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| Basura, residuos, gestión |
Un buen manejo de los
residuos ayuda a combatir enfermedades como la fiebre tifoidea, la diarrea,
la salmonelosis, la rabia y el dengue
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Si queréis saber cómo
habita el alma en el cuerpo, os bastará observar cómo usa
el cuerpo de su cotidiana habitación: si ésta es desordenada
y confusa, desordenado y confuso será el cuerpo poseído por
el alma". Leonardo Da Vinci.
Por Cristian Frers
En la basura podemos encontrar varios tipos de
desechos, producto generalmente de nuestra forma de vida. Al mismo tiempo
que disponemos de más aparatos para hacer nuestra vida más
confortable, nos hemos ido aficionando a la adquisición de objetos
útiles e inútiles, primorosamente empacados en envolturas
extravagantes y costosas. Preferimos aquellos productos que vienen envueltos
individualmente y con cubiertas poco o nada biodegradables o reciclables.
Parece que nos encanta comprar bebidas en envases
no retornables para evitarnos la molestia de devolver el envase para que
pueda ser reutilizado varias ocasiones.
De tal manera nos hemos ido acostumbrando a ciertas
comodidades que por momentos consideramos que son indispensables para llevar
a cabo las tareas de nuestra vida moderna.
Un buen manejo de los residuos ayuda a combatir
enfermedades como la fiebre tifoidea, la diarrea, la salmonelosis, la rabia
y el dengue.
Para los investigadores de las enfermedades transmitidas
por el agua o por el aire resulta relativamente sencillo conocer cuántos
metros cúbicos de aire respira una persona, cúantos litros
de agua bebe por día y cúal es el límite aceptable
de un contaminante para el ser humano.
En materia de desechos sólidos, en cambio,
es más complicado establecer la relación directa con la salud,
pues nadie come una cantidad específica de basura al día
ni está en contacto con ella si no es por razones de trabajo, como
los separadores de desechos.
Se pueden, de todas maneras, identificar algunos
daños indirectos: sobre todo la contaminación de acuíferos
subterráneos y superficiales, y la reproducción de vectores
(rata, mosca, cucaracha) que transmiten enfermedades como la fiebre tifoidea,
la diarrea, la salmonelosis, la rabia y el dengue.
Se estima que cada habitante de América
Latina y El Caribe produce entre medio kilogramo y un kilogramo de
basura por día. O sea que una familia de cinco personas genera en
un mes de 100 a 160 kilogramos de desperdicios.
En casi todos los países existen ejemplos
aislados de una labor buena o aceptable en el tratamiento de la basura,
sobre todo en las grandes ciudades. Sin embargo, el panorama integral es
menos alentador por las grandes deficiencias en las ciudades del interior.
En muchos casos, el desconocimiento de los intendentes
y consejales municipales, así como la falta de voluntad política
sumado al desinteres de la población en general, hace que la situación
se agrave contaminando el agua, aire, atmósfera y suelo además
de que permite la proliferación de flora y fauna nociva, así
como de las múltiples enfermedades que se trasmiten al ser humano
al contacto de estos agentes.
La basura en muchos municipios y ciudades de
Argentina es un reflejo de sus habitantes y de sus autoridades. No sólo
se trata del poco hábito por la higiene que mostramos en forma cotidiana,
sino de los lugares que se eligen como destino final de los desperdicios.
En los debates preelectorales, el problema de
la basura aparece concentrado en la discusión de la limpieza. Cómo
lograr retirar la basura de las calles y los domicilios es un debate que
pasa del problema del prestador (concesión privada o servicios propios)
al problema de la medición: si el pago de ese trabajo debe realizarse
según la tonelada de basura, como sucede actualmente, o si debe
hacerse mediante el reconocimiento de un canon por zona limpia. Pero la
realidad es que la recolección es la parte menor del problema de
la basura. Su fase crítica se encuentra antes y después de
la recolección: en la producción y en la disposición
de la basura.
La política en cuanto a residuos urbanos
no ha cambiado demasiado desde tiempos inmemoriales. Puede resumirse en
un único concepto: llevarlos a otro lado.
Para comenzar a cambiar estos habitos es necesario
tomar las siguientes acciones:
1) Como primer paso se deben realizar actividades
de reflexión y concientización sobre el problema, con los
niños y adolescentes de la comunidad.
2) Luego se debe convocar a todos los líderes
comunales del distrito, para un taller de dos días para discutir
la problemática que tiene la comunidad por la contaminación
por basura, y la búsqueda de soluciones.
Aunque las autoridades ambientales regulan la
disposición técnica para el tratamiento de los desechos municipales,
pocos son los municipios que pueden sufragar los costos de un relleno sanitario
que cumpla con todas las normas de seguridad.
Una de las soluciones sería unificar el
tratamiento y disposición final de la basura entre ciudades de un
mismo municipio o región. Basadas en la construcción de un
galpón, de un cerco perimetral y de la adquisición de maquinarias
tales como una trituradora, una prensa para plásticos y una ensiladora,
entre otras inversiones. De esta manera, a partir de la separación
que se debe realizar desde los hogares, se podrá mejorar el
tratamiento de los residuos inorgánicos y pasar a la fase de producción
de compost con el material orgánico. Es necesario que el personal,
en este centro cuente al menos con guantes, tapabocas, lentes y botas para
prevenir cualquier problema de salud para sus trabajadores.
El principal freno que detiene el desarrollo
de la industria de reciclaje es la falta de conciencia sobre cómo
manejar la basura y el potencial económico que representa. En Alemania,
por ejemplo, donde se promueve este negocio mediante la aplicación
estricta de la ley, el reciclado de empaques de plástico se traduce
en ingresos aproximados de 500 dólares por tonelada.
Al tirarse todo de manera desordenada, mezclándolo
además con desperdicios orgánicos, la basura se vuelve sucia,
mal oliente y peligrosa para la salud. Su destino son los basureros a cielo
abierto, en donde los deshechos inorgánicos pueden quedar enterrados
sin descomponerse durante cientos de años. . La cultura del derroche
debería ser poco a poco sustituida por una conciencia del mundo
más amplia que abarque también a nuestros deshechos. Para
empezar, nuestro personal kilo diario de basura tendría que ir reduciéndose
progresivamente a la mínima expresión mediante el consumo
racional.
Sólo cuando la ciudad imponga un precio
a la recolección y a la disposición de la basura en el momento
de su fabricación, ese costo se incorporará al precio de
los productos, y cada uno de nosotros podrá actuar antes de producir
la basura, o sabrá al menos cuál es el precio que está
pagando por ese insensato lujo. Una política responsable y racional
debería discutir estas cuestiones que están antes y después
de la recolección de la basura.
Cristian Frers - Tecnico Superior en Gestion Ambiental
y Tecnico Superior en Comunicación Social-
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