Cristian Frers.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
República Argentina.
.
La Convención sobre el Comercio Internacional
de Especies amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) es un acuerdo
internacional concertado entre los Estados, que tiene por finalidad velar
por el comercio internacional de especies de animales y plantas silvestres.
Se estima que anualmente el comercio internacional
de vida silvestre se eleva a millones de dólares y afecta a cientos
de millones de animales y plantas. El comercio es muy diverso, desde los
animales y plantas vivas hasta una vasta gama de productos de vida silvestre
derivados de los mismos, como los productos alimentarios, los artículos
de cueros de animales exóticos, los instrumentos musicales fabricados
con madera, la madera, los artículos de recuerdo para los turistas
y las medicinas.
Los niveles de explotación de algunos
animales y plantas son elevados y su comercio, junto con otros factores,
como la destrucción del hábitat, es capaz de mermar considerablemente
sus poblaciones e incluso hacer que algunas especies estén al borde
de la extinción.
Muchas de las especies objeto de comercio no
están en peligro, pero la existencia de un acuerdo encaminado a
garantizar la sustentabilidad del comercio es esencial con miras a preservar
esos recursos para las generaciones venidera.
Hoy en día, la Convención ofrece
diversos grados de protección a más de 30.000 especies de
animales y plantas, bien se comercialicen como especies vivas, como abrigos
de piel o hierbas disecadas.
La CITES se redactó como resultado de
una resolución aprobada en una reunión de los miembros de
la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), celebrada en 1963 .
El texto de la Convención fue acordado en una reunión de
representantes de 80 países celebrada en Washington DC, Estados
Unidos de Norteamérica, el 3 de marzo de 1973 y entró en
vigor el 1 de julio de 1975. Durante muchos años, la CITES ha sido
uno de los acuerdos ambientales más importantes y cuenta actualmente
con más de 150 miembros.
Principios Fundamentales
Reconociendo que la fauna y flora silvestre,
en sus numerosas, bellas y variadas formas constituyen un elemento irremplazable
de los sistemas naturales de la tierra, tienen que ser protegidas para
esta generación y las venideras.
Concientes del creciente valor de la fauna y
flora silvestre desde los puntos de vista estético, científico,
cultural, recreativo y económico.
Reconociendo que los pueblos y Estados deben
ser los mejores protectores de su fauna y flora silvestre.
Reconociendo además que la cooperación
internacional es esencial para la protección de ciertas especies
de fauna y flora silvestre contra su explotación excesiva mediante
el comercio internacional.
Como funciona la CITES
El objetivo de la CITES es someter el comercio
internacional de especies de determinada fauna y flora silvestre a ciertos
controles. Lo que significa que toda importación, exportación,
reexportación o introducción procedente del mar de especies
amparadas por la Convención sólo podrá autorizarse
mediante un sistema de concesión de licencias.
Las especies amparadas por la CITES están
incluidas en tres Apéndices, según el grado de protección
que necesiten:
A) Apéndice I: Se incluye todas las especies
en peligro de extinción. El comercio de esas especies se autorizará
solamente bajo circunstancias excepcionales.
B) Apéndice II: Se incluye especies que
no se encuentran necesariamente en peligro de extinción, pero cuyo
comercio debe controlarse a fin de evitar una utilización incompatible
con la supervivencia.
C) Apéndice III: Se incluye especies que
están protegidas al menos en un país, el cual ha solicitado
la asistencia de otras Partes en la CITES para controlar su comercio.
Cada Parte en la Convención debe designar
una o más Autoridades
Administrativas que se encargan de Administrar
el sistema de concesión de licencias y una o más Autoridades
Científicas para prestar asesoramiento acerca de los efectos del
comercio sobre la situación de las especies.
Sólo podrá importarse o exportarse
(o reexportarse) un animal o vegetal de una especie incluida en los Apéndices
de la CITES si se ha obtenido el documento apropiado y se ha presentado
al despacho de aduanas en un puerto de entrada o salida. Aunque los requisitos
pueden variar de un país a otro y es aconsejable consultar las legislaciones
nacionales.
http://www.cites.org/esp/app/appendices.shtml
La Secretaría
La Secretaría de la CITES desempeña
una función primordial para la Convención y sus funciones
son las siguientes:
-Desempeñar un papel de coordinación
y servicio en la labor de la Convención.
-Actuar como depositario de los informes, muestras
de permisos y otra información remitidas por las Partes.
-Realizar, en el marco de programas acordados,
estudios científicos y técnicos ocasionales sobre cuestiones
que plantean problemas de aplicación de la Convención.
-Preparar informes anuales para las Partes sobre
su propio trabajo y sobre la aplicación de la Convención.
-Organizar las reuniones de la Conferencia de
las Partes y los comités permanentes regularmente y prestar servicios
a esas reuniones.
