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| Soluciones a la gestión
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Hacia el año2025,
existirán 2.500 millones de personas más que hoy en día
a los que habrá que abastecer y alimentar
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En América Latina, un solo tramo
de un río, sin hablar de su cuenca, puede ser fácilmente
intervenido, por más de 150 actores diferentes, entre los cuales
se deben nombrar municipios, ministerios, secretarias regionales, superintendencias,
empresas públicas y usuarios, sin que ellos se comuniquen entre
sí o coordinen sus acciones.
Por Cristian Frers / febrero 2007
El agua, una molécula simple de características
extraordinarias, es mucho más que un recurso renovable; es, ni más
ni menos, la base de la vida en el planeta Tierra. El agua no sólo
es indispensable para vivir: es la vida. Así pues, parece razonable
preocuparse por el estado actual y futuro del agua en el planeta. La palabra
clave, que refleja la situación actual del agua y sus perspectivas
futuras a nivel global, es la escasez.
Esta escasez es consecuencia de que el crecimiento
de la economía mundial se haya multiplicado por siete en los últimos
cincuenta años del siglo XX , condicionando de forma decisiva la
vida de muchas personas en el siglo XXI. La aparición simultánea
de un déficit de agua que aumenta con rapidez en tantos países
exige un enfoque totalmente nuevo de la política hidrológica,
un enfoque que no se centre en el incremento del suministro sino en la
gestión de la demanda. La gestión de la escasez del agua
va a afectar lo que se come, cómo se eliminan los residuos e incluso
el lugar que se habita.
La explosión demográfica de las
últimas décadas y las perspectivas de crecimiento de la población
a corto plazo han creado una presión sobre los recursos hídricos
sin precedentes en la historia de la humanidad. Tradicionalmente, se han
considerado los sectores urbano, industrial y agrícola como los
principales usuarios del agua. Sin embargo, en los últimos tiempos,
ha emergido con fuerza otro sector que demanda parte de los recursos; se
trata del sector ambiental, que ha dejado de ser residual para pasar a
tener una alta prioridad. Dicha prioridad está justificada, pues
la demanda ambiental no debe entenderse sólo con el objeto de preservar
el entorno ya que, incluso desde un punto de vista utilitario, el ambiente
juega un papel esencial en la renovación y depuración de
los recursos hídricos. Para cumplir este papel, el ambiente requiere
parte del recurso como cualquier otro sector. Baste señalar la magnitud
de los que son problemas prioritarios en la actualidad:
1) En el planeta, hay mas de 1.000 millones de
personas que no disponen de instalaciones para abastacerse de agua y 2.400
millones se ven privadas de acceso a sistemas de saneamiento.
2) El 70% del agua utilizada por la humanidad
se destina a la agricultura, sobre todo al regadío.
3) Cada día mueren en el mundo 6.000 personas,
en su mayoría niños menores de cinco años, a consecuencia
de enfermedades diarreicas causadas por los problemas del agua.
4) Desde 1900 ha desaparecido el 50% de los humedales
del mundo.
5) Entre 1990 y el 2001 la Tierra padeció
el azote de 2.200 desastres naturales relacionados con el agua.
Hacia el año2025, existirán 2.500
millones de personas más que hoy en día a los que habrá
que abastecer y alimentar. Si continúa la tendencia a una creciente
desigualdad entre países industrializados y países en desarrollo,
entre ricos y pobres, como sucede entre países y dentro de cada
país, se agravarán las tensiones en lo referente a la distribución
de los recursos hídricos.
América Latina muestra uno de los mayores
índices mundiales de consumo de agua por habitante, tanto por el
uso agrícola como el uso doméstico, como por el empleo de
los ríos para la generación de energía y en la explotación
de otros recursos naturales.
En América Latina, un solo tramo de un
río, sin hablar de su cuenca, puede ser fácilmente intervenido,
por más de 150 actores diferentes, entre los cuales se deben nombrar
municipios, ministerios, secretarias regionales, superintendencias, empresas
públicas y usuarios, sin que ellos se comuniquen entre sí
o coordinen sus acciones.
La creciente crisis mundial del agua amenaza
la seguridad, la estabilidad y la sustentabilidad del ambiente. Esto se
debe a que los problemas de este elemento esencial se relacionan con la
ineficiencia, especialmente por las decisiones en materia política
y tecnología. En los procesos de desarrollo de los sistemas de abastecimiento
de agua, se consideró durante muchos años que la tecnología
era la solución principal a los problemas, y por consiguiente era
necesario transferirla de manera masiva, de los países industrializados
hacia los países en desarrollo. Estas tecnologías implantadas,
sin tener en cuenta las condiciones locales, fracasaron y tuvieron consecuencias
funestas para la población y el ambiente. No funcionaron porque,
al parecer, olvidaron que el fin último de la tecnología
era que la gente la usara, que funcionara a través del tiempo y
que el uso dado por las comunidades, estaba determinado por su contexto
sociocultural, económico y ambiental.
En los últimos años se ha visto
reforzada la convicción de que la gestión de los recursos
hídricos ha de llevarse a cabo de forma integrada, de que la evaluación
de los recursos es fundamental para la toma de decisiones racionales y
que deben apoyarse sin reservas las capacidades nacionales para llevar
a cabo las evaluaciones necesarias. Las decisiones administrativas que
pretenden aliviar la pobreza, propiciar el desarrollo económico,
garantizar la seguridad alimentaria y la salud de la población,
así como preservar los ecosistemas vitales, deben basarse en una
mayor comprensión de todos los sistemas implicados. Frente a esta
situación, se ha venido trabajando en modelos de gestión
del agua y saneamiento básico, teniendo en cuenta la participación
de la comunidad. Este es el modelo que debe implementarse ya que se ha
comprobado que la participación de la comunidad en los proyectos
de desarrollo da buenos resultados, cuando la población afectada
se involucra en los proyectos y se le permite contribuir con sus conocimientos
a la configuración de estos, tornando el trabajo más eficaz
y productivo. Al mismo tiempo, se aumenta la capacidad de los individuos
para organizarse a fin de hallar soluciones a los problemas que los aquejan.
Generar capacidad de gestión en las comunidades implica asumir proyectos
relacionados con las problemática del agua, desde ópticas
más amplias.
Hay que recuperar el valor primitivo del agua,
su valor social y personal. El agua, como antaño, sigue siendo un
tesoro. Un tesoro dinámico que se acrecienta con una filosofía
del uso en la que participa toda la sociedad. Una filosofía del
uso que se fundamenta en dos pilares: el ahorro y la progresiva disminución
de la contaminación. En fin, una sociedad que se implica también
gestionando adecuadamente el recurso para repartirlo con parámetros
de solidaridad.
Es necesario un debate social que estimule una
nueva gestión de grupo basada en una información veraz, en
un diálogo continuado; que despoje al agua de unas presiones demasiado
mercantilistas que impidan comprender su relevancia social. Una gestión
que contemple una alternativa olvidada como es el multiuso, uso selectivo
del agua, antes que su utilización indiscriminada. Una gestión
que sepa que reducir el desperdicio del presente es una de las más
valiosas opciones de futuro.
Sin lugar a dudas, la crisis por la que atraviesa
el Planeta nos compromete a desarrollar políticas sustentables,
donde el ingenio siempre abusa de la capacidad para orquestar la estrategia
que nos permita adelantarnos a las consecuencias nefastas, o simplemente
a sobrellevar el arqueo de la problemática ambiental.
Cristian Frers - Técnico Superior
en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación
Social
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y Ambiente en Waste
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