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| ¿El Ambientalismo
como un nuevo paradigma? |
Por Cristian Frers.
Técnico Superior en Comunicación Social
especializado en Periodismo Científico
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Balance del ambientalismo
El Ambientalismo en la Argentina
Ambientalismo, ONG´s y partidos
verdes
A partir de mediados de la década
de los 60 y en las décadas posteriores se fueron desarrollando un
amplio y confuso conjunto de ideas alrededor del tema del ambiente y de
su relación con las actividades y actitudes de la sociedad. Estas
ideas se corporizaron en un no menos confuso movimiento social y político
que fue creciendo y expandiéndose tanto en ideas como lugares. Empezó
con ciertas características en los países anglosajones, se
extendió después en el resto de los países desarrollados
y se volcó finalmente, siempre en transformación, a los países
subdesarrollados. Durante este proceso se vio enriquecido con nuevas ideas
y conceptos, pero también se fragmentó en diferentes corrientes,
dando como resultado final una gran cantidad de movimientos que lo único
que tienen en común es su preocupación por su objetivo final:
las relaciones socioambientales.
Hoy, la ecología, el ambientalismo y los
problemas ecológicos son términos intercambiables cuya disciplina
y objeto de estudio se mezclan en el lenguaje cotidiano. Una de las características
más particulares del ambientalismo es que ha pasado a ocupar un
lugar en el sentido común de la gente, es parte de lo cotidiano,
infaltable en las proclamas políticas y referencia obligada en el
discurso público de los empresarios.
¿Qué particularidades históricas
y que contexto social dieron lugar a que 300.000 personas participaran
en Norteamérica en el primer "Día de la Tierra"?
Los países desarrollados veían
crecer a su población empujada por el famoso baby boom de
la posguerra y los países subdesarrollados adquirían velocidades
de crecimiento inusitadas a partir de la aplicación de unas pocas
medidas sanitarias básicas, tal como la eliminación de las
enfermedades endémicas (malaria, viruela, tuberculosis) por la aplicación
masiva de los nuevos remedios y los nuevos pesticidas.
Desde la aparición en la Tierra del Homo
sapiens, tomó 4 millones de años para que la población
humana llegara a 1.000 millones. Por largo tiempo, el número de
los humanos creció lentamente. Se cree que cuando nació Cristo
la población mundial era de alrededor de 300 millones. Desde entonces
hasta mediados del siglo XVIII llegó a 800 millones. La población
humana se duplicaba aproximadamente cada 1.500 años. Si nos hubiésemos
mantenido en esa tasa de crecimiento, no habría sido hasta el cuarto
milenio, hacia el año 3250, que la población alcanzará
los 1.600 millones. Pero para el 1800 la tasa de incremento habia comenzado
a acelerarse y en 1900 la población del mundo llegó a 1.700
millones. Duplicarse sólo le había tomado150, no 1.500 años.
Ese fue el período más vigoroso
de la revolución industrial. También fue una época
en que la ciencia médica hizo grandes contribuciones a la calidad,
y particularmente a la extensión, de la vida humana. Las tasas de
mortalidad estaban cayendo y la gente vivía más tiempo, con
más niños que sobrevivían los primeros años
de vida. El resto del mundo se beneficiaría por último en
medida variada por esos avances, y para 1950 la población mundial
alcanzó los 2.500 millones. Esa vez se había duplicado en
menos de cien años. Llevados por una oleada en la población
Occidental que se industrializaba, los números estaban creciendo
exponencialmente. Se estaba echando bases para incrementos masivos en la
población que dominarían el paisaje de la Tierra en nuestra
época y más allá. La interpretación catatrofista
parecía plausible y digna de ser apoyada.
Desde el punto social, es en ese momento cuando
comienzan a crecer los problemas urbanos, relacionados con la gran migración
del campo a la ciudad y con la expansión acelerada de las grandes
ciudades. Aparecen los problemas de hacinamiento, transporte, fragmentación
social y territorial, inseguridad y también de contaminación.
