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NATURALEZA * VIDA ANIMAL * REPTILES Y ANFIBIOS ---© Textos-fotos-videos: Merche S. Calle / J. E. Gómez--
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Kingdom: Animalia / Phylum: Chordata
Clase: Amphibia / Orden: Anura
Familia: Alytidae
Alytes dickhilleni 
Sapo partero bético / Betic midwife toad 
Tamaño 32,8 -56,5 mm
Habitat
Endemismo exclusivo de la Península Ibérica, que habita en sistemas montañosos del Sureste de España hasta 2.100 metros de altitud en zonas boscosas de pinares y encinares o tambien en zonas de matorral abierto. Requieren para su desarrollo zonas de aguas permanentes y limpias, lo que supone la principal amenaza para la especie ya que estanques, abrevaderos, albercas etc suelen estar modificados para usos ganaderos y agrícolas con lo que se pierden los habitats o quedan muy fragmentados limitando las posibilidades de desarrollo. Las principales características son  la pupila vertical y que tiene tres tubérculos metacarpales.
Alimentación insectos y arañas. Actividad nocturna o crepuscular, durante el día permanecen ocultos bajo piedras.

El macho que ‘da a luz’ a sus hijos
Los estudios sobre el cambio climático ayudan a la protección del sapo partero bético en Sierra Nevada
La restauración de abrevaderos, charcas y fuentes, permite mantener las escasas poblaciones de una especie exclusiva del sureste peninsular
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle / IDEAL y Waste Magazine
Su imagen en tiempos de reproducción es muy particular. El sapo partero bético, Alytes dickhilleni, camina entre las orillas de las charcas y cursos de agua junto a los que vive cargado de huevos que transporta entre sus patas traseras. Esta forma de actuar no sería nada extraordinaria si no fuese porque quien así se comporta es el macho y no la hembra, es el padre quien se encarga de la gestación y de hacer nacer a sus hijos. Es uno de los poquísimos ejemplos que la naturaleza aporta sobre lo que podría considerarse ‘embarazo’ masculino (otra de las especies es el caballito de mar). 
De menor tamaño que el sapo común, aproximadamente unos 4 centímetros de longitud, es único en las sierras del sureste de la península Ibérica, por lo que se le considera un endemismo bético. Una ‘joya’ de la fauna autóctona que se ha convertido también en un perfecto bioindicador del cambio climático y parte fundamental de los estudios que se realizan desde el Observatorio del Cambio Global de Sierra Nevada.
«Está calificado como una especie amenazada con la categoría de vulnerable a la extinción, tanto a nivel global como nacional y regional», dicen los técnicos y especialistas en anfibios de la Agencia de Medio Ambiente y Agua de la Junta de Andalucía, Emilio González Miras y Elena Ballesteros Duperón, que desde hace unos años se encargan del estudio y seguimiento de las poblaciones de anfibios, entre ellos Alytes dickhilleni, en Sierra Nevada y otros territorios del oriente andaluz como los Filabres. «Esa forma tan particular de reproducción es lo que le ha dado el nombre vulgar por el que se le conoce a esta especie que habita en el sureste español, como al resto de las que forman el género Alytes», afirma Emilio González, para quien la cualidad de ‘partero’ del macho no se puede considerar científicamente como si de un embarazo se tratase o que el género masculino sea quien ‘da a luz’ a sus hijos, aunque sí es uno de los casos más claros en los que la viabilidad de la descendencia dependerá del padre. La realidad es que la hembra solo pone los huevos sobre el macho, que es quien los fecunda y cuida hasta su eclosión, una forma de cuidados parentales única entre los anfibios. 

«La hembra transfiere al macho un cordón formado por una media de entre 30 y 40 huevos para que los fecunde. Después el macho se hace cargo de la puesta y la transporta entre sus patas traseras durante aproximadamente un mes. Cuando las larvas están ya en condiciones de valerse por sí mismas, suelta los huevos en el agua de la charca para que eclosionen», dicen los especialistas, que han constatado como un solo macho puede transportar una media de 75 huevos,  producidos por varias hembras,  lo que muestra lo solicitados que pueden estar los ejemplares masculinos de esta especie en poblaciones formadas por solo una decena de individuos.
 

Supervivencia
Ayudar a la pervivencia de esta especie es uno de los objetivos del trabajo que los especialistas realizan en charcas y abrevaderos de media y alta montaña, encuadrado en los programas de seguimiento, protección y recuperación de anfibios. «De esta especie solo se conocen 35 puntos de reproducción en la provincia de Granada y 300 en todo el territorio peninsular,  lo que la convierte en tan amenazada como el águila imperial ibérica, por ejemplo», dice Elena Ballesteros, que ha detectado que en Granada hay siete núcleos poblacionales repartidos por los Montes Orientales, Parapanda, Colomera, sierras de Huétor y Arana, Baza, Sierra Nevada, Lújar, Tejeda, Albuñuelas y las sierras del nordeste provincial. 

«Hemos investigado una gran cantidad de puntos donde podrían vivir pequeños grupos de Alytes dickhilleni, y se han restaurado abrevaderos y charcas que tradicionalmente se emplean para que beba el ganado. El mantenimiento y cuidados de estos espacios ha dado resultados positivos y ahora podemos profundizar en el conocimiento de esta especie», dice Elena Ballesteros, que junto a Emilio González y el auxiliar de biodiversidad, Rogelio López, acudían a uno de esos abrevaderos donde habían constatado ya la presencia de larvas de varias generaciones, algunas de ellas con algo más de un año de vida y a punto de completar su metamorfosis.

