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Las aves hablan del tiempo
La Sociedad Española de Ornitología desarrolla un proyecto de detección del cambio climático a través de la observación de aves en Sierra Nevada
Por Inés Gallastegui / IDEAL marzo 2009 / Fotos: J. E. Gómez - Waste



Motacilla flava (Lavandera boyera) / Phylloscopus collybita (Mosquitero común)
"Por San Blas, la cigüeña verás". "Una golondrina no hace verano". "En enero, ni galgo lebrero ni halcón perdiguero". "El barbo, la trucha y el gallo, todo en mayo". "Por San José, bendito hace la perdiz su nido"... 
La sabiduría popular lo ha expresado siempre a través del refranero: las aves son muy sensibles a la meteorología, y por eso año tras año sus ciclos de vida -alimentación, crianza, migraciones...- se repiten con precisión, perfectamente ajustados al calendario. Pero, ¿qué pasa cuando el tiempo se vuelve loco? ¿Llegará la cigüeña por San José? ¿Criará la perdiz en agosto? ¿Cuándo volverán las oscuras golondrinas?
La fenología es una parte de la meteorología que estudia los vínculos entre los factores atmosféricos y los ciclos de los seres vivos. Los animales y las plantas aportan tanta información sobre el clima que el Instituto Nacional de Meteorología lleva desde 1942 un registro de datos que relacionan el tiempo con la flora y la fauna, recogidos por cientos de observadores voluntarios.


Prunella collaris (Acentor alpino) /Oenanthe oenanthe (Collalba gris)

Y la Sociedad Española de Ornitología, la decana de nuestras organizaciones conservacionistas, fundada en 1954, inició hace ya 35 años la recopilación de información fenológica de las aves de España. Los naturalistas no profesionales que trabajan para SEO/Birdlife son los encargados de anotar sus observaciones de primeras llegadas y últimos avistamientos de determinadas especies, como la golondrina, el vencejo o el ruiseñor.
La información recopilada es valiosa, entre otras cosas, para detectar los efectos del cambio climático y su influencia en la biodiversidad. Los datos, además, se pueden contrastar y completar con los que también se recogen desde hace años en otros países, sobre todo europeos. SEO/Birdlife quiere implicar en el proyecto a los ciudadanos en general y al mundo educativo en particular.


Borrerguiles de San Juan alto 2.800 metros de altitud

Escenario privilegiado
En Granada uno de los lugares más interesantes para observar aves y detectar el cambio climático es, por supuesto, Sierra Nevada. De hecho, el macizo es uno de los 28 espacios naturales protegidos seleccionados por la Unesco para la red Glochamore (acrónimo de Global Change in Mountain Regions-Cambio Global en Regiones de Montaña). El cambio global es un concepto más amplio que el cambio climático y contempla factores como la transformación de los sistemas naturales, la contaminación o la biodiversidad.
Las zonas montañosas son muy útiles para observar el cambio global porque son muy sensibles a las alteraciones ambientales y porque permiten visualizar los efectos en diferentes altitudes en una escala menor. Dentro de este proyecto, la dirección del Parque Nacional ha instalado diez estaciones que miden las precipitaciones, la temperatura, la humedad, la radiación solar, la presencia de nieve o la existencia de partículas en suspensión.
«Sierra Nevada es alta montaña en la zona mediterránea, está a caballo entre dos continentes, y eso le confiere un "efecto isla", ya que el mar "dulcifica" las temperaturas típicas de esa altitud -explica Jorge Garzón, guía de naturaleza y miembro de SEO/Birdlife-. Tiene características especiales que no tienen otros entornos y que la convierten en un magnífico laboratorio; uno de los mejores para hacer el seguimiento del cambio climático». Si a esto se suma que las aves son un «excelente bioindicador» del cambio climático, está claro por qué el macizo granadino es el escenario elegido por la SEO, en colaboración con el parque, para desarrollar sus observaciones.
Hay que tener en cuenta que, en lo que concierne a los animales, el macizo es muy interesante porque ofrece un hábitat que no es habitual en el sur de la Península. Aquí se reproducen condiciones climáticas más propias del norte de España e incluso de Europa. Por ejemplo, Sierra Nevada es el límite meridional de cría del verderón serrano. «En el sur sólo se encuentran en la Sierra de los Filabres, en Cazorla o aquí, donde se reproducen las condiciones de sus hábitats del norte -explica Jorge Garzón-. Ocurre algo parecido con el acentor común: la siguiente población se encuentra en la Sierra de Gredos».