La metáfora urbana no es la alegría de Paris, sino las sórdidas
calles de Nueva York o la atmósfera contaminada de Los Angeles.
En contra de todo esto el ambientalismo ofrece la vuelta a una naturaleza
limpia, segura y sabia. No parece tener importancia si esta vuelta es factible
o no, lo que importa es tener una nueva ilusión.
Las primeras ciudades aparecieron muy temprano
en la historia, en la Antigüedad. Pero fue principalmente el desarrollo
de la industria, durante los siglos XIX y XX, lo que desencadenó
el crecimiento explosivo de las ciudades en Europa y América. Estas
se convirtieron en los principales centros de actividad económica
y atrajeron una población cada vez más numerosa, extendiéndose
desmesuradamente. Durante mucho tiempo, más del 90% de la población
mundial vivió en el campo. En la actualidad, a pesar de que en muchos
países muy poblados gran parte de la población es todavía
campesina, el 50% de la población mundial vive en ciudades. La urbanización,
es decir, la concentración de población en las ciudades,
pareciera no tener límites.
El exceso de construcciones modifica el suelo
y puede originar catástrofes. Así, durante lluvias torrenciales,
los suelos recubiertos de asfalto no logran retener las aguas, que corren
violentamente, y pueden inundar la ciudad en pocas horas.
Dentro de las ciudades, se plantean otros problemas,
relativos especialmente a la contaminación. En los países
subdesarrollados, los sistemas de alcantarillado urbano no están
adaptados al creciente número de habitantes, y las napas de agua
potable se contaminan paulatinamente, comprometiendo el suministro de agua
a la población.
Los automóviles también generan
complicaciones: los gases de escape forman una nube de contaminación
tóxica, el smog. Ciudades como Londres, Los Angeles, Atenas o México
están, periódicamente, asfixiadas.
Chicago, con su trazado ortogonal, sus calles
rectilíneas, sus enormes rascacielos y sus juegos de luces en la
noche, simboliza a la perfección el crecimiento desmedido de las
ciudades modernas. La ciudad de Chicago se fundó a comienzos del
siglo XIX en la ribera del lago Michigan y se desarrollo rápidamente.
Esta ciudad que en 1833 tenía apenas 300 habitantes, alberga en
la actualidad a más de 7,6 millones de personas.
En el contexto internacional, la Conferencia
de las Naciones Unidas sobre el Ambiente que se llevó a cabo en
Estocolmo en 1972, fue una divisoria de aguas puso la cuestión
de la ecología en la agenda global y abrió el debate acerca
de sus parametros. Por primera vez, se reunieron las naciones para considerar
el estado del planeta Tierra. Por primera vez integramos el escenario en
la acción de la obra. Nada volvería a ser igual, porque después
de Estocolmo nos vimos obligados a mirarnos a nosotros mismos de maneras
fundamentamente diferentes.
Estocolmo promulgo la Declaración Internacional
sobre el Ambiente que fue el comienzo, una base sobre la cual levantar,
si no un monumento sobre la supervivencia humana, al menos algunos pilotes
esenciales para mantener la Tierra como lugar adecuado a la vida humana.
Un logro fundamental de la conferencia de Estocolmo fue la agudización
de la conciencia mundial de la polución.
La declaración de Estocolmo desemboca
veinte años más tarde en la Declaración de Rio o Eco
92 donde se definen los derechos y responsabilidades de las naciones en
la búsqueda del progreso y del bienestar de la humanidad. Basandose
en:
-Derecho de los Estados para aprovechar
sus recursos propios y no causar daños al ambiente de otros países.
-El desarrollo debe ejercerse sobre una
base sostenible.
-Responsabilidad de los países desarrollados
en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible.
