianfrers@hotmail.com
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