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TEMAS * ACEQUIA DE AYNADAMAR ---© Textos-fotos-videos: Merche S. Calle / J. E. Gómez--
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Aynadamar, las ‘lágrimas’ del Milenio
El agua aún discurre desde la sierra de Alfacar al Albaicín (Granada) por el primer canal árabe de la historia de España
Recorrer la acequia del siglo XI se ha convertido en una forma de conocer los caminos del agua hacia la ciudad de la Alhambra
Por Juan Enrique Gómez y Merche S. Calle / IDEAL y Waste Magazine
¿De dónde viene el agua que llena los aljibes del Albaicín? Es una pregunta que  muchos se han hecho al contemplar este tipo de construcciones árabes en casas y calles del barrio situado frente a la colina de la Alhambra. La respuesta no se encuentra en las modernas conducciones de la empresa suministradora de aguas de la capital, sino en una infraestructura hidráulica construida entre los años 1013 y 1090 y que aún cumple con su cometido sin demasiadas alteraciones con respecto a su trazado original. Es la acequia de Aynadamar, un nombre que encierra un poético significado, acequia de las lágrimas. 





Puede considerarse la acequia del Milenio del Reino de Granada, ya que es parte fundamental de una de las rutas turísticas, culturales y etnográficas creadas en relación con la efemérides, pero también se ha convertido en un interesante recorrido para conocer el medio natural que rodea a una de las infraestructuras del agua que, con el paso de los siglos, se ha naturalizado de tal forma que es parte inherente al paisaje y a las esencias del Parque Natural de la Sierra de Huétor y a la sierra de Alfacar. Una ruta que se inicia en el paraje conocido como Fuente Grande y que debería terminar en los aljibes del Albaicìn, pero que es mejor realizarla solo hasta la localidad de Víznar porque más allá, aunque el cauce continúa, lo hace de forma subterránea hasta algunos puntos de El Fargue, donde se pierde de vista en subterráneos que llegan a la ciudad, y demás, el sendero se da de bruces con la gran barrera de la Autovía A-92.

En Fuente Grande, en la parte alta de Alfacar, siempre hay agua. No llega de ningún arroyo. Aflora de la tierra, es una surgencia de aguas subterráneas procedentes de los acuíferos de la sierra. Si se observa la lámina de agua, de una transparencia muy poco habitual, se ven unas pequeñas burbujas que cada pocos segundos, en diferentes puntos de la gran alberca que forma la fuente, suben desde el fondo a la superficie. Es la entrada de agua del subsuelo. Son las lágrimas a las que hace referencia el nombre de esta obra hidráulica que se inicia aquí y da paso a la acequia de Aynadamar. Estas aguas proceden del llamado Acuífero de las sierras de Padul y la Peza, que abarca una enorme extensión, desde el Parque de Huétor y Alfacar hacia Cogollos Vega, Güejar Sierra, río Bermejo y el valle de Lecrín.

Desde Fuente Grande, el recorrido para conocer la acequia y su entorno natural puede hacerse por la carretera que comunica Alfacar con Víznar, pero también por los senderos que discurren paralelos al cauce y por el pretil del cauce (reconstruido y restaurado hace unos años) que permite andar sobre él y ofrece unas impresionantes vistas de todo el valle donde se asienta la capital granadina, con el barranco de Víznar como elemento más cercano. El recorrido más coherente es, después de visitar la fuente, volver a la carretera y caminar hacia el Parque García Lorca, el lugar donde se suponía que estaban los restos de Lorca, y seguir un centenar de metros más hasta que, a la derecha, se ve el cauce de la acequia y el primer punto de acceso al pretil que se convertirá en sendero.
La vegetación ha crecido en la ribera de ‘las ‘Lagrimas’. Junto a los habituales juncales, arbustos de madreselvas, zarzamoras y mentas, que generan un hábitat de cierto frescor en un entorno que en pleno verano se puede convertir en tórrido, crecen algunas especies vegetales que requieren condiciones de humedad muy alta y de calidad ambiental, tanto en el sustrato como en cuanto a contaminación del aire. 