-Función vital de los pueblos indígenas
en el desarrollo sostenible debido a sus conocimientos y prácticas
tradicionales.
En este contexto general, sombrío y
desencantado, donde crece el ambientalismo, en sus diferentes concepciones.
Vamos a encontrar movimientos ambientalistas que van desde los fuertemente
antropocéntricos, basados en la superioridad natural del hombre
con respecto a la naturaleza y su necesario destino de organizador y usuario
de la misma, hasta los que buscan una posición ecocéntrica,
negándole al hombre algún derecho sobre la naturaleza y poniéndolo
al mismo nivel que otros seres vivos. Estas dos posiciones extremas dan
como resultado el ambientalismo llamado "superficial", preocupado por los
temas ambientales pero adoptando una política de regulación
del uso de los recursos y conservación de la naturaleza desde el
punto de vista de su utilidad para el hombre. En el otro extremo, aparece
el ambientalismo "profundo", que utiliza la hipotesis de Gaia para proponer
un hombre totalmente integrado a la naturaleza, alejado del uso de productos
materiales innecesarios, viviendo en comunidades pequeñas, que no
mata animales para comer y respeta a todos los integrantes del ecosistema.
Entre la extrema practicidad y la extrema utopía se desarrolla toda
una serie de movimientos que confía en mayor o menor medida en la
sabiduría natural para solucionar la supervivencia humana o en la
capacidad del hombre para desarrollar cada vez más sofisticadas
tecnologías.
Ambientalismo, ONG´s
y partidos verdes
Desde un principio estos movimientos fueron
muy bien manejados, tanto en lo que hace pública como su capacidad
para obtener financiamiento. Los ambientalistas comenzaron a actuar en
tres tipos de organizaciones diferentes:
-Los que abogaban por un ecologismo "profundo"
por lo general despreciaron toda forma organizativa institucional y prefirieron
las pequeñas organizaciones locales, muchas veces formadas
a partir de estudiantes universitarios. Estas organizaciones a veces optaban
por retirarse a lugares aislados, donde intentaban reconstruir lo que para
ellos era el modo de vida original del hombre (pequeños grupos aislados,
autosostenidos). Transformandose en un movimiento redentor y mesiánico,
casi fundamentalista, inflexible y poco apegado a recibir críticas,
ni desde adentro ni desde afuera. Su discurso es generalmente utópico,
sin plantear salidas concretas sino ideas generales para un mundo mejor,
lo que lo aleja mucho de los sectores de la población cuyas necesidades
son demasiado inmediatas para aceptar este tipo de movimientos. Plantea
algunas soluciones como la vuelta a la naturaleza. Obviamente inviable,
en un mundo donde el 50% de la población es urbana. Muchas veces
el ambientalismo ha pecado de cierta ingenuidad que lo transforma usualmente
en un movimiento retrógrado y elistista a negarse a analizar otros
aspectos de los problemas ambientales que no sean los estrictamente naturales.
-Los otros grupos ambientalistas se institucionalizaron
bajo lo que luego pasó a llamarse en todo el mundo "organizaciones
no gubernamentales" (ONG´s). Algunos como grupos pequeños
y medianos, muy focalizados en intereses locales y específicos,
donde se han hecho un importante lugar en la opinión publica, adonde
aparecen como la voz popular que representa los intereses del hombre común.
Si bien en su mayoría han sido grupo de personas pertenecientes
a la clase media, en los últimos años ha crecido el número
de organizaciones ubicadas en áreas de menores ingresos, sobre todo
en los barrios urbanos más pobres, con intereses que están
casi siempre ligados a las condiciones ambientales urbanas.
