Por Jacqueline De la Peña Bueno
Guadalajara Jalisco
Noviembre 2009
La deforestación en toda la cuenca del
río Amazonas, considerada el gran pulmón del mundo, es peor
de lo que se creía hasta ahora, según un estudio que publica
la revista Science. Los seres humanos y sus actividades están acabando
con la vida del Amazonas al doble de la velocidad que se había previsto
El Amazonas se considera como la cuenca fluvial
y como el bosque más grande del mundo con casi 700 millones de hectáreas
en 9 países, la región amazónica es un gigantesco
ecosistema de selvas tropicales sobre una extensión de 7 millones
de kilómetros cuadrados.
También es considerada como la reserva
biológica más rica del mundo, con millones de especies de
insectos, plantas, pájaros y otras formas de vida, muchas de las
cuales todavía no han sido registradas por la ciencia.
Más allá de estos factores, el
Amazonas es el que se encarga de regular el clima de casi toda América
del Sur, y sus árboles los grandes encargados de procesar
todo el dióxido de carbono para convertirlo en oxígeno. Pero
más allá de eso, la cuenca es la que regula el clima de casi
toda América del Sur y sus árboles son los grandes procesadores
de dióxido de carbono y suministradores de oxígeno. Aumentando
las emisiones de CO2 se contribuye más al cambio climático,
este a su vez reduce la humedad de la selva haciéndola más
susceptible a los incendios, que a su vez emiten más CO2 generando
un devastador circulo vicioso.
La investigación, realizada por científicos
de la Institución Carnegie, de Washington, señala que esa
riqueza está bajo amenaza y que el principal factor de la deforestación
es la tala indiscriminada de árboles, a lo que se han sumado ahora
las actividades de la industria maderera en la región.
Hasta ahora, los métodos basados en las
imágenes proporcionadas por satélites sólo detectaban
las extensiones de terrenos en las que los árboles habían
sido talados para dar espacio a las granjas o los pastizales.
Sin embargo, un nuevo método de imagen
por satélite desarrollado por los científicos de la Institución
Carnegie, encabezados por Gregory Asner, ha logrado determinar niveles
más precisos de la deforestación amazónica.
El método llamado Sistema de Análisis
Carnegie Landsat, (en cuyo desarrollo también participó la
NASA), permitió a los científicos identificar muchas zonas
donde la floresta tropical ha sido reducida a través de lo que calificó
como "una tala selectiva" dijo Asner.
En este tipo de deforestación sólo
se cortan ciertas especies de árboles comercializables y los troncos
se transportan a los aserraderos ubicados fuera del campo.
Para detectar y cuantificar ese tipo de árboles,
en los cinco estados madereros más importantes de la Amazonía
brasileña, los investigadores aplicaron el sistema que les permite
analizar cada uno de los píxel de la imagen producida por tres satélites.
A través de ese análisis lograron
determinar el porcentaje de tierra con floresta y sin floresta dentro de
cada punto de la imagen.
Los investigadores señalaron que entre
1999 y 2002, la tala selectiva añadió entre 60 y 128% más
de área de floresta dañada a lo que se había informado
hasta entonces.
Superficie perdida
Desde la Cumbre de la Tierra en Río en
1992, la Amazonía brasileña ha perdido más de 230.000
kilómetros cuadrados por actividades humanas, un área semejante
a la mitad de la superficie de España" -ha declarado Paulo Adario,
Coordinador de la Campaña Amazónica de Greenpeace en Brasil-
"La deforestación y los incendios en el Amazonas son las principales
fuentes de emisiones de CO2 en Brasil, contribuyendo de este modo al cambio
climático, que a su vez aumenta el número de incendios".
Muchos grupos ambientalistas pidieron medidas
urgentes para frenar la deforestación de la Amazonía brasileña
tras el anuncio del gobierno de la pérdida de casi 24 mil kilómetros
cuadrados de selva en el 2004.
Del 200 para acá el ritmo de destrucción
no es tan alto como en los años 90, así que el gobierno considera
la cifra de 24 mil kilómetros como un éxito de su programa
para detener el ritmo de deforestación.
Sin embargo, para los grupos ambientalistas esto
confirma que la selva más extensa del mundo está desapareciendo
rápidamente.
Se argumenta que el aumento en las exportaciones
de carne de res y soja en Brasil fomenta el despeje de bosque, mediante
quema y tala, para crear granjas.
Los científicos temen que el despeje de
la selva podría afectar el clima global, así como amenazar
especies únicas de fauna y flora.
"La tendencia es que el nivel se mantenga de
no ser que se tomen medidas drásticas, y yo no veo al gobierno haciendo
nada drástico".
La ministra del Medio Ambiente de Brasil aseguró
que el ritmo de la deforestación se había detenido.
"El gran desafío es que 23 mil kilómetros
cuadrados todavía son cifras muy altas", afirmó la ministra
Marina da Silva.
El mes pasado, el presidente Luiz Inacio Lula
de Silva develó planes para contener la destrucción después
de que su gobierno fuera criticado por falta de acción.
El volumen total de árboles talados representa
entre 10 y 15 millones de toneladas métricas de carbono retirado
del ecosistema, varios científicos han señalado que la industria
maderera es causante de serias perturbaciones ecológicas.
Las enredaderas de los árboles pueden
causar la caída de grandes cantidades de vegetación cuando
se corta un árbol con graves consecuencias ambientales.
Entre ellas se produce una eliminación
de la humedad característica de la selva y se aumenta el peligro
de incendios, señalaron los científicos. Las selvas que han
sufrido tala son áreas que presentan un daño extraordinario.
Financiado por la NASA y la Institución
Carnegie, en el estudio también participaron científicos
del Servicio Forestal de EEUU, el Instituto Internacional de Florestas
Tropicales, de Puerto Rico, de la Universidad de Nuevo Hampshire y de EMBRAPA-Amazonia
Oriental del estado brasileño de Pará.
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