Son plantas más exquisitas, como el Torvisco, que en su nombre científico, Daphne oleoides, llevó durante los últimos años la coletilla de: variedad granatensis y se encuentra catalogada como en peligro en el Libro Rojo de la Flora Vascular de Andalucía; y el  Ruibarbo de los pobres, Thalictrum, una planta de gran altura y flores amarillas. En algunos puntos del recorrido,  la sorpresa vegetal viene dada por la presencia de una planta muy difícil de ver, la llamada Emborrachacabras, Coriaria myrtifolia, con pequeños frutos, tóxicos para el ganado y para el hombre, de color rojo surcados por una cruceta más obscura y que llega a ponerse de color negro.  La vegetación típica de ribera, con sauces y otras especies se mezcla con plantas habituales de los bordes de cultivos, y algunas de ellas especialmente utilizadas por los árabes, como higueras y almendros, y un pequeño helecho habitual de los cursos de aguas no contaminadas, que se encuentra también en puntos de la Acequia Real de la Alhambfa, el Culandrillo de pozo.

El recorrido por el pretil está constituido por tramos que tienen su origen y fin en pequeños puentes que aún se conservan como fueron construidos en el siglo XI. Son estructuras de piedra que forman un arco bajo el que discurre el agua y que pueden servir de puente de conexión entre la carretera y los caminos que discurren junto a la acequia y el otro lado de la ribera, pero que no fueron construidos como pasos, sino como estructuras que protegían el curso de agua de la caída de tierras, piedras y arrastres de lluvias, ya que se encuentran en puntos de aluvión. En realidad son los principales vestigios de la época nazarí en la que se construyó la acequia.

Ecosistema húmedo
Como ocurre con cualquier espacio por el discurre un curso de agua, la acequia de Aynadmar ha creado, con los siglos, todo un ecosistema que permanece a pesar de la enorme presión que siempre ha ejercido el hombre en todo su trazado. Mamíferos, aves, reptiles, y todo tipo de invertebrados, incluidos los moluscos de agua dulce, están presentes a lo largo de todo el recorrido de la Acequia de las Lágrimas. El curso de agua ha generado el crecimiento de vegetación acuática de la que se alimentan insectos y diferentes especies de moluscos de agua dulce, caracolillos que se cuenta por centenares y que viven entre las algas, como los Galba  truncatula (con forma de caracola marina pero de menos de un centímetro de longitud) y los de la especie, Melanopsis. Estos molusquitos son parte de la alimentación de otras especies que se acercan a las aguas de la acequia, reptiles y aves, tanto las culebras de agua (Natrix maura) como algún que otro lagarto ocelado.

Como es lógico en un hábitat con el agua como base, la proliferación de ranas (Rana perezi) es  una realidad creciente, lo que se constata al llegar la primavera y el verano por el croar continuo e insistente en las primeras y últimas horas del día. Las ranas, que se comen los insectos que encuentran, son el alimento de otras especies más grandes, sobre todo las culebras. 
Aynadamar es también el reino de las libélulas y los caballitos del diablo entre el final de la primavera y el inicio del otoño. Durante todo el recorrido es insistente la presencia de dos especies, una de color azul y el cuerpo muy aplanado en los machos y amarillo en las hembras, la Libellula depressa (Libélula achatada), y otra de pequeño tamaño muy estilizada y con el cuerpo y las alas de color negro con irradiaciones de un color dorado obscuro, la Calopteryx haemorrhoidalis, que utilizan los juncos y ramitas que caen sobre el agua como atalayas para cargar sus alas de radiación solar y poder continuar con sus vuelos.

El barranco de Lorca
El recorrido por la acequia, aguas abajo, se interrumpe junto al barranco de Víznar. Unos metros más arriba del cauce, junto a la carretera, se encuentra el pinar donde fusilaron al poeta Federico García Lorca y otras personas durante la Guerra Civil. Este enclave se ha convertido en un lugar de visita obligada para quienes hacen las rutas lorquianas y es donde, aún se realiza un homenaje al poeta. En el curso de la acequia, en este punto, el cauce llega a un acueducto histórico, completamente rodeado de vegetación. El agua pasa entre una gran masa de zarzales para alcanzar el otro lado del barranco y seguír su camino hacia Víznar. Cruzar el barranco sobre el acueducto es realmente peligroso y no debe hacerse. Hay que salir hacia la carretera y seguir por ella hasta volver a encontrarse con la acequia.