Algunos grupos ambientalistas, por diferentes
circunstancias, comenzaron a crecer y tomaron una dimensión primero
nacional y luego internacional. Entre estos grupos podemos nombrar a Greenpeace,
Earth First, Amigos de la Tierra o Conservation Internacional. Tal vez
la historia de Greenpeace es un buen ejemplo:
Un viejo barco atunero con doce idealistas
a bordo, que avanza por las aguas de la costa oeste de Alaska hacia el
archipiélago de las Aleutianas. Una misión desmesurada: frenar
los ensayos atómicos de los Estados Unidos en la isla de Amchitka,
un paraíso de nutrias, de mar y aves rapaces. Emilio Salgari, Herman
Melville y Jack London parecen haber inspirado esta historia romántica.
Pero fue tan real, que marcó el nacimiento del movimiento ecologista
y pacifista más extendido y eficaz del mundo.
Los tripulantes eran activistas antinucleares
canadienses, cuáqueros y objetores de nconciencia estadounidenses,
refugiados en Canadá para no participar en la guerra de Vietnam.
Se autodenominaban Comité No Hagan Olas, en alusión al maremoto
que podría desencadenar una explosión atómica en una
zona de gran actividad sísmica. "Queremos paz, y queremos que sea
verde", afirmaba a la prensa uno de los militantes, poco antes de zarpar
desde Vancuver (Canadá). Por eso rebautizaron al barco con el nombre
de "Greenpeace".
El viaje fue un fracaso. Lo pasaron mareados
y peleándose por asuntos menores. Y como no atendieron a ciertos
requisitos burocráticos, dieron pie a que los guardacostas estadounidenses
los frenaran cuando estaban por llegar a Amchitka. La prueba nuclear se
hizo igual.
Pero a bordo iban dos periodistas, que
transmitían por radio a sus redacciones todos los pormenores de
la travesía. Las noticias frescas alimentaron aún más
el enojo de los canadienses contra sus vecinos, y decenas de miles de manifestantes
bloquearon durante varios días las fronteras. El gobierno estadounidense
se vio obligado a anunciar que ése sería el último
ensayo atómico. Desde entonces, la isla de Amchitka es una reserva
ornitológica.
La lección positiva del viaje se
convirtió en una de las marcas de fábrica de la organización:
la mediatización del reclamo y de la protesta. El desafío
de la cascarita de nuez frente a los marines tuvo tal impacto, que grupos
de Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos, sin contacto entre sí,
tomaron el nombre de Greenpeace.
La segunda movilización tuvo el
mismo sello quijotesco. Fue cuando David Mctaggart, un ex hombre de negocios
canadiense, ofreció a los activistas neocelandeses su velero para
llegar hasta el atolón de Mururoa, en el Pacífico, donde
Francia había ampliado la zona marina de exclusión con miras
a sus ensayos atómicos.
La desconexión y la mala relación
entre los grupos se agravó a partir de 1974, cuando un sector de
Greenpeace en América del Norte decidió apuntar contra la
caza comercial de ballenas y la matanza de crías de focas en Terranova,
Canadá. Para los antinucleares, era un tema suave. Entretanto, Mctaggart
fundó la organización en países europeos, lo que permitió
en 1978 juntar a todos los grupos y crear Greenpeace Internacional.
Con la unificación también
se hicieron comunes las estructuras, las investigaciones científicas
y las estrategias, que no han variado mayormente desde entonces. El glosario
de Greenpeace incluye términos como campaña, para designar
el objetivo a lograr, y acciones directas para llamar la atención
sobre un problema, en las que intervienen miembros bien entrenados y, cuando
no hay riesgo físico, también voluntarios.
"Es una especie de élite, pero en
la que cualquiera puede participar. No hay ningún superhombre",
asegura el entrerriano Milko Schvartzman, quien defendió a las ballenas
a bordo del "Rainbow Warrior" (Guerrero del Arcoiris), el buque insignia
de la "flota verde". Jóvenes, creativos, audaces, entusiastas, abiertos
a todas las razas y nacionalidades, resistentes e insistentes: ése
es el perfil de los militantes en todo el mundo, mujeres incluidas.