Anillado de aves y redes japonesas

Redes invisibles
El trabajo de los voluntarios abarca distintas tareas. Una de ellas es el seguimiento de las aves migratorias a través del macizo de Sierra Nevada, mediante el programa Migranet. Para ello se han instalado puestos fijos de observación en el Puerto de la Ragua, el Valle del río Dúrcal, la Loma del Caballo y el río Torrente. Las observaciones suelen realizarse en dos periodos: marzo, abril y mayo, y agosto, septiembre y octubre.
Los naturalistas también capturan algunos ejemplares, mediante unas redes "invisibles", casi transparentes, para poder anillarlos y realizar un seguimiento exhaustivo de sus recorridos. El programa de anillamiento se realiza con ejemplares de verderón serrano, collalba gris, roquero rojo, acentor común y acentor alpino.
En la temporada 2007-2008 se contabilizaron por este sistema 14.000 aves planeadoras sobre el macizo de Sierra Nevada. Garzón resalta que esta cantidad no es desdeñable, si se tiene en cuenta la lejanía de nuestra montaña del Estrecho de Gibraltar, que es el "colector" por el que pasan cada año entre 2 y 3 millones de aves. Esta ingente población aérea reside durante los veranos en el Norte de Europa y, cuando en sus lugares de origen empieza a hacer frío y a escasear la comida, viajan a África para pasar el invierno en un clima más cálido. «Las aves no migran porque un día dicen: "¡Huy, qué frío hace ya!". Lo hacen porque les falta la comida».
El ornitólogo explica que las aves migratorias cruzan el mar por su zona más estrecha porque de esa forma se aprovechan de las corrientes térmicas que hay sobre el continente. «En estas corrientes pueden volar sin esfuerzo -resalta Garzón-. Algunas especies tienen una envergadura de 2,80 metros; si no planeasen, si tuvieran que batir las alas todo el camino, morirían de agotamiento. Si cogen una buena corriente, pueden salir de Tarifa y llegar planeando hasta África».
En cambio, muchos pájaros pequeños tienen que sacar fuerzas de flaqueza para cambiar de continente batiendo sus alitas. Entre ellos, el mosquitero, que apenas pesa 7 gramos.
Los voluntarios necesitan cierta formación para hacer este trabajo, ya que deben reconocer a distancia a qué especie pertenece un ejemplar concreto. Entre las aves migratorias que han sido vistas sobrevolando el macizo granadino están ejemplares de Circaetus gallicus (Águila culebrera), águila calzada, halcón abejero, aguilucho lagunero, milano negro, gavilán, cigüeña negra, cigüeña común, mirlo capiblanco, chorlito carambolo, Troglodytes troglodytes (Chochín), colirrojo real, mosquitero ibérico y zorzal real.
Insectos en los neveros
Además de los puestos de observación, los voluntarios se fijan en algunos lugares concretos que, por sus características, resultan especialmente atractivos para las aves. Uno de ellos son los neveros. De su extensión y localización depende la supervivencia de muchos pájaros: en ellos cazan más, porque los insectos resultan mucho más visibles en contraste con el color blanco de la nieve. «Si nieva mucho, los neveros son más grandes y las aves cazan mejor; si son más pequeños, puede afectar a la cría -señala el especialista-. La pregunta es si, a falta de nieve, serán capaces de adelantar o retrasar la fecha de la cría para adaptarse a esos cambios».
Otra zona de análisis son las llamadas acequias de careo, grandes acequias de riego de las partes altas de los valles, a entre 2.000 y 2.500 metros de altitud, de origen árabe. «Son corredores verdes que comunican las zonas de alta montaña proporcionando agua y comida para los pájaros», indica.
En cuanto a la Red Fenológica, la SEO ha elegido una serie de aves para probar si el cambio de condiciones meteorológicas les afecta: en concreto, registran la fecha de llegada del roquero rojo, las collalbas, el escribano hortelano y otras aves a Sierra Nevada. Hay muchos ejemplos de cómo la observación de la naturaleza nos habla del tiempo. La llegada de las primeras golondrinas y la floración del almendro indican que el invierno toca a su fin. El refrán dice que "Por San Blas (3 de febrero) la cigüeña verás". En esta zona no hay cigüeñas, pero en Castilla, de donde procede el dicho, ya no se cumple. «Muchas pasan todo el invierno en la Península y no migran a través del Sáhara como hacían antes -explica Jorge Garzón-. En Andalucía hay 25.000 cigüeñas invernando debido a la subida de las temperaturas invernales y a la abundancia de alimentos, gracias, entre otras cosas, a los basureros al aire libre. Con los datos acumulados en estos 25 años sobre la variación en el número de cigüeñas que se han ido quedando, ya obtenemos una tendencia clara».

Invierno prematuro
Según los datos recogidos por los ornitólogos, esta temporada el invierno se adelantó tres semanas respecto a la anterior. La primera nevada que tiñó de blanco el monte fue el 23 de septiembre de 2008 (frente al 11 de octubre de 2007) y las primeras especies de aves invernantes, como la bisbita común, llegaron el 12 de octubre, empujadas por las malas condiciones en el Norte de Europa.
El ornitólogo asegura que aún es pronto para conocer los efectos del cambio climático en las especies animales de Sierra Nevada, ya que los estudios son muy recientes, y para hablar de "clima" hay que disponer de series de datos de varias décadas.
Pero sí se pueden plantear algunas hipótesis. «Hay que estar preparados para que Sierra Nevada sea diferente a como la conocemos hoy en día». Quizá el matorral ganará terreno al bosque, ciertas especies de aves desaparecerán de la zona, mientras otras buscarán acomodo a mayor altitud. También puede que nos visiten especies nuevas, procedentes de África y mejor adaptadas a climas áridos. Ya hay algún ejemplo: el camachuelo trompetero africano -su canto suena como una trompetilla- está en la zona de Guadix y en la Sierra de Loja, algo «impensable hace poco».


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