El objetivo del estudio es conocer la evolución de esas poblaciones y comprobar los efectos del cambio climático en el desarrollo de esta especie en el contexto de Sierra Nevada, unos trabajos que se realizan en relación con el Observatorio del Cambio Global, «ya que se trata de un animal muy sensible a las modificaciones en las temperaturas y las alteraciones que pueda sufrir el medio donde viven. Es uno de los pocos anfibios que, aunque viven en tierra en sus fases adultas, necesitan de aguas permanentes en las proximidades, puesto que sus larvas tardan mucho tiempo en desarrollarse, aguas no contaminadas y con temperaturas que no sean demasiado altas», indica Emilio González, que afirma que aguantan bien el frío y resisten temperaturas de diez grados bajo cero en el exterior, con sus charcas cubiertas de una capa helada, pero no pueden vivir cuando las temperaturas superan niveles de entre 20 y 22 grados. «Ante cualquier alteración de las temperaturas, con una evolución climática hacia mayor calor, se puede dar la circunstancia de que las larvas se desarrollen más rápido y, por lo tanto, serán ejemplares adultos de menor tamaño, más débiles y con menos posibilidades de pervivencia y reproducción», indica Elena Ballesteros, para quien el seguimiento de diversas especies de anfibios «nos puede aportar importantes claves en cuanto al pasado, presente y el futuro del clima y la biodiversidad». 

Marcaje de larvas
A finales de la primavera y el inicio del verano realizan tareas de marcaje de las larvas para poder ver después cómo han evolucionado». En el interior del abrevadero capturan larvas de varios meses de vida. Armados con jeringuillas cargadas con un elastómero, una sustancia de color amarillo fosforescente, inoculan a las larvas una cantidad pqueñisima de este producto, toman sus medidas, comprueban el peso y su estado. «Un tiempo después, cuando se hacen nuevas capturas y se ve que eran larvas ya marcadas, tendremos los datos necesarios para conocer su evolución y, con ella, la de la población de estos anfibios en ese lugar concreto», dicen los biólogos, que marcan alrededor de medio centenar de larvas que, inmediatamente después, son devueltas a su hábitat. 


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Control y censo de poblaciones de Alytes dickhilleni
"El macho que 'da a luz' a sus hijos
Reportaje publicado en IDEAL el 25 de junio de 2013
Texto y fotos 
Un ejemplar macho de sapo partero bético transporta los huevos entre sus patas traseras. Foto: Emilio González Miras
Sapo partero
Especies: Se conocen cinco especies en España a las que las gentes conocen como sapos parteros, pero tres de ellas no fueron catalogadas hasta la segunda mitad del siglo XX.
Endemismo bético  El sapo partero que habita en esta zona, fue considerado una nueva especie en el año 1995. Vive excñusivamente en lel sureste de la península, en territorios de Andalucía y algunos puntos de Albacete, Murcia y Castilla la Mancha, aunque el 90% de la población es andaluza. 
Cuidar las fuentes

Los ecosistemas tradicionales de estas especies de anfibios, los sapos parteros y otros que también forman parte de los estudios sobre el cambio global, son zonas remansadas de arroyos, pero con el tiempo y la acción del hombre en los montes y campos, han necesitado adaptarse a hábitats antropizados (alterados por el hombre) y aprovechan lo que tienen a mano. Por ese motivo las acumulaciones de agua de charcas para abastecimiento y regadío en zonas rurales, fuentes y abrevaderos, con escasa presencia humana, son ahora los lugares ocupados por anfibios y sapos parteros en particular, que pueden verse junto a canalizaciones de regadío. «La mayoría de esos espacios forman parte de zonas forestales, pero también los hemos detectado junto a cultivos y apriscos para el ganado».

La Junta de Andalucía tiene en marcha una serie de actuaciones tendentes a la conservación y restauración de este tipo de elementos de uso rural tanto para la protección de moluscos de agua dulce como de anfibios, en las provincias de Granada, Jaén 



Distribución
Sierra Blanquilla Cádiz
Sierra de Alcaraz, Albacete
Sierra de Cazorla, Segura y Mágina en Jaén
Sierras de Gador y Filabres en Almería
Sierras de Alhama, Almijara y Tejeda en Granada-Málaga
Sierras de Baza, Castril, Harana, Loja, Parapanda, Sierra Nevada, en Granada


Especie amenazada incluida en el Atlas y Libro Rojo de Anfibios y Reptiles de España
Categoría mundial UICN: Vulnerable VU B1+2cd.
Categoría España y criterios: Vulnerable VU B1ab+2ab.
Incluido en el Libro Rojo de Vertebrados Amenazados de Andalucía
Categoría Andalucía Vulnerable a la extinción

Poblaciones amenazadas: Todas sus poblaciones. 
Las que se encuentran en peligro más inmediato son las de las Sierras de Gador y Filabres en Almería, Sierra de Baza en Granada, Sierras de Almijara y Tejeda en Granada-Málaga, Sierra Mágina y Sierra de Segura en Jaén y algunas otras poblaciones aisladas en Granada (Sierras de Loja, Parapanda y Castril). Su situación es extremadamente crítica en la Comarca de los Montes, la Vega de Granada y Campo de Zafarraya, y en Sª Nevada permanece de manera residual en valles inconexos de la orla caliza del macizo (ríos Dílar y Monachil), así como en una población totalmente aislada asociada a una charca entre los términos de Güéjar-Sierra y Quéntar. (MMA)y Almería. 

 


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