"A igualdad de condiciones se busca promover
la presencia femenina -cuenta Verónica Odriozola, ligada a Greenpeace
desde 1987, coordinadora de la campaña de tóxicos-. Hay mujeres
tripulantes en cargos de oficial, y hasta capitanas; varias de ellas son
argentinas, que se formaron en las distintas visitas de los barcos".
Los guerreros del arcoiris se enorgullecen
de haber tenido parte en muchos logros: la moratoria en la casa comercial
de ballenas y en la explotación minera en la Antártida; la
paralización de las pruebas nucleares; el cese del vertido de residuos
radioactivos al mar; la interdicción de fabricar y comerciar minas
antipersonales. La lista es mucho más extensa, e incluye tanto la
instauración de tecnologías limpias y explotaciones sustentables,
como la presencia de Greenpeace en calidad de observador en numerosos foros
internacionales.
Las tareas pendientes no son menos abrumadoras,
a las puertas de un mañana apocalíptico que incluye arsenales
nucleares, deforestación, contaminación de todo tipo, adelgazamiento
de la capa de ozono y cambio climático. Le hacen frente un millar
de personas que trabajan en forma profesional en 31 países y 14
centros de campaña, decenas de miles de voluntarios y 3,5 millones
de socios, gracias a cuyos aportes la entidad jamás recibe dinero
de gobiernos, empresas ni partidos políticos.
La mística de Greenpeace alentó,
contagió y enhebró a infinidad de organizaciones no gubernamentales
en todo el mundo. No sólo pacifistas y ambientalistas: activistas
de los derechos humanos, defensores de los derechos civiles, militantes
por la igualdad social, y la inmensa mayoría de quienes luchan por
mejorar la vida en el planeta, han aprendido de su ejemplo que, a la larga,
la mejor barrera contra la destrucción se levanta con información
y participación colectiva, y sin necesidad de resignar la alegría
y las ilusiones.
-En paralelo a este tipo de grupos se desarrolló
otro. Este era conservacionista con fines utilitarios y abogaba por la
definición de reservas faunísticas. Este responde a un proceso
que comenzó en el siglo pasado en Europa y en Los Estados Unidos,
ligados a las ideas del romanticismo, la visión estética
de la naturaleza y el encandilamiento por lo salvaje. Este proceso tendía
a la preservación de lo natural con fines estéticos y didácticos
y buscaba proteger las llamadas "bellezas naturales" y dio como resultado
la creación de los primeros parques nacionales, hacia la década
de 1880.
En paralelo comenzó a construirse toda
una institucionalidad alrededor del tema de la preservación, primero
con la aparición de las sociedades protectoras de animales en Europa
y Estados Unidos, y más tarde con la fundación de las primeras
instituciones ambientalistas no gubernamentales, tales como el Sierra
Club de California, llamado a tener gran importancia en el movimiento ambientalista.
Por otro lado se desarrollo un movimiento convergente,
el llamado "conservacionismo utilitario" que surgía tanto de los
primeros pasos de la ciencia forestal, que tenía como objetivo la
posibilidad de una explotación sostenible de los bosques naturales,
como de las preocupaciones de los cazadores por la disminución de
las especies.
Conservacionismo y proteccionismo convergieron
para apoyar la formación de la figura del parque nacional, que fue
cambiando con el tiempo. Sus orígenes son fuertemente etnocéntricos
y racistas en el caso africano y exclusivistas en el caso norteamericano,
refiriéndolos a las necesidades de las clases sociales más
altas y algunos "iluminados". La función principal era la de preservar
las llamadas bellezas naturales y la naturaleza prístina. También
deberían cumplir una función didáctica, mostrando
la sabiduría de la naturaleza cuando no era contaminada por el hombre.
Este concepto excluyente y elitista de la función de los parques
nacionales fue cambiando con el tiempo, ante la acción combinada
de la presión demográfica y social y la aparición
de un interés científico y económico por estas reservas.