-Formular recomendaciones sobre la aplicación
de la Convención.
-Realizar cualquier tarea que le encomiende las
Partes.
La Secretaría distribuye la información
a la Partes por ejemplo, mediante notificaciones, generalmente en los tres
idiomas de trabajo de la Convención: español, francés
e inglés.
Conferencia de las Partes
Las partes (Estados miembros) en la CITES se
denominan colectivamente como la Conferencia de las Partes. Cada dos o
tres años, la Conferencia de las Partes se reunen para examinar
la aplicación de la Convención. Estas reuniones, organizadas
normalmente por una de las Partes, suele durar dos semanas. Estas reuniones,
que se denominan frecuentemente CdPs, ofrecen una oportunidad a las Partes
para:
-Examinar documentos de trabajo e informes
presentados por la Secretaria, las Partes, los comités permanentes
y otros grupos de trabajo.
-Tomar las medidas necesarias para velar por
un buen funcionamiento de la Secretaria.
-Recomendar medidas para mejorar la eficacia
de la Convención.
Las reuniones son una buena ocasión para
que los participantes inicien o renueven relaciones y examinan los problemas
planteados y los éxitos cosechados. En las reuniones de la Conferencia
de las Partes participan no sólo las delegaciones de las Partes
de la CITES, sino también observadores. Entre estos, los representantes
de los Estados que no son Partes en la CITES, de las organizaciones de
las Naciones Unidas y de otras convenciones internacionales. A juicio de
las Partes, también se autoriza la participación de observadores
de organizaciones no gubernamentales interesadas en la conservación
o el comercio, los cuales pueden participar sin derecho a voto. El público
en general también puede asistir pero no puede participar en los
debates.
Comités Permanentes
A fin de facilitar la labor de la Conferencias
de las Partes y velar por la continuación de los trabajos entre
reuniones, la Conferencia a establecido cuatro comités permanentes
a fin que le presenten informes. Estos comités son: el Comité
Permanente, el Comité de Fauna, el Comité de Flora y el Comité
de Nomenclatura.
El Comité Permanente proporciona orientación
política a la Secretaría en lo que concierne a la aplicación
de la Convención y supervisa la administración del presupuesto
de la Secretaría. Además, coordina y supervisa, según
proceda, la labor de los Comités y los grupos de trabajo, realiza
otras tareas encomendadas por la Conferencia de Partes, y prepara proyectos
de resolución para presentarlos a la consideración de la
Conferencia de las Partes.
Entre las cuestiones más relevantes abordadas
por el Comité Permanente cabe señalar el seguimiento de las
desiciones para reanudar, de forma limitada, las transacciones comerciales
de elefantes, la conservación y el comercio del tigre, problemas
de observación en algunos miembros y la preparación del Plan
Estratégico de la Convención.
Los miembros del Comité Permanente son
países. Los miembros votantes son Partes que representan a cada
una de las seis regiones geográficas (Africa, Asia, Europa, América
del Norte, América Central, América del Sur, el Caribe y
Oceanía). El número de representantes refleja el número
de Partes de cada región.
Los miembros que representan a las regiones eligen
la Presidencia y la Vicepresidencia del Comité. Todas las Partes
que no son miembros del Comité Permanente tienen derecho a enviar
observadores a sus reuniones. Además, la Presidencia puede invitar
observadores de cualquier país u organización.
Los Comités de Fauna y Flora se establecieron
para colmar las lagunas en los conocimientos biológicos y especializados
en relación con las especies de fauna y flora que están (o
podrían estar) sujetas a controles comerciales de la CITES. Su finalidad
es proporcionar apoyo técnico en la toma de decisiones sobre estas.
Ambos comités tienen mandatos semejantes:
1) Realizar exámenes periódicos
de especies a fin de garantizar la apropiada categorización en los
Apéndices de la CITES.
2) Asesorar cuando ciertas especies son objeto
de comercio insostenible y recomendar medidas coercitivas.
La situación en Argentina
La cacería ilegal de la fauna autóctona
es un flagelo que aumenta constantemente en todo el mundo. En la Argentina,
la persecución despiadada de nuestra fauna por distintas técnicas
de caza ha puesto en jaque numerosas especies y comprometido su subsistencia.
La importancia de tal depredación ha convertido a nuestro país
en el primer exportador ilegal de animales silvestres de América
Latina, ya que más de 500 especies que conviven con nosotros se
hallan en peligro de extinción a causa de la desenfrenada cacería
practicada en montes, cursos de agua y selvas. Esto se debe a la gigantesca
demanda de pieles, cueros y carnes altamente cotizadas en el mercado internacional.
Ya desde los lejanos tiempos de la conquista muchas especies fueron consideradas
un importante recurso peletero o plumífero y desde entonces sometidas
a una constante expoliación del recurso. Así se destacan
los casos de la vicuña y el lobo fino, hoy en una lenta recuperación,
y la chinchilla de estatus actual incierto como los más conspicuos.