El recorrido puede terminar en el barranco. A partir de ahí, el agua discurre hacia zonas de antiguos molinos en el interior de la localidad de Víznar, donde el agua se convierte en protagonista de toda su vertiente noroeste.  La acequia de las Lágrimas deja de ser un ecosistema natural y arqueológico para convertirse en una infraestructura hidráulica más, aunque con un millar de años de historia.

El último rey nazarí



La acequia de Aynadamar fue construida por el último rey de la dinastía Zirí, Abd-Allah, que necesitaba un sistema de conducción de aguas para abastecer a la población de alfacar y a la ciudad de Granada, concretamente al Albaicín. La obra la encargó al visir, Abu Mu Amal, que fue quien protagonizó una infraestructura hidráulica que tenía como misión bastecer parte de una ciudad que, en aquel momento, tenía ya 38.000 habitantes.

De Alfacar a Granada



El recorrido original de la acequia era desde Fuente Grande a Víznar,  donde pasa por los molinos de las Pasaderas. Desde Víznar seguía hacia el Fargue y las albercas situadas en el campus universitario de Cartuja, para bajar hacia Almanjáyar y entrar en la ciudad por unos cármenes situados sobre el Arco de Elvira. En la actualidad, el recorrido es el mismo hasta el Fargue, donde se entuba y sigue hacia la ciudad. Al ser utilizada para riego, el agua que llega al Albaicín es cada vez menor, y en ocasiones, inexistente.

Insectos
Aricia cramera
Calopteryx haemorrhoidalis
Coenonympha dorus
Cordulegaster boltonii (Libélula tigre)
Hipparchia alcyone
Leptotes pirithous
Libellula depressa (Libélula achatada)
Melanargia lachesis * Medioluto ibérica
Mylabris quadripunctata
Pyronia cecilia
Sayrium esculi * Querquera


Fauna
Oxyloma elegans
Psammodromus algirus
Rana perezi


Oxyloma elegans



Flora
Adiantum capillus-veneris (Culandrillo de pozo)
Ailanthus altissima (Ailanto)
Andryala integrifolia
Asparagus acutifolius
Apium nodiflorum
Atractylis cancellata
Ballota hirsuta
Bituminaria bituminosa
Calystegia sepium (correhuela mayor, soga de agua)
Centaurea calcitrapa
Centaurea pullata
Chara vulgaris
Cirsium vulgare
Coriaria myrtifolia (Emborrachacabras)
Crataegus monogyna (Majuelo, espino albar)
Daphne gnidium (Torvisco)
Dorycnium rectum (Unciana)
Eryngium campestre (cardo corredor)
Foeniculum vulgare (Hinojo)
Hypericum perforatum (Corazoncillo)
Juglans regia (Nogal)
Lactuca tenerrima
Lagurus ovatus
Lonicera splendida (Madreselva)
Lythrum salicaria (Salicaria)
Mantisalca salmantica
Mentha suaveolens
Mercurialis tomentosa (Marrubiejo)
Osyris alba
Plantago major (Llantén mayor)
Polygonum lapathifolium (pata de perdiz)
Putoria calabrica (Hedionda)
Quercus rotundifolia
Retama sphaerocarpa (Retama)
Rorippa nasturtium-aquaticum (Berro)
Rubia peregrina (Rubia silvestre)
Rubus ulmifolius (Zarzamora)
Solanum dulcamara (Dulcamara, uvas del diablo)
Samolus valerandi (Pamplina de agua)
Scirpoides holoschoenus (Junco churrero)
Sonchus aquatilis
Spartium junceum (Retama de olor)
Thalictrum speciosissimum (Ruibarbo de los pobres)
Trachelium caeruleum (Flor de la viuda)
Torilis arvensis
Verbena officinalis
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Reportaje publicado en IDEAL el 28 de agosto de 2012
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