Va creciendo un turismo asociado a la contemplación de las bellezas
naturales y esos recursos paisajísticos pasan a transformarse en
una mercancía: millones de personas llegan todos los años
a los parques nacionales dispuestos a "disfrutar de la naturaleza" pero
también a consumir y gastar dinero. Con el tiempo, la noción
de reserva dejó de limitarse a la de parques nacionales y aparecieron
otros conceptos más amplios, como los de reserva estricta, monumento
natural y área protegida, y el número de estos fragmentos
territoriales protegidos aumentó considerablemente.
El objetivo específico de estas instituciones
primero se concentraban en tipos de acciones muy especifícas, pero
luego su interés se fue ampliando al uso de los recursos naturales.
El Ambientalismo en
la Argentina:
En la Argentina, teniendo en cuenta el
tamaño del país y la variedad de problemas de conservación
existentes, es improbable que una sola ONG pueda tener éxito operando
en forma aislada. Las dificultades asociadas con la coordinación
de esfuerzos conjuntos y los diferentes criterios con que se encaran los
problemas de conservación, constituyen obstaculos que muy seguido
requieren ser superados a través de emprendimientos conjuntos. Pero
no solo las pequeñas ONG´s ambientalistas tienen problemas.
Entre las principales dificultades que se afrontan, se encuentra la falta
de continuidad de los programas, la tendencia a permanecer en un plano
más declamativo que práctico, la falta de coordinación
y de una adecuada red de información entre las distintas fundaciones,
el desconocimiento por parte de muchas ONG´s de sus limitaciones,
lo cual genera desconfianza en muchas instituciones académicas dedicadas
a temas ambientales, la escasa representatividad en número de miembros,
la dificultad para obtener fondos, la falta de madurez gubernamental para
aceptar la relación compleja que, clásicamente, se estructura
con las ONG´s, en las que suelen darse críticas y trabajos
en conjunto a la par, y la representación de posiciones extremas
por parte de las ONG´s, siempre presionadas para denunciar y generalmente
poco valoradas e incluso sospechadas cuando no lo hacen. Este último
punto es difícil de afrontar y plantea un divorcio entre lo que
la gran parte de la sociedad desea escuchar de una ONG´s y lo que
las ONG siente que debe decir, en función de su misión y
su visión.
Pese a todas estas barreras, tanto las
interacciones entre las ONG´s como la segmentación de sus
públicos está llevando a una diversificación de nichos
que permiten actividades complementarias. Esta complementaridad no suele
ser planificada y puede incluso ser involuntaria, pero funciona. La profesionalización
es creciente y con ella, la obtención de logros concretos se facilita.
Las ONG´s siguen evolucionando, y en la Argentina surgen como una
de las herramientas para lograr cambios en nuestra realidad ambiental.
El Estado nacional y varios provinciales, de hecho, tienden a descargar
a veces más responsabilidades sobre las ONG´s ambientalistas
de
lo que quizás deberían. Esto es especialmente cierto si se
tiene en cuenta, al mismo tiempo, las escasas facilidades de tipo económico
que se les brinda, a diferencia de lo que ocurre en otros países
o, incluso en nuestro país, en otros rubros de actividad, como es
el caso de la promoción del arte. Tanto Greenpeace como la
Fundación Vida Silvestre Argentina, usualmente percibidas como las
ONG´s ambientalistas más poderosas del país,
tienen presupuestos menores a los de muchas Pymes y recursos humanos muy
escasos. En general, las autoridades aún desconfían de las
ONG´s. Las ven como un indiscreto testigo de sus acciones de gobierno.
Pero una ONG responsable nunca esconde sus intereses y, si sabe comunicarlos
con transparencia, la relación entre gobierno y ONG´s puede
ser madura y a la vez, independiente. Este tipo de relación es la
que permite inyectar nuevas ideas en las oficinas de gobierno y lograr
resultados concretos en más de una ocasión.