Los motivos principales de captura comercial
de nuestra fauna pueden agruparse en: pilíferos y/o plumíferos,
e incluye en tal denominación la obtención de cueros de aplicación
en marroquinería; mascotas o animales cautivos con fines canoros,
ornamentales o de simple curiosidad y en menor medida como recursos proteicos.
Así se destacan en el primer grupo los gatos manchados, los zorros,
los zorrinos, los lobitos de río, la vicuña, el guanaco,
los pecaríes, la nutria o coipo, las chinchillas, el carpincho,
los suris o ñandúes, los yacarés, las boas, las iguanas
o lagartos overos entre los más notables y presionados. En el segundo
grupo figuran los monos, los loros, los flamencos, los cisnes, los tucanes
y numerosas especies de passeriformes, además de peces y anfibios
varios y entre los reptiles de diversas especies de tortugas por solo destacar
las más perseguidas por este fin.
Sólo para dar algunos ejemplos, se puede
citar que hoy por hoy en la Argentina se cazan tarucas en la Sierras de
Ambato (Catamarca); venados de las pampas en la Bahía de Samborombón
(Buenos Aires); ciervos de los pantanos en Iberá (Corrientes) y
huemules en el Cerro Ventisquero (Río Negro). Todos estos ciervos
autóctonos se encuentran amenazados de extinción y están
protegidos legalmente a nivel provincial, nacional e internacional.
En todos los casos existe una cadena de comercialización
con eslabones bastante bien definidos que tienen su origen en los cazadores,
por lo general de extracción humilde encuentran en la captura de
animales silvestres su único medio de subsistencia o al menos un
suplemento importante para sus magros sueldos. Estos eslabones llevan el
común denominados de la miseria y están sometidos a los caprichos
del mercado que, a veces, no paga nada por un cuero o una piel que demandó
un significativo esfuerzo o sacrificio o bien lo abona por un mínimo
de su valor, y los restantes eslabones se quedan con toda la ganancia.
Las deficiencias de control por parte del Estado,
suelen provocar equivocaciones de todo tipo. Aunque parezca increíble,
en las exposiciones anuales de la Sociedad Rural Argentina aún hay
stands de algunas provincias que exhiben artesanías de fauna silvestre
catalogada como de caza y comercialización prohibidas.
Un diagnóstico general de la caza en la
Argentina revela que:
-Se cazan tanto especies permitidas como
prohibidas, incluso aquellas amenazadas de extinción.
-Tanto los cupos como las vedas se fijan arbitrariamente,
sin estudios previos y rara vez se respetan.
-Los controles quedan supeditados a la conciencia
de los mismos cazadores.
-Los permisos de caza se otorgan sin ningún
tipo de examen previo.
-No existen exigencias suficientes para habilitar
a los guías de caza.
-La inversión en conservación por
parte de los cazadores prácticamente no existe.
-Los ilícitos no suelen ser denunciados
a la justicia y cuando lo son, los transgresores no reciben una pena que
los desaliente.
-Las infracciones se verifican desde todos
los sectores sociales y culturales.
Debido a estos problemas, la Argentina constituye
un polo de atracción para cazadores extranjeros, que acuden por
la llamativa "generosidad" de las normas que regulan la caza de algunas
especies.
Es hora que los cazadores de la Argentina realicen
inversiones para apoyar la conservación "in situ" de las especies
que cazan y han cazado en el pasado. También deben denunciar y marginar
de manera frontal y organizada a aquellos cazadores o empresas que realizan
caza furtiva. La Argentina necesita de esta actitud.
La Argentina contaba originalmente con formaciones
boscosas de gran potencial maderero y leñero de haberse planificado
adecuadamente su aprovechamiento. En lugar de esto una explotación
desenfrenada desde fines del siglo pasado ha reducido los bosques nativos
a un pálido reflejo de lo que originalmente fueron, y quedan a veces
sus existencias actuales en una situación tan crítica que
solo se puede recomendar su protección total, vedando cualquier
tipo de aprovechamiento económico, para intentar reservar así
esos escasos rodales como bancos de germoplasma que permitan conservar
valiosas especies y alentar alguna vez campañas de recuperación
de su potencial forestal.
Podemos tomar como ejempla la región chaqueña
donde el quebracho colorado (Schinosis balansae) fue víctima
primera de la codicia humana para obtener el "tanino" utilizado para curtir
cueros que dio lugar a la devastación de la cuña boscosa
santafesina, para extenderse poco tiempo después con la ayuda de
los ferrocarriles a todo el ámbito chaqueño incluyendo a
la otra especie de quebracho (Schinopsis torentzii) y el palo santo (Bulnesia
sarmientoi) de hermosa veta. Últimamente la moda de los muebles
de algarrobo (Prosopis spp) ha puesto en un estado de vulnerabilidad a
las especies de este género que aun eran relativamente abundantes.