En la Argentina existen 1200 organizaciones
no gubernamentales. Sin embargo, 800 de ellas están formadas por
un reducido número de personas. De las 200 restantes, solo unas
50 trabajan siguiendo los lineamientos de la Estrategia Mundial para la
Conservación de la Naturaleza y sus Recursos. Muy pocas cuentan
con el respaldo de una importante masa societaria.
El primer grupo conservacionista que surgió
en el país fue la Asociación Ornitologica del Plata, en 1916.
Hoy se llama Aves Argentinas. A partir de 1940 se crearon varias entidades
ambientalistas como: Asociación Natura, Asociación Amigos
de los Parques Nacionales, Asociación Argentina contra la Contaminación
del Aire, pero el movimiento conservasionista recién cobro importancia
en la década del 70. La mayoría de las ONG´s tiene
su sede en las grandes ciudades. Pero son cada vez más las ONG´s
del interior. Este dato se presenta como una oportunidad de interacción
con sectores representativos de la sociedad civil más cerca del
ámbito donde se encuentran los ambientes naturales. Sin embargo,
frecuentemente, por falta de recursos y otros factores, su capacidad es
muy limitada, así como su grado de profesionalismo.
Balance del ambientalismo
A casi 30 años de sus primeros pasos,
es posible ahora hacer un balance del movimiento social que generó
la relación sociedad/ambiente, lo que en término generales
hemos llamado el ambientalismo. Este ha tenido un papel importante en la
sociedad como guardián y controlador del manejo del ambiente. El
ambientalismo es lo que podríamos llamar "la voz de la Tierra".
Desde ese punto de vista ha tenido un papel importantísimo en la
desaceleración del crecimiento nuclear (sobre todo en el caso de
las usinas nucleares), en el crecimiento aún pequeño de las
energías no convencionales (eólica, biogás y solar),
en el consumo de productos llamados "orgánicos" (así se llama
a aquellos en cuyo proceso de producción no intervienen agroquímicos),
en las medicinas no ortodoxas (homeopatía, acupuntura), en el reciclaje
de los residuos familiares y en lo que podríamos llamar la educación
ambiental.
Tal vez uno de los problemas básicos
de este amplio movimiento es que muchas veces ha pretendido erigirse en
una nueva ideología o en un nuevo paradigma. Es difícil pensar
que sea ni una cosa ni la otra: carece de la necesaria amplitud como para
ser una ideología, en pocas palabras, una forma de mirar globalmente
el futuro del mundo porque deja de lado a buena parte de los sectores que
hacen al desarrollo social y económico y sólo se concentra
en uno: el ambiente. Por otra parte, tampoco es un nuevo paradigma, si
es que los paradigmas -el cúmulo de teorías, métodos
y visiones que determinan ciertas formas de proceder- se pueden construir
voluntariamente, dado que, otra vez, no involucra todos los aspectos del
saber, sino sólo aquéllos relacionados con la sociedad y
el ambiente.
Las ideas del ambientalismo son tal vez
el embrión de una nueva forma de ver las cosas, que requiere todavía
mucha elaboración, discución y acuerdos para constituirse
en un saber estructurado.
Es posible que los problemas que sufre
el ambientalismo se vayan amalgamando con otros movimientos sociales que
le den una visión más amplia y socialmente progresista. Es
verdad que existen problemas ambientales globales, pero no parecen ser
los más urgentes ni los más fáciles de resolver. El
agujero de ozono puede esperar si tenemos primero que solucionar temas
como el de millones de personas viviendo en la miseria, poblaciones enteras
sin agua ni cloacas, ríos contaminados, industrias contaminantes
y ciudades envenenadas por los motores de combustión. Y ese es uno
de los papeles importantes del ambientalismo: jerarquizar los problemas
concretos y ayudar a dar soluciones viables para todos.
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