En las zonas del monte donde los algarrobales dependían de las napas
freáticas y formaban un cinturón boscoso alrededor de unas
salinas, su tala es una invitación al avance del manto salino y
al despoblamiento.
La actividad forestal no solo se traduce en la
obtención de madera, sino también en la promoción
del cultivo de especies de crecimiento rápido tanto sea para la
obtención de leña, como la celulosa, materia prima del papel.
Así se destacan los monocultivos de eucaliptos (Eucalyptus spp)
oriundos de Australia y pinos nativos de Norteamérica como el eliotti
(Pinus ellioti) y el taeda (Pinus taeda) los que son preferidos por su
rápido crecimiento, sin olvidarse de las plantaciones de sauces
(Salíx spp) tan comunes en los ámbitos inundables del Delta
del Paraná. Así las forestaciones exóticas van reemplazando
bosques o selvas autóctonas y cubren cada año una mayor superficie
apoyadas por los créditos fiscales, otorgados por una razón
mucho más económica que técnica o ecológica.
En algunos casos la insularización de ámbitos nacionales
como ocurre en algunos Parques Nacionales es otro efecto preocupante de
estos "bosques del silencio" o "desiertos verdes" como se los ha dado en
llamar por su valor prácticamente nulo como refugio o zona de alimentación
para la fauna autóctona.
El efecto de la contaminación aún
no ha sido convenientemente evaluado en su impacto para la fauna en peligro
de la Argentina y si bien no sería causa principal de retroceso
de nuestra vida silvestre, sin duda debe ayudar a agravar la crítica
situación de algunas especies. Podríamos distinguir una contaminación
aérea o atmosférica ligada a los grandes centros urbanos
e industriales y a veces a plantas industriales particulares que producen
efectos graves incluso en la población humana. Seguramente este
tipo de contaminación es causa de pérdida o alejamiento de
algunas plantas o animales pero aún carecemos de información
concreta que avale esta presunción. Otras en cambio muestran una
especial resistencia a estas circunstancias como las calandrias que habitan
las plazas céntricas de la Ciudad Autonoma de Buenos Aires y que
lucen a simple vista más oscuras que las del campo por culpa del
hollín y el smog.
La contaminación acuática es para
muchas especies un enemigo potencial. Bastaría la conexión
de las plantas de desagües cloacales o industriales a algunos ríos,
arroyos o lagunas para acabar con especies endémicas de distribución
muy limitada. Los focos de contaminación acuática más
graves del país están sumamente dispersos y a veces
son causados por una sola industria. No obstante se puede señalar
al cinturón industrial La Plata-Buenos Aires-Rosario como uno de
los sitios más contaminados. Cuencas enteras como las del Riachuelo-La
Matanza, el Reconquista-Morón, el Luján, son reflejo de años
de convivencia antinatural con los recursos fluviales. La contaminación
costera del Río de la Plata alcanza proporciones alarmanten que
los habitantes de Buenos Aires y Alrededores desde hace años, son
advertidos del peligro de bañarse o ingerir sus aguas. Pero lo mismo
podría repetirse en cada río, arroyo, lago o laguna del país
que atraviese o bordee una ciudad, incluso la cabecera oriental del Lago
Lácar en el Parque Nacional Lanín y el Lago Nahuel Huapi
en varios sectores costeros denotan efectos de una avanzada contaminación.
Se debe señalar el uso masivo de agrotóxicos,
en especial organoclorados de largo efecto residual como el D.D.T. y sus
derivados que causan anualmente la mortandad de numerosas especies útiles
a la agricultura o incluso acuáticas debido al arrastre que sufren
con las lluvias hacia los ríos y arroyos. Si bien sus efectos aún
no han sido debidamente cuantificados, muchos ambientalistas culpan a las
fumigaciones o a los cebos tóxicos de animales muertos (especialmente
aves) sin daño externo alguno o de las desapariciones locales o
temporales ce ciertas especies.
Los problemas que afectan la conservación
de la extraordinaria diversidad de ambientes y recursos naturales en la
Argentina son múltiples y complejos. Entre ellos, se destacan la
expansión de actividades agropecuarias y urbanas sobre los ambientes
naturales, la falta de control sobre la deforestación que sufren
los bosques y selvas, el esquema de generación y consumo de energía
que no tiene suficientemente en cuenta su derroche ni sus impactos ambientas,
la sobreexplotación pesquera en el Atlántico Sur e, incluso,
la falta de control sobre actividades turísticas. Todas estas actividades
deben ser analizadas en función no sólo de sus impactos particulares,
sino también del límite máximo de impactos ambientales
que acumulan en su conjunto.
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